Tratamiento de efluentes en minería: desarrollo local desde Iglesia hacia Vicuña

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Garantizar agua segura y gestionar el tratamiento de efluentes en minería es vital en todo campamento. Desde Iglesia, PARMAR expone sus procesos técnicos y apuesta al desarrollo regional con un 80% de personal local, redefiniendo el estándar del proveedor en San Juan.

Técnico con traje de protección y arnés de seguridad inspeccionando infraestructura en planta de tratamiento de agua para minería.
Técnico con traje de protección y arnés de seguridad inspeccionando infraestructura en planta de tratamiento de agua para minería.

El rigor técnico detrás del agua en los campamentos

El tratamiento de efluentes y el acondicionamiento del agua no son servicios periféricos, sino el núcleo del funcionamiento responsable de cualquier campamento minero. La tarea diaria consiste en operar y mantener sistemas que permitan que los residuos líquidos generados se traten adecuadamente, garantizando que su disposición final cumpla con la estricta legislación ambiental vigente.

En las plantas de efluentes, la estrategia técnica principal radica en los sistemas de tratamiento biológico. Este proceso favorece el desarrollo de microorganismos específicos encargados de degradar la materia orgánica. Para asegurar la eficiencia de esta fase, los técnicos ejecutan un control permanente de caudales y aireación, sumado a un exhaustivo seguimiento de parámetros fisicoquímicos. Esto incluye la medición de pH, temperatura, nitratos y nitrógeno amoniacal, además de la limpieza y verificación de equipos. Finalmente, el circuito cierra con una etapa de desinfección previa a la infiltración.

Cristian Paredes, gerente y socio de Parmar

» La gestión de agua potable exige adecuar el recurso para el consumo seguro del campamento. Esto implica operar sistemas de filtrado, sedimentación y plantas de ósmosis inversa para reducir las cargas químicas y orgánicas del agua. El paso a paso arranca con la inspección diaria de las instalaciones, sigue con el monitoreo de variables críticas, el ajuste de operación según comportamiento de caudales, el mantenimiento preventivo y correctivo, y el registro permanente de datos para garantizar trazabilidad».

Cristian Paredes, gerente y socio de Parmar

De Iglesia a Vicuña: la profesionalización del servicio

Nacida en el departamento de Iglesia, PARMAR fue concebida como un puente entre la actividad extractiva y la transformación social a través del empleo genuino. Sin embargo, la verdadera prueba de fuego para la compañía llegó con su inserción en proyectos de clase mundial.

El punto de inflexión operativo se dio con la participación en el tratamiento de efluentes en Veladero y, posteriormente, en los campamentos del Proyecto Vicuña. Este salto de escala fue impulsado por un esquema de trabajo conjunto con RARIZA Consultores. «Ese asociativismo nos permitió fortalecer estructura, sumar soporte técnico, profesionalizar procesos y dar un salto de escala en la operación«, explican sobre el contrato de colaboración que redefinió su trayectoria.

Impacto auditable: 80% de mano de obra comunitaria

Más allá de la ingeniería aplicada, el verdadero peso de una empresa proveedora se mide en su impacto socioeconómico directo. En este sentido, la compañía exhibe una métrica contundente: el 80% de su nómina actual está conformada por personal de la comunidad.

Operario de PARMAR realizando tareas de mantenimiento en planta modular de tratamiento de efluentes mineros en San Juan.
El monitoreo in situ y la verificación de las instalaciones son el primer paso operativo para garantizar la continuidad del servicio ambiental en los campamentos de alta montaña.

Competitividad y la Ley de Proveedores Mineros

La discusión sobre la futura Ley de Proveedores Mineros cruza de manera transversal a toda la cadena de valor en San Juan. Desde el sector de servicios ambientales, la mirada es pragmática: toda herramienta que ordene oportunidades y promueva el desarrollo territorial es vista con buenos ojos.

Se considera vital que las operadoras sigan profundizando el trabajo con empresas de la comunidad para asegurar un impacto directo en la economía regional. No obstante, el proteccionismo ciego no es el objetivo. «Pensamos que ese impulso debe convivir con la competencia, porque la competencia bien entendida también mejora la calidad, eleva estándares y obliga a las empresas locales a profesionalizarse, crecer y volverse más sólidas».

El ecosistema de proveedores mineros en San Juan está atravesando una necesaria maduración. La trayectoria de firmas iglesianas especializadas demuestra que el objetivo ya no se limita a reclamar una cuota de participación por mera cercanía geográfica, sino a competir con rigor técnico, certificaciones y eficiencia auditable. El tratamiento de efluentes y la gestión del recurso hídrico son procesos críticos donde no hay margen para la improvisación; que el conocimiento y la infraestructura para operarlos se estén forjando en el seno de las mismas comunidades anfitrionas es la verdadera garantía de la licencia social a largo plazo.

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