Los responsables de seguridad de ambos proyectos explicaron cómo activan alarmas, evacúan personal y despliegan brigadas. Los simulacros ya permitieron corregir fallas concretas en comunicaciones y tiempos de respuesta ante materiales peligrosos.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Gualcamayo mantiene 10 a 12 brigadistas por turno y Los Azules dispone de 6 especialistas contratados. Ambos proyectos trabajan con protocolos de alarma, evacuación y respuesta. Los simulacros detectaron como puntos críticos las comunicaciones y los tiempos necesarios para intervenir ante materiales peligrosos.
Un incendio dentro de una operación minera puede involucrar mucho más que fuego. Combustibles, reactivos químicos, equipos pesados, instalaciones eléctricas, espacios confinados y distancias internas convierten los primeros minutos en una etapa crítica, donde una comunicación desordenada o una evacuación tardía puede complicar el control del incidente.
En San Juan, Ariel Alfonso, gerente de Seguridad, Salud, Medioambiente y Comunidades de Gualcamayo, y Juan Quiroga, superintendente de Higiene y Seguridad de Los Azules, detallaron a ACERO Y ROCA cómo funcionan los sistemas de prevención y respuesta de ambos proyectos.
Las dos operaciones atraviesan realidades diferentes. Gualcamayo cuenta con una estructura de brigada permanente y sectores industriales vinculados al procesamiento. Los Azules se encuentra en etapa de exploración y organiza su respuesta mediante un servicio especializado contratado. Sin embargo, ambos esquemas coinciden en un punto: la coordinación y el entrenamiento son tan determinantes como el equipamiento.
De la primera alarma al comando del incidente
En Gualcamayo, la respuesta se organiza a través del Plan de Respuesta a Emergencias (PRE), integrado al Sistema de Gestión Integral y alineado, según explicó Alfonso, con los requisitos de la norma ISO 45001. La activación comienza en el lugar donde se detecta el incidente. “Cualquier trabajador que identifica un principio de incendio está capacitado para dar aviso inmediato por canal de emergencia a la Brigada de Emergencias. Simultáneamente, según el sector, se activan las alarmas sonoras y lumínicas”, explicó Alfonso.
Confirmada la alarma, la evacuación se dirige hacia puntos de encuentro previamente definidos. Los supervisores actúan como responsables del movimiento del personal, realizan el conteo y reportan la situación a Sala de Control. La brigada, mientras tanto, recibe la información inicial sobre ubicación, tipo de fuego y posible presencia de sustancias peligrosas.

“Al llegar a la escena, establecemos el Puesto de Comando, se realiza una evaluación 360° y se determina la estrategia de ataque, ofensiva o defensiva”.
Ese procedimiento incorpora condiciones adicionales cuando el incendio se produce en sectores vinculados con reactivos químicos. Alfonso señaló que, si la emergencia ocurre cerca de la planta de procesos o áreas de almacenamiento, la intervención contempla los protocolos del Código Internacional para el Manejo del Cianuro, incluida la necesidad de contener adecuadamente el agua utilizada durante la extinción.
Este código es un programa de certificación voluntaria diseñado para regular la fabricación, transporte y uso seguro del cianuro en la minería de oro y plata. Desarrollado originalmente bajo los auspicios del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), su objetivo principal es proteger la salud humana y reducir los impactos ambientales derivados de este compuesto químico.
Los 9 principios del Código para Operaciones Mineras
- Producción: Comprar cianuro únicamente de fabricantes que también estén certificados bajo el código.
- Transporte: Exigir transportistas calificados que empleen rutas seguras, escoltas de emergencia y planes de contingencia.
- Manipulación y Almacenamiento: Construir instalaciones de almacenamiento con contenciones secundarias impermeables para evitar fugas al suelo o subsuelo.
- Operaciones: Administrar el cianuro en los procesos de lixiviación de manera óptima, minimizando las concentraciones necesarias.
- Desmantelamiento: Diseñar e implementar planes financieros y técnicos para el cierre seguro de las instalaciones que contuvieron cianuro.
- Seguridad del Trabajador: Brindar equipo de protección personal (EPP), instalar monitores de gas cianhídrico (HCN) y entrenar al personal en primeros auxilios especializados.
- Respuesta a Emergencias: Desarrollar e implementar planes de acción detallados junto a comunidades locales y servicios de salud para reaccionar ante derrames o intoxicaciones.
- Capacitación: Entrenar continuamente a los trabajadores, conductores y operarios sobre los riesgos específicos del manejo del compuesto.
- Diálogo Público: Involucrar a las partes interesadas mediante la publicación transparente de informes de incidentes y resultados de auditorías.
En Los Azules, el procedimiento comienza con una señal de emergencia preestablecida. “Quien recibe el llamado notifica sin demora a todos los integrantes del comando de emergencia, quienes asumen los roles establecidos para delimitar la zona del incidente, informar al resto del proyecto que debe detener sus actividades y evacuar las áreas afectadas hacia el punto de encuentro más cercano que no esté comprometido por el incendio”, agregó Juan Quiroga. Mientras se completa la evacuación, el líder de brigada se desplaza junto con los equipos de rescate hacia el sector involucrado.
“La persona que detecta el incendio comunica de inmediato las palabras ‘emergencia, emergencia, emergencia’ a través del sistema de comunicaciones VHF del proyecto o del número telefónico habilitado para emergencias”.

