El reconocido glaciólogo Gabriel Cabrera desglosa el impacto de la Ley 27.804. Un análisis técnico y humano sobre la protección del agua, el federalismo y el futuro de la minería en la Cordillera.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
El Ingeniero Gabriel Cabrera, con 44 años de experiencia, explica cómo la reciente reforma legal permite proteger efectivamente el recurso hídrico al precisar qué son las geoformas periglaciares. Insta a las provincias a validar el inventario del IANIGLA y a la industria a adoptar sistemas de positive water.
El rescate de una norma nacida del conflicto político
La antigua Ley de Glaciares 26.639 no era una herramienta de gestión, era un obstáculo insalvable por su falta de precisión técnica. Según Gabriel Cabrera, quien fue parte activa del IANIGLA entre 1980 y 2024, esa ley «arrastraba defectos que hacían imposible cumplir con el espíritu de protección original, tornándola de hecho en letra muerta».
El problema arrancó en 2010. En aquel entonces, el proyecto del diputado Bonasso decidió ignorar las precisiones científicas que el propio IANIGLA había ajustado un año antes para evitar el veto presidencial al proyecto de la diputada Maffei. «Aquellas nuevas definiciones diferenciaban el ambiente glacial del periglacial, protegiendo los glaciares en el primero y los glaciares de escombros en el segundo», explica Cabrera. Al borrar esa distinción, la ley se volvió una red demasiado amplia que atrapaba todo, pero no protegía nada de forma eficiente. La nueva Ley 27.804 viene, en parte, a subsanar ese diseño defectuoso al establecer objetos inventariables concretos.
El ambiente periglacial: hielo que no fluye no es agua
Uno de los puntos donde Cabrera pone más énfasis es en la pedagogía sobre qué estamos protegiendo realmente. En la zona periglacial existe el permafrost (suelo permanentemente congelado), pero no todo el permafrost es un recurso hídrico estratégico.

«El hielo perenne del ambiente periglacial, donde lo hubiera, no es el recurso hídrico directo; ya que, al pertenecer al permafrost, no se funde. Esto es fundamental para que la opinión pública y los tomadores de decisiones entiendan la física de la montaña».
¿Entonces, qué es lo que aporta agua a nuestros ríos? El ingeniero es categórico: «Sólo aquel hielo que posee un ciclo estacional anual o transanual de congelamiento y derretimiento es el que posee la función hídrica«. Este proceso vital ocurre específicamente en la capa activa de los glaciares de escombros. Por lo tanto, son estas geoformas periglaciares las que deben estar bajo la lupa protectora, y no todo el ambiente circundante que, por definición, no aporta flujo hídrico. «Del mismo modo que en el ambiente glacial se protegen sólo los glaciares, y no el resto; y nadie se ha quejado por ello», dispara con lógica científica.
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El error de la «L» y la «R»: algo más que un descuido ortográfico
En el mundo de la normativa técnica, una letra puede cambiar la interpretación de un juez. Gabriel Cabrera advierte sobre una «desafortunada» decisión de no modificar ciertos artículos para «no apartarse del ánimo aclaratorio», lo que resultó en una ley que aclara cosas que se mantienen erróneas. Un ejemplo casi insólito es el error ortográfico introducido en la reforma actual: se escribió «periglaciaLes» con L para referirse a las geoformas.

«Es válido para adjetivar el ambiente, pero no las geoformas, que son periglaciaRes (con R). Del mismo modo que en el ambiente glaciaL hay glaciaRes y no ‘glaciales'».
Pero el problema no es solo gramatical. Persiste una definición «caprichosa» del ambiente periglacial que se extendió arbitrariamente a la «media y baja montaña» en versiones anteriores de la ley, algo que el IANIGLA calificó oficialmente de arbitrariedad. Para Cabrera, este tipo de ambigüedades técnicas fueron las que permitieron «torpezas judiciales» desde 2017, basadas en una incomprensión de los términos perenne y dimensión.
IANIGLA: investigar no es lo mismo que monitorear
Hay un concepto instalado de que el IANIGLA debe ser el guardián policial de cada metro de hielo en la Argentina. Cabrera, desde su autoridad como ex miembro del instituto, desmitifica esto: «La misión fundamental del IANIGLA no es monitorear, sino investigar». El Inventario Nacional de Glaciares es una herramienta de gestión soberbia, pero la responsabilidad de validarlo en el territorio recae sobre las provincias.
Para el actual presidente de CGM SA, no puede haber un divorcio entre la academia y la gestión política local. «Las provincias deben recuperar su rol federal constitucional al ejercer su propio aporte político y técnico«. El inventario se actualiza cada 5 años mediante imágenes satelitales, pero esa información es preliminar. «La presencia territorial permanente de la provincia y sus órganos competentes en materia ambiental son necesarios para realizar la validación del inventario, paso ineludible del Método Científico«. Sin el trabajo de campo de los profesionales locales, el inventario es solo una foto lejana.
Desafío industrial: de la fiscalización al «positive water»
Es innegable que la minería es el sector que siente el rigor de esta ley con más fuerza. Sin embargo, Cabrera señala que precisamente por eso, la minería es la actividad con mayores controles y monitoreo ambiental en la actualidad. «Desde esa posición, se espera que logre una postura de liderazgo en la protección ambiental». Pero el ingeniero invita a mirar el cuadro completo: mientras la industria minera se profesionaliza, el uso agropecuario, que es el mayoritario, sigue arrastrando ineficiencias de base «artesanal y cultural».
La propuesta de Cabrera para la minería del futuro es el concepto de positive water. Al estar los proyectos ubicados aguas arriba en las cuencas, tienen la oportunidad técnica de «desarrollar sistemas que redunden en un aporte aguas abajo mayor que el propio uso». Esto transformaría la percepción de la industria. Mientras que el consumo de agua en la minería tiende a estabilizarse y luego desaparecer cuando se agota el proyecto, el uso agropecuario no para de crecer con la demanda. Lograr ese equilibrio es lo que el experto denomina consolidar una ecología minera.

El fin de las posturas ideológicas en la ciencia
Finalmente, el Ingeniero Cabrera hace un llamado a la cordura institucional. El IANIGLA, creado en 1972 por un convenio que involucró a las provincias de Mendoza y San Juan, no debe ser visto como una entidad ajena o un «portador de verdades absolutas». Debe estar comprometido con la gestión política de las regiones, aportando conocimiento académico preciso para que la sociedad tome decisiones informadas.
«No deberían existir posturas ideológicas, sean propias o desde el CONICET, que interfieran o condicionen la participación del IANIGLA«. La coordinación entre el instituto, las universidades y las autoridades provinciales es el único camino para que la Ley de Glaciares deje de ser una herramienta de conflicto y se convierta en lo que siempre debió ser: un manual de convivencia entre el hombre, su desarrollo y la majestuosa, pero frágil, geografía andina.

La trayectoria de 44 años de Gabriel Cabrera no es solo un currículum; es el testimonio de la evolución de la glaciología en Argentina. Su análisis deja una conclusión clara: proteger el agua no se logra con leyes redactadas desde la militancia o el desconocimiento técnico, sino con una presencia soberana en el territorio. La reforma de la Ley de Glaciares es un paso hacia la racionalidad, pero el verdadero éxito se medirá cuando el federalismo hídrico sea una realidad y cuando cada actor de la Cordillera, desde el minero hasta el regante, asuma que la ciencia es el único árbitro imparcial en la disputa por el recurso más preciado de la humanidad.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.