El deterioro de la infraestructura encarece severamente las exportaciones de litio y cobre. Sebastián Asteriti, especialista en operaciones ferroviarias, explica por qué la inversión en vías férreas es urgente para la logística minera y competir a nivel global.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Argentina desaprovecha su enorme potencial extractivo por deficiencias logísticas críticas. Con menos del 50% de los 40.000 kilómetros de red ferroviaria históricos operativos, los sobrecostos restan competitividad directa frente a Chile y Perú. Rehabilitar los corredores del NOA y Cuyo es imperativo para viabilizar operaciones sostenibles.
Deterioro ferroviario: El ancla financiera de las exportaciones mineras
El país exhibe una paradoja dolorosa: un territorio extenso y rico en recursos, anclado por una red de transporte del siglo pasado. Históricamente, Argentina supo contar con más de 40.000 kilómetros de vías férreas. Hoy, la realidad marca que menos de la mitad de esa traza está operativa, y apenas una fracción mínima funciona bajo estándares óptimos de carga.

Esta degradación estructural le pega de lleno a la logística minera, un sector que no negocia volúmenes: exige mover miles de toneladas de roca y mineral procesado a través de distancias continentales. Operar en estas condiciones dejó de ser un simple desafío técnico para transformarse en un ancla financiera.
Por qué la red actual no soporta la gran minería
El obstáculo principal es que el asfalto roto o la vía hundida condicionan cada decisión operativa en las minas antes de mover un solo gramo de material. «Una vía en mal estado no es solo un problema técnico, es una restricción de velocidad, un tiempo de viaje extendido, un costo que nadie presupuestó», define categóricamente Sebastián Asteriti, experto en operaciones logísticas en tiempo real.
En la alta montaña y los salares, este problema muta y se agiganta. A la degradación del tendido se le suma una red completamente fragmentada. Faltan rutas pavimentadas que conecten eficientemente los campamentos con las vías, escasean los nodos intermodales y, fundamentalmente, la infraestructura sobreviviente no soporta el tonelaje ni el ritmo de la minería moderna.
Competitividad regional: El alto costo de cruzar el país para exportar mineral
La matriz es simple: la infraestructura define el costo logístico, y la planilla de fletes decide si un proyecto es viable en los mercados internacionales. Cuando la cadena colapsa, la pérdida no siempre se ve en un descarrilamiento; se esconde en el desgaste prematuro de camiones, en las demoras de las navieras y en la sobrecontratación de personal para tapar baches operativos.

Para los grandes desarrollos de cobre o litio, abonar cada dólar adicional por tonelada exportada representa una desventaja letal. Competidores directos de la región, como Chile y Perú, sacan una ventaja abismal porque operan con infraestructura portuaria de aguas profundas y corredores viales asfaltados a muy pocos kilómetros de sus áreas de extracción. En Argentina, hay que cruzar medio país para embarcar.
Logística ferroviaria minería Argentina: El motor estratégico para el NOA y Cuyo
Frente a la saturación de las rutas tradicionales, el tren no es una opción romántica, es una salida obligada. A pesar del estado crítico de la red, el ferrocarril sostiene ventajas estructurales imbatibles cuando se habla de la macrologística.
Mover volúmenes masivos en convoyes reduce drásticamente el costo final por tonelada, alivia la saturación del parque automotor en las rutas y garantiza una menor huella de carbono frente al transporte en camión.

Ventajas operativas de la logística ferroviaria
Para minerales a granel, donde la constancia del suministro a puerto es innegociable, el tren sortea los cortes de ruta, no depende del humor del tránsito y resiste mucho mejor las contingencias climáticas extremas que paralizan los pasos fronterizos.
«Para minerales a granel como litio o cobre, donde el volumen es enorme y la regularidad del flujo es clave, el ferroviario es estratégicamente superior«, subraya Asteriti. El problema nunca fue la locomotora, sino la decisión política y empresarial de no invertir en los rieles. Con el capital adecuado, el tren de cargas debe posicionarse como la columna vertebral insustituible para evacuar la producción del NOA y Cuyo.
Nodos intermodales y tecnología: Prioridades para una red de carga moderna
Para dar vuelta el tablero y dejar de operar con parches, la inyección de capital en infraestructura tiene que focalizarse sin desvíos en tres áreas críticas:
- Rehabilitación de corredores ferroviarios: Es el punto cero. Reconectar las grandes zonas mineras andinas directamente con los nodos de exportación del Pacífico y del Atlántico.
- Desarrollo de nodos intermodales: Construir auténticos hubs o centros de transferencia mecanizada, donde la carga fluya de forma ágil entre el camión minero, la tolva del tren y las bodegas del buque.
- Tecnología de control operativo: Implementar software predictivo y sistemas de telemetría para coordinar el tráfico en tiempo real. Manejar cargas multimillonarias a ciegas ya no es una opción.
Previsibilidad operativa a largo plazo
La logística de gran escala no explota de un día para el otro; se desangra de a poco. Un eslabón que cede genera tiempos muertos, los tiempos muertos acumulan penalidades y las penalidades se comen la rentabilidad. En proyectos mineros proyectados a 30 o 40 años, estas fallas diarias no son «gajes del oficio», son la erosión crónica del negocio.
Pensar que la industria minera va a salvarnos sin antes pavimentar el camino de salida es un error de cálculo grave. La estabilidad operativa es un requisito excluyente, no un valor agregado. Garantizar esa continuidad demanda infraestructura pesada, procesos de transferencia coordinados al milímetro y profesionales capaces de gestionar la presión. El mineral de clase mundial está bajo tierra; pero sin rieles fuertes, va a seguir siendo solamente una promesa.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.