Gobernanza de minerales críticos: un plan para blindar inversiones en Sudamérica

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La transición energética presiona sobre nuestras reservas. Un diálogo exclusivo con Nicolás Perrone revela cómo la paz social y el valor territorial son ahora exigencias del mercado internacional para viabilizar el cobre y el litio en la región en la gobernanza de minerales críticos.

Mesa de trabajo técnico con muestras de cobre y planos topográficos frente a la cordillera. Contenido Original de ACERO Y ROCA - Prohibida su reproducción
El debate sobre los recursos estratégicos exige sentar en la misma mesa a inversores, Estado y comunidades locales. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

El tablero geopolítico y la presión sobre la cordillera

La minería en nuestra región no transita un momento cualquiera; pisa sobre un escenario global en ebullición. El lanzamiento de este proyecto de investigación llega en un «momento geopolítico especialmente sensible«, donde los minerales críticos acaparan la agenda internacional mediante tensiones globales y nuevos acuerdos estratégicos.

En la carrera por abandonar los combustibles fósiles, la lupa del mundo apunta directo a Sudamérica. Chile, Argentina, Bolivia, Perú y Colombia concentran las reservas que el planeta necesita para su transición hacia una economía baja en carbono. Frente a este panorama, Nicolás Perrone, profesor titular de Derecho Económico y director del CEDRES de la Universidad de Valparaíso, marca la cancha: «La creciente demanda hace probable una aceleración de la exploración y extracción en los próximos años».

Pero sacar el mineral de la montaña ya no es solo un desafío de ingeniería.

«La extracción exige paz social, consenso y criterios de justicia y sostenibilidad». En provincias como San Juan, donde los pórfidos de cobre aguardan inversiones multimillonarias, esta paz territorial es el insumo más valioso. «Esto no solo es relevante para las comunidades, sino también para los inversores: la paz social favorece la estabilidad territorial y regulatoria».

Nicolás Perrone, profesor titular de Derecho Económico y director del CEDRES de la Universidad de Valparaíso

Del rol pasivo a la co-construcción de valor territorial

Históricamente, la industria extractiva operó bajo un esquema donde las decisiones bajaban desde las oficinas corporativas hacia el terreno. Sin embargo, las operaciones ocurren en zonas habitadas donde los pueblos originarios o las comunidades campesinas mantienen vínculos inquebrantables con su entorno.

El proyecto impulsado por la Fundación Ford busca patear este tablero. «Creemos que las comunidades pueden aportar mucho para generar estos sistemas de sostenibilidad«, explica Perrone, destacando que el conocimiento profundo y la visión a largo plazo de los locales resultan fundamentales. El objetivo es triangular información y validar hallazgos empoderando a la comunidad, utilizando a las universidades como un puente neutral para articular los diálogos.

Geólogo y referente comunitario analizando mapas en un terreno montañoso árido. Contenido Original de ACERO Y ROCA - Prohibida su reproducción
La participación activa de los habitantes del territorio es la llave para destrabar la conflictividad minera. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducciónFuente de imagen: Imagen ilustrativa de Acero y Roca.

Enterrar la RSE tradicional: el negocio de la sostenibilidad

Quizás el mayor cambio de paradigma que plantea este enfoque es económico. La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) clásica cumplió un ciclo. En su versión tradicional, esta herramienta funciona de manera defensiva, buscando «proteger la reputación pero dejando el problema de la gobernanza sin resolver».

Hoy, la sostenibilidad social dejó de ser un gasto en el balance para convertirse en el pasaporte hacia los mercados más rentables del mundo. Perrone pone el dedo en la llaga financiera: una producción sostenible permite «acceder a mercados más exigentes, como la Unión Europea, e incluso capturar mejores precios. Los minerales producidos bajo estos esquemas de paz social pueden ser vendidos a un mayor valor».

Cátodos de cobre listos para la exportación en un puerto industrial. Contenido Original de ACERO Y ROCA - Prohibida su reproducción
Los mercados internacionales pagan mejores precios por minerales que garantizan trazabilidad y respeto a los derechos humanos. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

Estratégicamente, nuestra región tiene la capacidad instalada para liderar la «producción sostenible de minerales críticos», incluso por encima del desarrollo de manufactura de baterías. Esto significa generar valor «aguas arriba», en el origen, unificando fuerzas entre comunidades, Estado y empresas para exportar un estándar de trabajo intachable.

El marco legal y el desafío hacia el 2030

Para que este modelo de gobernanza funcione en la práctica de un proyecto de cobre o litio, debe apoyarse en pilares jurídicos robustos. El experto destaca que existen herramientas como el Convenio 169 de la OIT, el Acuerdo de Escazú, las legislaciones nacionales de evaluación ambiental y estándares privados internacionales como IRMA. Aunque cada país tiene su librito, hay una clara convergencia regional.

Mirando hacia el 2030, el escenario no admite grises. Mercados como la Unión Europea ya evalúan a los recursos no solo como críticos, sino que vigilan de cerca los «minerales vinculados a conflictos». Las Naciones Unidas emitieron en 2024 advertencias sobre la equidad y los derechos humanos en la transición energética. «No hay dudas que la minería mal gobernada puede generar mucha conflictividad», sentencia el abogado.

La industria minera en Argentina ya no tiene margen para proyectos improvisados en el ámbito social. La licencia social dejó de ser una firma en una planilla de evaluación de impacto para convertirse en el núcleo del modelo de negocios. Si San Juan y la región pretenden capitalizar el boom del cobre y la electromovilidad, deberán entender que la montaña no se toca sin sus habitantes. Alinear los incentivos económicos con el desarrollo genuino a largo plazo es la única garantía de que los capitales hundidos se transformen, finalmente, en progreso tangible y auditado.

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