El geólogo e investigador Aldo Luis Banchig propuso incorporar el principio de justicia intergeneracional y la bioética al debate de la gestión de recursos naturales en el noroeste argentino. Advirtió que la conservación de bienes permanentes exige replantear el impacto que la actividad extractiva deja a las futuras generaciones.
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LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Aldo Luis Banchig planteó abordar la actividad extractiva desde la bioética y el principio de justicia intergeneracional. El especialista contrapuso el uso de recursos finitos frente a la preservación de bienes permanentes como el agua y el paisaje. Además, remarcó la importancia de resguardar el patrimonio ambiental labrado durante cientos de miles de años. y explicó que las actividades sustentables, como el turismo de montaña, dependen de la integridad del territorio.
El Dr. Aldo Luis Banchig, geólogo, docente e investigador de la Universidad Nacional de San Juan originario de Andalgalá, introdujo el encuadre de la justicia intergeneracional para analizar el equilibrio entre la explotación económica actual y el derecho de las próximas comunidades a disponer de un ambiente sano.

«Nos queda a nosotros el derecho y el deber de proteger recursos que no solo son consumibles, sino que son permanentes y con utilidad para la generación futura».
El principio de justicia intergeneracional y el resguardo de lo permanente
El abordaje bioético en la gestión del territorio establece que las generaciones presentes administran bienes que no son de su exclusiva propiedad. Dentro de esta perspectiva, la preservación de los recursos naturales excede la mera contabilidad de las reservas minerales y abarca la sostenibilidad de todo el ecosistema regional. El especialista sostuvo que el deber ambiental implica identificar qué actividades productivas garantizan la continuidad de las cuencas y los paisajes a largo plazo sin degradar la infraestructura natural de las regiones productivas.
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«Hacer turismo implica todo lo que representa mantener todavía esos rincones naturales con esas bellezas que se han labrado durante miles y cientos de miles de años», señaló el geólogo e investigador al ejemplificar un de las posibles actividad enmarcadas en su propuesta. «Eso se despliega en una red de tareas posibles para los prestadores turísticos, guías de campo y guías de montaña».
La convivencia de modelos económicos contrapuestos representa uno de los mayores desafíos para los municipios de montaña. «Existe un punto en el que una actividad tan voraz como la minería extractiva debe demostrar si puede tener alguna dosis de justicia intergeneracional en su actividad y en sus proyecciones al futuro», advirtió Banchig.
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Proximidad territorial y tiempos de reacción en la cuenca hídrica
Según el especialista, el riesgo de generar impactos irreversibles se acentúa de manera crítica cuando los yacimientos mineros se emplazan en las nacientes de los ríos que abastecen a las poblaciones. La distancia geográfica entre el centro extractivo y la zona urbana determina de forma directa la capacidad operativa de respuesta frente a eventuales contingencias ambientales en el sistema hídrico.

«Estar en el centro de un cauce hídrico representa un potencial gravísimo porque no hay explicación posible que convenza de que la actividad no va a desencadenar impacto de todo tipo», remarcó el investigador.
La diferencia fundamental entre los modelos de monitoreo radicó en los tiempos de respuesta ante un incidente en la alta cuenca. En yacimientos con mayor distancia hacia las poblaciones existen márgenes temporales para la remediación, condición que no se verifica en cuencas de proximidad inmediata. «A 20 kilómetros es prácticamente tener la mina encima de nuestras cabezas; a diferencia de yacimientos situados a 100 o 120 kilómetros donde se tiene tiempo de acción, monitoreo y remediación, acá la lluvia cae y a la media hora se tiene el agua en el centro urbano», explicó Banchig.
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De este modo, la advertencia de Banchig trasciende la discusión técnica sobre los tiempos de escorrentía o las distancias geográficas. El planteo devuelve al centro del debate una encrucijada política y productiva ineludible: definir si los estándares actuales de control y remediación alcanzan para garantizar que el desarrollo minero sea compatible con la herencia territorial de las próximas décadas, o si la urgencia económica del presente terminará hipotecando recursos que la naturaleza tardó cientos de miles de años en consolidar.

Periodista especializado en minería, ambiente, ciencia y economía. A cargo de notas de análisis e investigación, cubre la actividad minera con mirada crítica y enfoque en sus impactos, oportunidades y protagonistas, buscando explicar los procesos detrás de cada proyecto y acercar información rigurosa a la comunidad.