COPROCAMI mantiene detenida su estructura productiva, maquinaria y camiones. Sus integrantes atribuyen la crisis al costo del carbón, la caída de ventas y la competencia de empresas de mayor escala. Ahora apuestan a una planta propia para tratar piedra caliza y buscar nuevos usos.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
COPROCAMI, cooperativa calera oriunda de Los Berros, pasó de sostener a 34 familias a tener su estructura productiva parada desde finales de 2024. Según sus integrantes, una carga de 28 toneladas de carbón ronda los $16 millones y un horno puede consumir una carga semanal. Los socios construyeron una planta de tratamiento de calcio para intentar reconvertirse.
La cooperativa que hoy mira sus máquinas detenidas
La imagen actual de la empresa está lejos de la que durante años sostuvo parte de la actividad calera de pequeña escala en Los Berros. Donde antes había hornos funcionando, trabajadores, camiones y movimiento productivo, hoy buena parte de la estructura permanece detenida. Detrás de esa paralización aparecen familias, productores chicos y trabajadores que dependían de una actividad que dejó de cerrar económicamente.
Ramón Romero, secretario de la firma y Carlos Kummer describieron un escenario marcado por la falta de ventas, el aumento de costos y una estructura que ya no puede funcionar como lo hacía antes.

“Quedaron 35 familias sin trabajo, tenemos las máquinas y la fábrica también paradas. Está todo guardadito, el camión, todo, las máquinas, no sirve trabajarlo. Hasta que no se aclare todo el panorama no vamos a hacer nada porque no sirve, nosotros estamos trabajando todos individuales«.
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El carbón empujó la producción al límite
“El carbón está saliendo 16 millones de pesos las 28 toneladas, Si tenés un horno, ocupás una por semana. Y si tenés dos, son dos bateas, que serían 32 millones de pesos», explicó Romero como una de las variables que impacta en los productores chicos.
Con esos números, mantener un horno encendido exige una capacidad financiera difícil de sostener si las ventas no acompañan. La producción calera requiere combustible, movimiento, transporte y clientes estables. Cuando una de esas piezas se rompe, el esquema completo queda bajo presión. “Nos está matando, la verdad. Está todo atravesando una crisis”, describió.
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A los costos internos se suma la competencia comercial. Los productores sostienen que el mercado chileno, históricamente relevante para la cal sanjuanina, quedó concentrado en compañías de mayor escala. “Para Chile está Calera San Juan y Calidra, que se pelean por los precios. Cuando no hay salida a Chile, como cuando hay nevadas, impacta en el mercado local”.
Segun el empresario las grandes empresas tienen otra espalda financiera, otra logística y otra capacidad para sostener precios. Los pequeños productores, en cambio, enfrentan los costos casi sin margen.
San Juan exporta anualmente entre 420.000 y más de 560.000 toneladas de cal al mercado externo, siendo Chile el destino principal (concentrando entre el 97% y el 99% de los envíos) para abastecer su gran minería del cobre.
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Una planta hecha por los socios para buscar otra salida

Frente al freno de la producción tradicional, COPROCAMI empezó a construir una alternativa. Los socios armaron una planta destinada al tratamiento de piedra caliza, con la idea de moler el material y buscar usos diferentes a la producción clásica de cal. «La planta de tratamiento de calcio la han hecho entre los socios, sin empleados. Entre nosotros, trabajadores de Los Berros, la hemos hecho”, relató Kummer.
La apuesta muestra una búsqueda de reconversión. En vez de depender únicamente del horno, los socios intentan agregar valor a la piedra mediante molienda y tratamiento. Pero todavía existe una diferencia importante: la planta está armada, aunque no funciona como una nueva actividad consolidada.
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El nuevo desafío ya no es solamente producir cal
La situación de la coorperativa expone una discusión más amplia sobre el futuro de los pequeños productores caleros de Los Berros. El problema es definir qué lugar pueden ocupar en una industria donde el costo energético, el transporte, el acceso a mercados y la escala condicionan cada decisión.

La planta de tratamiento de calcio abre una posibilidad diferente. La piedra caliza podría tener otros destinos si logra insertarse en mercados vinculados a remediación de suelos, saneamiento u otros usos industriales. Pero esa posibilidad todavía necesita compradores, volumen, costos claros y continuidad operativa. La planta construida por los propios socios representa una salida posible. El próximo paso será saber si esa infraestructura puede convertirse otra vez en producción, empleo y futuro para Los Berros.

Periodista con más de 20 años de trayectoria, dedicado a la cobertura, el análisis y la producción de contenidos sobre la realidad social, política y comunitaria de San Juan. Con experiencia en medios digitales, comunicación estratégica y proyectos periodísticos con fuerte anclaje territorial, combinando experiencia en redacción, mirada crítica y cercanía con la gente.