El referente en vuelo de altura sostiene que la industria no puede depender más del Estado. Con máquinas de U$D 4 millones, el sector privado debe liderar la seguridad y logística en las cumbres más exigentes de los Andes y poner el foco en la necesidad del vuelo de montaña para minería.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Walter Gallardo, piloto experto, señala que la creciente demanda exige servicios privados especializados. Operar sobre los 3.000 metros requiere tecnología de punta y contratos de hasta U$D 150.000 mensuales para garantizar seguridad y rescates eficientes en cordillera.
El fin de la logística «por el sándwich y la coca»: el costo real de operar en altura
Durante décadas, la actividad minera en la provincia contó con un aliado silencioso pero omnipresente: el helicóptero de la Provincia de San Juan. Sin embargo, para Walter Gallardo, reconocido piloto, este modelo de asistencia gratuita en emergencias y traslados ha llegado a su límite natural. La envergadura de los proyectos que se vienen, como Josemaría o Los Azules, hará que el flujo de personas en la cordillera sea «insostenible» para la estructura estatal.
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«El desafío mayor es que entiendan las empresas mineras de que ya no podemos ir los pilotos a la cordillera por el sándwich y la coca como fue hasta ahora», dispara Gallardo con la franqueza de quien conoce cada quebrada desde 1984. El piloto sanjuanino, formado inicialmente en Buenos Aires y perfeccionado en la prestigiosa escuela de Penticton, Columbia Británica (Canadá), explica que el costo de mantener una aeronave lista para cualquier contingencia es una inversión que las mineras deben empezar a internalizar en sus presupuestos operativos.
Sostener un servicio profesional implica tener un mecánico permanente, un médico, un paramédico y, por supuesto, el piloto siempre alerta. Según los cálculos del empresario, un contrato que satisfaga las necesidades reales de una minera oscila entre los UD 100.000 y UD 150.000 mensuales, dependiendo de la duración y el tipo de servicio. «Si las empresas mineras no están dispuestas a pagar un canon mensual por el servicio, es muy difícil tener acá una máquina de esas», sentencia, refiriéndose a helicópteros cuyo valor de mercado se sitúa entre los UD 3millones y UD 4 millones.

Seguridad operativa: el desafío del relevo generacional
La geografía de San Juan no perdona errores. Gallardo recuerda que su especialización fue una respuesta obligada al terreno: «Llegué acá en el año 1984 y no me quedó otra posibilidad más que especializarme en el vuelo de montaña por la geografía nuestra». En 2007, su formación dio un salto cualitativo al entrenar con quien fue considerado el mejor instructor del mundo en Canadá. Allí aprendió que, mientras para los canadienses el tope operativo son los 10.000 pies (3.000 metros), en San Juan es recién donde «empiezan nuestros problemas».
Volar a esas altitudes requiere algo más que pericia; exige una simbiosis perfecta con la tecnología moderna. Antiguamente, los pilotos debían deducir las condiciones del viento «in situ», enfrentando riesgos innecesarios. Hoy, la cabina de un helicóptero moderno es un centro de datos. «Tenemos instrumentos que nos dicen la velocidad del viento, la dirección y todo lo demás que nos ayuda muchísimo a interpretar cómo ingresar a una quebrada«, explica el experto.
Esta información meteorológica permanente, sumada a sensores y cámaras distribuidas en la cordillera, permite trabajar siempre a barlovento (el lado desde donde sopla el viento), evitando el peligroso sotavento que ha sido causa de numerosos accidentes en el pasado. El espectro del servicio es «bastante amplio», abarcando desde el traslado de personal ejecutivo hasta la carga de repuestos de urgencia, fundamental para no detener la producción minera por un fallo mecánico.

Seguridad operativa: el desafío del relevo generacional
La seguridad no es negociable en la industria del «acero y la roca». Walter Gallardo la define como un «estandarte» que se construye con formación y, sobre todo, con la transmisión de experiencia de generación en generación. En San Juan, si bien existen pilotos capacitados tanto en la Dirección de Aeronáutica como en el ámbito privado, la falta de una academia local dedicada exclusivamente al vuelo de montaña sigue siendo una cuenta pendiente.
«Yo ya estoy prácticamente al final de mi carrera y hay otros que están empezando. Es una cuestión de acompañamiento hasta que adquieren la experiencia necesaria», reflexiona Gallardo. Aunque actualmente no existe una escuela formal en la provincia, la opción más cercana es Hangar Uno en Buenos Aires, pero con limitaciones de altura.
El piloto vislumbra que en uno o dos años podría haber novedades sobre una academia local para absorber la demanda de los jóvenes interesados en la «movida» minera.

Aeronaves para emergencias y cargas
El historial de Gallardo respalda sus palabras. Su empresa cuenta con un Bell UH1B, la misma máquina que se utilizó para el rescate del entonces gobernador José Luis Gioja tras su accidente en Valle Fértil. Este tipo de aeronaves, diseñadas para emergencias y carga, son el músculo necesario para una industria que no puede permitirse improvisaciones cuando el clima en la cordillera cambia en cuestión de minutos.
El crecimiento de la minería en San Juan está obligando a la aeronáutica local a despegar de su zona de confort. La transición de un modelo de asistencia estatal hacia un mercado de servicios privados de alta complejidad no es solo una cuestión de costos, sino de madurez industrial. La seguridad en los Andes ya no puede ser un acto de voluntarismo o un servicio de emergencia subsidiado; debe ser el engranaje más aceitado de una maquinaria económica que se encamina a transformar la región. La inversión en tecnología y la creación de una escuela de formación local serán los indicadores reales de que la provincia está lista para jugar en las grandes ligas de la minería global.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.