La expansión del litio argentino enfrenta un desafío central. Demostrar que el crecimiento productivo puede avanzar con información hidrogeológica suficiente, controles continuos, protección de los ecosistemas y acuerdos sostenibles con los territorios. Un análisis técnico expuso las variables que definirán la viabilidad de los nuevos proyectos.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La expansión del litio en Argentina enfrenta un desafío central: demostrar que el crecimiento productivo puede avanzar sin comprometer los sistemas hídricos ni los ecosistemas altoandinos. Un análisis técnico destacó la importancia de la hidrogeología, el balance hídrico, el monitoreo continuo, la selección tecnológica y la participación territorial. La viabilidad de los nuevos proyectos dependerá de la calidad de la información, la capacidad de control y la gestión de riesgos.
La viabilidad de los proyectos de litio en Argentina

El crecimiento de la industria del litio en Argentina abrió una discusión que excede la capacidad productiva y el potencial exportador del país. La viabilidad de cada proyecto depende de una combinación de variables geológicas, hidrogeológicas, tecnológicas, económicas, energéticas, ambientales, regulatorias y sociales.
Durante el webinar “Litio en Argentina, procesos, agua y territorio. Una mirada técnica desde adentro”, organizado el jueves 23 de julio por Hub Ambiental junto a IMB (International Management & Business Institute), el ingeniero industrial y MBA Pablo Javier Gauto analizó los principales factores que condicionan el desarrollo de la industria.
Con más de diez años de experiencia en proyectos de litio, el especialista explicó que no existe una tecnología universalmente superior ni una fórmula aplicable a todos los salares. La química del yacimiento, la hidrogeología, la disponibilidad de recursos, la infraestructura, las condiciones ambientales, el mercado y el contexto territorial determinan qué alternativa puede ser técnica y económicamente viable.
“Cada salar es único en su química”, señaló Gauto. La concentración de litio y la presencia de otros elementos son apenas algunas de las variables que deben considerarse. El volumen del recurso, las reservas, el comportamiento del acuífero y las condiciones del territorio también forman parte de la evaluación.
Evaporación y extracción directa de litio, dos tecnologías con diferentes exigencias

La producción mediante evaporación continúa siendo uno de los métodos más extendidos en Argentina. El proceso comienza con el bombeo de salmuera hacia piletas donde la radiación solar y las condiciones climáticas de la Puna permiten concentrar progresivamente el litio y precipitar otras sales.
El proceso puede extenderse durante meses antes de que la salmuera concentrada ingrese a la planta química. Allí se remueven impurezas y se incorpora carbonato de sodio para obtener carbonato de litio. Según Gauto, la recuperación de esta tecnología se ubica actualmente entre el 50 y el 70 por ciento, con mejoras respecto de las primeras etapas de desarrollo del método.
La extracción directa de litio, conocida como DLE por sus siglas en inglés, busca reducir los tiempos de procesamiento mediante el tratamiento de la salmuera directamente en planta. Dentro de esta categoría existen diferentes alternativas, entre ellas la absorción, la extracción por solventes y el intercambio iónico.
La diferencia entre ambas tecnologías no se limita al tiempo de producción ni a la superficie ocupada. También involucra el consumo de agua, energía, reactivos y la gestión de los efluentes. En el caso de la absorción, Gauto advirtió que el consumo de agua puede ser actualmente superior al de la evaporación. Por esa razón, la comparación entre tecnologías no puede reducirse a una sola variable.
La selección tecnológica debe considerar la química del salar, la hidrogeología, la línea de base ambiental, las comunidades, la infraestructura, el contexto socioeconómico, el mercado y los resultados de los ensayos tecnológicos.
Con esa información se construyen modelos económicos de largo plazo para comparar escenarios de inversión, producción y retorno. La rentabilidad, por lo tanto, no puede analizarse de forma aislada de las condiciones ambientales y sociales que determinan la continuidad del proyecto.

El balance hídrico como condición de viabilidad
Uno de los principales puntos de la exposición fue la relación entre la salmuera y el agua dulce. Aunque no constituyen el mismo recurso, ambos pueden formar parte de sistemas hidrogeológicos conectados. La evaluación de un proyecto debe determinar cuánto ingresa al sistema, cuál es su tasa de recarga y cuánto se extrae o utiliza durante la operación. Para responder esas preguntas se requieren estudios hidrogeológicos, datos de campo, modelos y monitoreo continuo.
Uno de los riesgos que deben evaluarse es el desplazamiento de la interfaz entre el agua dulce y la salmuera. Una alteración del equilibrio hidrogeológico puede afectar vegas, bofedales, lagunas o pozos cercanos. Gauto planteó que cualquier proyecto debe responder, antes de avanzar, cuánto consume de agua dulce por tonelada de carbonato de litio equivalente, de qué acuífero se extrae, cuál es su tasa de recarga y qué metodología se utilizó para determinar esos datos.
El destino de la salmuera agotada y de los efluentes también forma parte del análisis. La reinyección, la evaporación, la disposición y el monitoreo deben definirse de acuerdo con la tecnología empleada y las características específicas de cada salar.
La evaluación no termina con la aprobación de un estudio de impacto ambiental. Los modelos deben contrastarse con los datos obtenidos durante la operación y actualizarse cuando las mediciones indiquen que es necesario.
Ecosistemas altoandinos y monitoreo ambiental en los salares

