La reforma de la Ley de Glaciares corrige errores que la hacían letra muerta

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El reconocido glaciólogo Gabriel Cabrera desglosa el impacto de la Ley 27.804. Un análisis técnico y humano sobre la protección del agua, el federalismo y el futuro de la minería en la Cordillera.

Perfil técnico de transición entre ambiente glacial y periglacial en alta montaña. Contenido Original de ACERO Y ROCA - Prohibida su reproducción
La identificación precisa de las crioformas es la base de la nueva normativa. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

El rescate de una norma nacida del conflicto político

La antigua Ley de Glaciares 26.639 no era una herramienta de gestión, era un obstáculo insalvable por su falta de precisión técnica. Según Gabriel Cabrera, quien fue parte activa del IANIGLA entre 1980 y 2024, esa ley «arrastraba defectos que hacían imposible cumplir con el espíritu de protección original, tornándola de hecho en letra muerta».

El problema arrancó en 2010. En aquel entonces, el proyecto del diputado Bonasso decidió ignorar las precisiones científicas que el propio IANIGLA había ajustado un año antes para evitar el veto presidencial al proyecto de la diputada Maffei. «Aquellas nuevas definiciones diferenciaban el ambiente glacial del periglacial, protegiendo los glaciares en el primero y los glaciares de escombros en el segundo», explica Cabrera. Al borrar esa distinción, la ley se volvió una red demasiado amplia que atrapaba todo, pero no protegía nada de forma eficiente. La nueva Ley 27.804 viene, en parte, a subsanar ese diseño defectuoso al establecer objetos inventariables concretos.

El ambiente periglacial: hielo que no fluye no es agua

Uno de los puntos donde Cabrera pone más énfasis es en la pedagogía sobre qué estamos protegiendo realmente. En la zona periglacial existe el permafrost (suelo permanentemente congelado), pero no todo el permafrost es un recurso hídrico estratégico.

Gabriel Cabrera, Ingeniero Industrial - Glaciólogo (44 años en IANIGLA, CONICET, 1980-2024). Actual presidente de CGM SA (Consultoría & Gestión Integral de Montaña SA)

«El hielo perenne del ambiente periglacial, donde lo hubiera, no es el recurso hídrico directo; ya que, al pertenecer al permafrost, no se funde. Esto es fundamental para que la opinión pública y los tomadores de decisiones entiendan la física de la montaña».

¿Entonces, qué es lo que aporta agua a nuestros ríos? El ingeniero es categórico: «Sólo aquel hielo que posee un ciclo estacional anual o transanual de congelamiento y derretimiento es el que posee la función hídrica«. Este proceso vital ocurre específicamente en la capa activa de los glaciares de escombros. Por lo tanto, son estas geoformas periglaciares las que deben estar bajo la lupa protectora, y no todo el ambiente circundante que, por definición, no aporta flujo hídrico. «Del mismo modo que en el ambiente glacial se protegen sólo los glaciares, y no el resto; y nadie se ha quejado por ello», dispara con lógica científica.

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El error de la «L» y la «R»: algo más que un descuido ortográfico

Detalle técnico de la estructura de un glaciar de escombros en los Andes. Contenido Original de ACERO Y ROCA - Prohibida su reproducción
Los glaciares de escombros poseen una capa activa que es la verdadera reserva hídrica estacional. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

Pero el problema no es solo gramatical. Persiste una definición «caprichosa» del ambiente periglacial que se extendió arbitrariamente a la «media y baja montaña» en versiones anteriores de la ley, algo que el IANIGLA calificó oficialmente de arbitrariedad. Para Cabrera, este tipo de ambigüedades técnicas fueron las que permitieron «torpezas judiciales» desde 2017, basadas en una incomprensión de los términos perenne y dimensión.

IANIGLA: investigar no es lo mismo que monitorear

Para el actual presidente de CGM SA, no puede haber un divorcio entre la academia y la gestión política local. «Las provincias deben recuperar su rol federal constitucional al ejercer su propio aporte político y técnico«. El inventario se actualiza cada 5 años mediante imágenes satelitales, pero esa información es preliminar. «La presencia territorial permanente de la provincia y sus órganos competentes en materia ambiental son necesarios para realizar la validación del inventario, paso ineludible del Método Científico«. Sin el trabajo de campo de los profesionales locales, el inventario es solo una foto lejana.

Desafío industrial: de la fiscalización al «positive water»

Es innegable que la minería es el sector que siente el rigor de esta ley con más fuerza. Sin embargo, Cabrera señala que precisamente por eso, la minería es la actividad con mayores controles y monitoreo ambiental en la actualidad. «Desde esa posición, se espera que logre una postura de liderazgo en la protección ambiental». Pero el ingeniero invita a mirar el cuadro completo: mientras la industria minera se profesionaliza, el uso agropecuario, que es el mayoritario, sigue arrastrando ineficiencias de base «artesanal y cultural».

La propuesta de Cabrera para la minería del futuro es el concepto de positive water. Al estar los proyectos ubicados aguas arriba en las cuencas, tienen la oportunidad técnica de «desarrollar sistemas que redunden en un aporte aguas abajo mayor que el propio uso». Esto transformaría la percepción de la industria. Mientras que el consumo de agua en la minería tiende a estabilizarse y luego desaparecer cuando se agota el proyecto, el uso agropecuario no para de crecer con la demanda. Lograr ese equilibrio es lo que el experto denomina consolidar una ecología minera.

 Infraestructura de gestión hídrica en un proyecto minero de alta montaña. Contenido Original de ACERO Y ROCA - Prohibida su reproducción
El modelo de ‘positive water’ busca que la industria aporte más recurso del que consume. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

El fin de las posturas ideológicas en la ciencia

Finalmente, el Ingeniero Cabrera hace un llamado a la cordura institucional. El IANIGLA, creado en 1972 por un convenio que involucró a las provincias de Mendoza y San Juan, no debe ser visto como una entidad ajena o un «portador de verdades absolutas». Debe estar comprometido con la gestión política de las regiones, aportando conocimiento académico preciso para que la sociedad tome decisiones informadas.

«No deberían existir posturas ideológicas, sean propias o desde el CONICET, que interfieran o condicionen la participación del IANIGLA«. La coordinación entre el instituto, las universidades y las autoridades provinciales es el único camino para que la Ley de Glaciares deje de ser una herramienta de conflicto y se convierta en lo que siempre debió ser: un manual de convivencia entre el hombre, su desarrollo y la majestuosa, pero frágil, geografía andina.

La trayectoria de 44 años de Gabriel Cabrera no es solo un currículum; es el testimonio de la evolución de la glaciología en Argentina. Su análisis deja una conclusión clara: proteger el agua no se logra con leyes redactadas desde la militancia o el desconocimiento técnico, sino con una presencia soberana en el territorio. La reforma de la Ley de Glaciares es un paso hacia la racionalidad, pero el verdadero éxito se medirá cuando el federalismo hídrico sea una realidad y cuando cada actor de la Cordillera, desde el minero hasta el regante, asuma que la ciencia es el único árbitro imparcial en la disputa por el recurso más preciado de la humanidad.

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