Los simulacros ya dejaron correcciones concretas
La operación mantiene entre 10 y 12 brigadistas voluntarios por turno, con cobertura 24/7. Esa dotación permite conformar al menos dos equipos de ataque, además de personal destinado a logística y soporte. Las funciones incluyen líderes de brigada, bomberos de ataque, rescatistas, especialistas HAZMAT (Hazardous Materials) y personal con entrenamiento en atención prehospitalaria.
La diferencia entre un protocolo escrito y uno operativo aparece durante los ejercicios. En Gualcamayo, los simulacros no funcionan únicamente como requisito de entrenamiento: también permiten detectar debilidades y modificar procedimientos. “La preparación constante es el núcleo de nuestra Brigada de Emergencia. Realizamos simulacros de campo de manera bi-mensual y ejercicios de escritorio de forma semanal en la reunión de brigada para afianzar la toma de decisiones”, indicó Alfonso.
Además, Gualcamayo realiza dos simulacros generales o mayores por año, en los que participa la operación completa y, en determinados ejercicios, se contempla incluso la asistencia de fuerzas externas. Uno de esos simulacros reprodujo un incendio en un equipo pesado dentro de mina con propagación. Durante los primeros 5 minutos, el canal de emergencia se saturó por la cantidad de mensajes simultáneos.
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“Para corregirlo, implementamos un protocolo de ‘silencio radial estricto’, donde solo el líder de brigada del incidente y Sala de Control tienen uso prioritario del canal principal, derivando la logística a un canal secundario táctico”, explicó Alfonso.
Otra práctica combinó incendio y derrame químico en la planta ADR. Allí se detectó que la colocación de los trajes encapsulados para respuesta HAZMAT estaba 3 minutos por encima del estándar interno. La operación reorganizó el equipamiento dentro del camión de rescate e intensificó los ejercicios cronometrados de colocación.
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Los Azules también identifica las comunicaciones como uno de los puntos más sensibles de sus prácticas. “Los simulacros de incendio se realizan periódicamente, conforme a un plan de simulacros establecido. Los desafíos que detectamos con mayor frecuencia suelen estar vinculados a la forma en que se comunican entre sí los distintos actores involucrados en la respuesta a la emergencia”, sostuvo Quiroga.
El proyecto cuenta actualmente con 6 brigadistas pertenecientes a una empresa contratista, distribuidos entre el área de exploración y el camino de acceso. “Estos brigadistas son responsables de capacitar a las personas que se desempeñan como brigadistas voluntarios durante una emergencia”, agregó. La preparación incluye además prácticas de uso de extintores. “Recientemente, se capacitó a 47 personas, entre personal propio y contratista”, precisó.
Sistemas automáticos y sectores críticos bajo control permanente
En Gualcamayo, Alfonso identificó como sectores críticos la planta ADR (Adsorción, Desorción y Recuperación), los depósitos de combustibles, los talleres de mantenimiento de equipos pesados y las galerías de interior mina. La operación informó que dispone de sistemas de detección de humo, calor y llama vinculados a los paneles centrales de Sala de Control. En áreas con reactivos se suman diques de contención, segregación de materiales incompatibles y permisos específicos para trabajos en caliente. “En la planta y talleres tenemos redes de incendio presurizadas mediante un sistema de bombas redundantes, jockey, eléctrica y diésel principal, asegurando caudal y presión constante”, explicó Alfonso.

Los sectores de hidrocarburos cuentan con sistemas de diluvio y espuma AFFF, mientras que equipos pesados de interior mina poseen sistemas automáticos de extinción. “Todos los equipos contra incendios, desde el camión autobomba hasta el último extintor o válvula de la red, están ingresados en el sistema con un cronograma de mantenimiento preventivo estricto”, señaló.
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Alfonso indicó además que el cumplimiento recibe auditorías internas mensuales y controles externos vinculados con las certificaciones ISO 45001 e ISO 14001. También sostuvo que las instalaciones cuentan con certificación de Bomberos de la provincia.
En Los Azules, las medidas corresponden a una operación que todavía se encuentra en exploración. “Actualmente, los sectores donde se desarrolla la exploración minera cuentan con sistemas de detección de incendios inalámbricos y con extintores distribuidos en las áreas de trabajo, destinados a controlar cualquier principio de incendio”, explicó Quiroga. Y agregó: “Todas las instalaciones del proyecto cuentan con la habilitación correspondiente otorgada por el Departamento de Bomberos”.
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La comparación entre ambas operaciones muestra que la escala y el equipamiento varían según la etapa de cada proyecto, pero el criterio de respuesta mantiene una base común: detectar, comunicar, evacuar, asumir el comando y recién entonces intervenir con una estrategia definida.
Los ejercicios realizados también dejan una conclusión operativa más concreta. En Gualcamayo, una saturación radial y un retraso de 3 minutos derivaron en cambios de protocolo y reorganización de equipos. En Los Azules, la comunicación entre actores sigue apareciendo como el desafío más recurrente durante los simulacros.
Ese aprendizaje previo es el punto que define la preparación real. Un sistema contra incendios no se mide únicamente por la cantidad de extintores, brigadistas o bombas disponibles, sino por su capacidad de funcionar coordinadamente cuando cada minuto empieza a contar.