Los salares se encuentran en ambientes de altura con condiciones climáticas extremas. Vegas, bofedales, lagunas, humedales, aguas subterráneas y especies como los flamencos altoandinos forman parte de sistemas cuya recuperación puede ser lenta después de una alteración significativa.
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En este contexto, la línea de base ambiental adquiere una función determinante. El relevamiento debe reunir información suficiente sobre el funcionamiento del ecosistema antes del inicio del proyecto y contemplar sus variaciones estacionales.
Una medición aislada no permite comprender la dinámica de estos ambientes. El monitoreo debe sostenerse durante la operación y los datos obtenidos deben utilizarse para contrastar las previsiones iniciales. La evaluación de impacto ambiental debe funcionar, por lo tanto, como un proceso actualizado. La aprobación inicial no puede cerrar el análisis de un sistema que continúa modificándose durante la construcción y la producción.
Sin datos suficientes sobre la dinámica del agua, los ecosistemas y las actividades existentes en el territorio, las decisiones de gestión se apoyan en modelos incompletos.
Litio, comunidades y territorio, las condiciones para la continuidad de los proyectos
La dimensión técnica no puede separarse de la relación histórica que las comunidades mantienen con los territorios donde se desarrollan los proyectos. El pastoreo, la obtención de sal, las prácticas culturales y la identidad territorial forman parte de una relación con el agua y la tierra que excede su consideración como recursos productivos. La incertidumbre sobre el agua, las experiencias previas y las promesas incumplidas pueden generar desconfianza. En ese escenario, la comunicación constituye una herramienta de gestión, pero no reemplaza la información técnica ni la participación efectiva.
El valor compartido aparece como una de las vías para vincular el desarrollo industrial con las comunidades. La formación de proveedores locales, el fortalecimiento de la educación y el apoyo a iniciativas vinculadas con la salud pueden generar beneficios que permanezcan en el territorio. «Valor compartido significa compartir el valor con las comunidades”, explicó.
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La licencia social no se construye únicamente con la aceptación inicial de un proyecto. Requiere acceso a información, mecanismos de participación, monitoreo y beneficios visibles para los territorios involucrados.
La expansión del litio exige más control e información hidrogeológica

Argentina produjo alrededor de 116.000 toneladas de carbonato de litio durante 2025 y se ubicó entre los principales productores mundiales. Para 2026 se proyectan exportaciones por 2.400 millones de dólares. El crecimiento previsto aumenta las exigencias sobre la evaluación de proyectos, el control ambiental y la generación de información hidrogeológica. La presión sobre cuencas hídricas frágiles y poco estudiadas, la transformación territorial y las tensiones sociales forman parte de los desafíos asociados a la expansión de la industria.
Gauto estimó que se proyectan entre 15 y 20 nuevas productoras y expansiones. La velocidad de desarrollo puede convertirse en un riesgo si las capacidades de evaluación, monitoreo y control no avanzan al mismo ritmo.
El desafío también involucra a los organismos públicos, que deben evaluar información compleja, controlar el cumplimiento de las condiciones ambientales y actualizar los modelos a partir de los datos obtenidos durante la operación. En ese escenario, la extracción directa de litio aparece como una alternativa tecnológica con potencial, aunque su desempeño debe continuar demostrando resultados a escala industrial y en diferentes condiciones hidrogeológicas.
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El futuro del litio en Argentina depende de información y control
Argentina tiene una oportunidad relevante en el mercado mundial del litio. Sin embargo, el crecimiento de la producción deberá sostenerse sobre decisiones capaces de integrar geología, tecnología, agua, energía, economía, ambiente y territorio.
El balance hídrico constituye una condición central porque permite conocer cómo funciona el sistema y cuáles pueden ser los efectos de una extracción sostenida. La viabilidad de un proyecto también depende de la calidad de la información disponible, la tecnología seleccionada, la infraestructura, la capacidad de control y las condiciones sociales y económicas del territorio.
Para Gauto, el riesgo cero no existe. La condición para avanzar es que los riesgos sean conocidos, evaluados, mitigados y aceptados por quienes deben asumirlos.

Periodista especializada en minería, ambiente y agenda social. Forma parte de Acero y Roca -Magazine Minero, donde cubre la actualidad del sector con foco en sostenibilidad, seguridad, innovación y gestión de recursos humanos. Su trabajo analiza la relación entre minería y desarrollo local, con atención en el impacto en las comunidades y la gestión de recursos naturales. También aborda el avance de la inclusión en la industria, siguiendo iniciativas vinculadas al rol de la mujer y espacios sindicales emergentes.