El ascenso de las temperaturas en la alta cumbre transforma la nieve acumulada durante un invierno récord en masas húmedas de alta densidad. El fenómeno no solo amenaza con bloquear los accesos a los proyectos productivos, sino que exige planes integrales de seguridad ante crecidas hídricas y colapsos estructurales en la red vial.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Un invierno anómalo dejó los mayores espesores de nieve de la última década en la Cordillera de los Andes. La llegada de la primavera genera avalanchas de nieve de fusión, un evento de gran densidad y elevado poder destructivo sobre caminos e infraestructura. La gestión de la seguridad requiere estudios nivológicos periódicos, detonaciones preventivas con explosivos y mapas dinámicos de riesgos múltiples.
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El fin de la estación invernal en la Cordillera de los Andes no significó el alivio esperado para los equipos de logística y operaciones en alta montaña. Tras una temporada caracterizada por nevadas de una magnitud que no se registraba desde el ciclo 2016-2017, la irrupción de la primavera introdujo un factor de complejidad operativa: el derretimiento acelerado de la masa nival y la aparición de las denominadas avalanchas de nieve de fusión.
El escenario afecta tanto a las compañías que operan campamentos permanentes como a los proyectos en fase de exploración que buscan reabrir sus rutas de acceso. La combinación de radiación solar, temperaturas nocturnas por encima de los cero grados y precipitaciones pluviales sobre sectores con nieve acumulada alteró la cohesión del manto, multiplicando la vulnerabilidad del personal y la infraestructura vial.

La mecánica del peligro primaveral
Durante los meses más fríos, la gestión de la seguridad se enfoca en la estabilidad de las capas secas. Con la llegada del calor estacional, la dinámica física del manto cambia por completo al aumentar el agua líquida contenida en la nieve.
«Las avalanchas de nieve de fusión son avalanchas que tienen contenido de agua líquida. Al empezar a derretirse la nieve, aumenta el agua en el manto y este pierde cohesión por capilaridad, lo que hace que se caiga el talud», explicó Javier Giuliani, ingeniero en electrónica, guía de montañismo y especialista en nivología con formación en Suiza.
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Aunque este tipo de desprendimientos no alcanza las velocidades de una avalancha de nieve seca invernal, su peligrosidad radica en la masa y el peso del material desplazado. «No son avalanchas particularmente rápidas, pero sí son avalanchas con mucha energía que pueden destruir un montón de cosas porque tienen una densidad muy alta», detalló el profesional.

A este factor se suma el impacto hídrico generado por el escurrimiento en superficie. El derrame masivo de agua rompe las trazas de los caminos, anega los accesos, desborda los cauces naturales y transforma los badenes en pasos de alto riesgo para el tránsito de vehículos pesados y camionetas de supervisión.
Evaluación estratigráfica y detonaciones controladas en la traza vial
Para definir la apertura de un camino o autorizar la circulación de convoyes hacia los campamentos, las áreas de seguridad operacional aplican protocolos estandarizados de estudio nivológico. La prioridad consiste en identificar las laderas que combinan pendientes críticas con depósitos significativos de nieve. «Lo principal es identificar cuáles son los sectores que cumplen con las condiciones necesarias para la ocurrencia de avalanchas: depósito de nieve y pendiente. Si determinadas laderas cumplen con eso, merecen ser estudiadas«, señaló el director de GMI.
El procedimiento exige realizar perfiles estratigráficos periódicos en el lugar para caracterizar la evolución del manto, un parámetro que muta constantemente ante la variación de temperaturas y las nuevas precipitaciones. Si los ensayos de estabilidad arrojan un nivel de peligro elevado, los protocolos indican el cierre preventivo de la traza y la intervención humana.
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«Lo que se hace normalmente es cortar el camino y desencadenar la avalancha preventivamente mediante el uso de explosivos. Una vez que la avalancha se desencadena, se limpia con seguridad y se libera el paso», confirmó Giuliani.
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Registros dinámicos y la transición hacia el análisis multirriesgo
La previsibilidad de estos fenómenos en los Andes Centrales requiere consolidar información histórica sobre el comportamiento de la nieve. La altitud elevada, la baja humedad relativa ambiente, los vientos intensos y el patrón puntual de deposición hacen que las avalanchas andinas sean complejas de predecir, pero completamente caracterizables dentro de un patrón técnico.

Por este motivo, las operaciones mineras mejor estructuradas implementan cartografía especializada. «Los proyectos más grandes suelen tener mapas de sendas potenciales de avalanchas caracterizadas por peligrosidad y severidad, con un código de referencia que permita mantener un registro vivo de las avalanchas documentadas, ya sean artificiales o naturales», puntualizó el observador meteorológico. Esta documentación posibilita reubicar la traza de los caminos, levantar defensas físicas o planificar rutas de servicio para detonaciones a distancia.

Periodista especializado en minería, ambiente, ciencia y economía. Desde San Juan, cubre la actividad minera con mirada crítica y enfoque en sus impactos, oportunidades y protagonistas, buscando explicar los procesos detrás de cada proyecto y acercar información rigurosa a la comunidad.