El Dr. Victor Ramos, prestigioso geólogo argentino analiza los mecanismos detrás de los terremotos en Venezuela y la Cordillera. Una clase magistral sobre desplazamientos continentales, energía atómica y la seguridad sísmica necesaria para nuestra región.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
El Dr. Víctor Alberto Ramos explica que mientras en el Caribe dominan fallas laterales como San Sebastián, en los Andes la subducción de la Placa de Nazca genera sismos profundos y tsunamis,. Buenos Aires se desplaza 4 centímetros anuales, evidenciando una dinámica continental constante y peligrosa.
El enigma de San Sebastián y la vulnerabilidad de Venezuela
El Dr. Ramos destaca que la Placa del Caribe se mueve hacia el este, rompiendo la corteza de forma extensional y lateral ,en el marco de las charlas brindadas por el Student Chapter UNLP SEG-SGA. Aquí, la gran protagonista es la Falla de San Sebastián, una estructura que corta prácticamente todo el norte de Venezuela y que define el peligro para ciudades densamente pobladas.
«La falla de San Sebastián es la protagonista de los terremotos que han marcado al país», señala el experto al referirse a la actividad monitoreada por la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS). A diferencia de lo que ocurre en el sur del continente, estos eventos son predominantemente superficiales, lo que aumenta su potencial destructivo en centros urbanos como Caracas, donde la relación entre la población y la capacidad sismo-resistente es crítica,.
En zonas como el Puerto de La Guaira o la Quebrada de Los Gallegos, la amenaza es latente. Ramos advierte que un sismo de magnitud 6.5 en estas fallas puede generar desastres de gran magnitud debido a la proximidad del epicentro con la infraestructura civil. La clave aquí no es la profundidad, sino la ubicación estratégica de estas fracturas bajo los cimientos de la civilización venezolana.

«La gran diferencia es el mecanismo focal: mientras que la placa del Caribe se va rompiendo de forma extensional, en la región andina los esfuerzos son netamente compresivos debido a la potencia de la subducción».
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Subducción: El gigante que despierta en el Pacífico
Cruzando hacia el flanco occidental del continente, el mecanismo cambia de forma radical. En esta zona, la Placa de Nazca y la Placa de Cocos se hunden bajo la Placa Sudamericana. Este proceso de subducción es el que «fabrica» la cordillera y, de yapa, los terremotos más potentes y los tsunamis más temidos,.
El Dr. Ramos explica que para entender estos eventos hay que mirar el momento sísmico, un cálculo que considera el tamaño de la ruptura y el desplazamiento de las placas. «Se puede producir un desplazamiento de dos metros verticales en apenas minutos», lo que en el océano se traduce inmediatamente en un tsunami. Este fenómeno ha golpeado históricamente la costa de Chile y ha enviado ondas destructivas hasta Hawái y las Filipinas.
Un dato no menor es la velocidad de estos eventos. Un tsunami generado en la fosa, a profundidades de hasta 5.000 metros, viaja con una energía masiva que depende de la forma de la costa y la temperatura del agua. Por eso, Ramos insiste en que «lo primero que preguntamos tras un remoto es sobre el tsunami», evidenciando que en el Océano Pacífico el agua es tan peligrosa como la tierra que tiembla.

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Además, el especialista a dijo que la ciudad de Buenos Aires se desplaza casi 4 centímetros por año hacia el oeste. Este movimiento es la prueba irrefutable de que todo el bloque sudamericano está siendo empujado y comprimido por las placas oceánicas.
Esta compresión se siente con especial rigor en las provincias de Mendoza y San Juan, donde los sismos de intraplaca son moneda corriente. Aunque a veces estos temblores no alcanzan las magnitudes épicas de los eventos de subducción, su poca profundidad los hace extremadamente perceptibles. «El sismo que tenemos en Mendoza y San Juan es muy diferente al de la costa», aclara el geólogo, subrayando que la sismicidad argentina tiene su propia «personalidad» técnica.
Para dimensionar la potencia de la que hablamos, el Dr. Ramos cita el trabajo del geofísico Carlos Vargas, quien analiza la liberación de energía. Un sismo de magnitud 6 equivale a 56.000 toneladas de explosivos. «Es equivalente a la energía atómica de Hiroshima», una comparación que deja mudo a cualquiera y que resalta la magnitud del poder que se acumula bajo nuestros pies. La frecuencia de estos eventos, comparada con las pruebas nucleares artificiales, demuestra que la naturaleza es, por lejos, el actor más poderoso del planeta.

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La exposición del experto no es solo un compendio de datos geológicos; es un llamado a la responsabilidad civil e industrial. Entender que Buenos Aires se desplaza o que un sismo en San Juan libera la energía de miles de toneladas de dinamita debe sacarnos de la complacencia. La sismicidad es una constante en Sudamérica y, como bien señala Ramos, la diferencia entre un fenómeno natural y una catástrofe radica en la calidad de nuestra infraestructura y la precisión del monitoreo.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.