Las severas tormentas y desequilibrios hídricos vinculados a El Niño afectan la extracción de cobre en yacimientos estratégicos andinos y complican los corredores logísticos. La industria apela a seguros paramétricos e infraestructura resiliente para resguardar la continuidad operativa.
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LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
El fenómeno climático El Niño impacta la minería de cobre en Chile y Perú, provocando suspensiones operativas y recortes productivos de 10.000 toneladas. En Argentina, la Región de Cuyo y San Juan enfrentan riesgos hidrológicos severos que obligan a reestructurar la logística y contratar esquemas de protección paramétrica.
Interrupciones en la extracción andina y descalce en la oferta global de cobre
La intensificación del fenómeno climático conocido como El Niño en la franja ecuatorial del océano Pacífico comenzó a manifestar consecuencias directas sobre las operaciones mineras y la cadena de suministros en el Cono Sur. Los registros de la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) clasifican el evento actual dentro de la categoría muy fuerte. Con una temperatura superficial en la región Niño 3.4 que supera en 1,8 °C el promedio histórico. Además, una probabilidad superior al 90% de mantener su pico de intensidad entre noviembre y enero.
Esta anomalía meteorológica global se traduce en una marcada volatilidad en los distritos mineros sudamericanos. Por un lado, la firma Verisk Maplecroft advierte en su reporte de vulnerabilidad que la región enfrenta el riesgo de una amplificación del fenómeno registrado en 1997/1998, evento que generó pérdidas globales calculadas en 5,7 billones de dólares. Mariano Machado, Principal Americas Analyst en Verisk Maplecroft, remarca sobre este escenario que «este El Niño se perfila como una prueba importante para los gobiernos, las empresas y los inversores de toda América Latina. La resiliencia de la logística crítica, las pesquerías y las exportaciones agrícolas, las operaciones mineras y los sistemas energéticos se verá sometida a una dura prueba».

En los mercados internacionales, la menor liquidez de mineral físico ya tensiona la oferta del metal rojo. Las cotizaciones alcanzaron picos de USD 6,50/lb (equivalentes a US$ 14.000 por tonelada) en las principales plazas comerciales.
Parálisis temporal en Las Bambas y recorte de metas en Caserones
El impacto operativo más visible sobre la oferta global se concentró en los yacimientos de Perú y Chile. En territorio peruano, la mina Las Bambas, propiedad de la compañía MMG Ltd., debió paralizar de forma completa sus faenas tras un incidente en el área de bombeo de agua. El yacimiento representa históricamente el 2% de la extracción mundial de cobre, con un volumen de 410.834 toneladas métricas registrado durante el último ejercicio.
En paralelo, en el norte chileno, la canadiense Lundin Mining Corp. confirmó una reducción de 10.000 toneladas métricas en sus proyecciones anuales de producción para la mina Caserones. Las complicaciones se desencadenaron tras el paso de una segunda tormenta invernal que bloqueó caminos de acceso e impidió el restablecimiento pleno de los procesos operacionales en el yacimiento. La persistencia de precipitaciones en zonas de alta cordillera y las restricciones operativas en los puertos de embarque del norte chileno reflejan la vulnerabilidad de las faenas ante eventos climáticos severos.

Vulnerabilidad en corredores viales e infraestructura en Cuyo y San Juan
A diferencia de las áreas septentrionales donde la variabilidad climática suele manifestarse mediante estrés hídrico sostenido, en el Cono Sur la señal dominante de El Niño es el incremento marcado de las precipitaciones e inundaciones continentales. Según un informe elaborado por la consultora global Aon, sectores clave como la logística, el transporte de cargas y la infraestructura crítica registran una mayor exposición a interrupciones durante el ciclo 2026/2027.
Para el área central y la Región de Cuyo, que abarca a la provincia de San Juan, los modelos analíticos de Aon proyectan un incremento del 20% en el riesgo de inundaciones repentinas (flash floods), combinado con un aumento sustancial en el peligro de sequía de entre el 211% y el 295%. Esta doble contingencia condiciona tanto el abastecimiento hídrico industrial como la transitabilidad en las rutas cordilleranas que comunican los proyectos mineros con los puertos del Pacífico.
Daniel París, Head of Global Risk Consulting para Latinoamérica en Aon, explica la dinámica de este fenómeno al señalar que «cuanto más fuerte sea El Niño, mayor será la probabilidad de impactos posteriores en América Latina, aunque los resultados específicos nunca están garantizados: por eso la planificación basada en escenarios es clave». Asimismo, el especialista añade que «hoy el clima ya no es un riesgo aislado ni estacional, sino que genera efectos sistémicos que se propagan por toda la cadena de valor, desde la producción en el campo hasta la logística, la energía y el financiamiento. Por eso la gestión actual del riesgo climático exige combinar inteligencia analítica, transferencia de riesgo y planificación de escenarios, para que las organizaciones puedan proteger sus balances y sostener su capacidad de crecimiento incluso en contextos climáticos extremos».

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Riesgo hídrico y gestión climática mediante instrumentos paramétricos
La magnitud de los eventos climáticos previstos llevó a las compañías mineras y de transporte a reestructurar sus programas de administración de activos. En el ámbito macroeconómico, estimaciones formuladas por la CEPAL advierten que las pérdidas asociadas a los destrozos en la infraestructura física pueden restar hasta un 2% del Producto Interno Bruto en las economías latinoamericanas.
Frente a la posibilidad de cortes prolongados en pasos fronterizos y daño estructural en caminos de alta montaña, las recomendaciones técnicas apuntan a combinar obras de mitigación en defensas fluviales con la adopción de seguros paramétricos. Este tipo de cobertura financiera otorga liquidez inmediata a los operadores una vez superados ciertos umbrales predeterminados de milímetros de lluvia o variables meteorológicas, sin necesidad de auditorías siniestrales prolongadas.
Will Nichols, Head of Climate and Resilience en Verisk Maplecroft, sintetiza la exigencia que enfrenta el sector al afirmar que «los impactos de El Niño, muy variables, junto con niveles igualmente dispares de resiliencia sectorial en toda la región, plantean un desafío importante a corto plazo para los operadores, las cadenas de suministro y los gobiernos. Con eventos de El Niño más intensos y volátiles y eventos climáticos más frecuentes y severos cada vez más probables en las próximas décadas, identificar la exposición y comprender cómo y dónde los impactos potenciales se integran en el panorama de riesgos más amplio será fundamental para las estrategias y la planificación de resiliencia».
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En la misma línea, Daniel París concluye que «frente al escenario proyectado para 2026/2027, anticipar dónde y cuándo podrían concentrarse los efectos de El Niño permite a las organizaciones ajustar sus estrategias de protección y tomar decisiones más informadas antes de que ocurran las interrupciones operativas. El desafío no es solo prever el fenómeno, sino traducir esa señal climática en decisiones concretas de gestión de riesgo para toda la cadena de valor en Argentina».

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.