En medio del boom del cobre y el litio en Argentina, el apuro por consolidar estructuras operativas tempranas es el error estratégico más frecuente. Sergio Goldemberg explica cómo evitar sobrecostos y retrasos ajustando el talento al timing exacto del proyecto por medio de la gestión de talento minero.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La estructuración prematura de equipos en la minería argentina genera entre 15% y 30% de sobrecostos y hasta 6 meses de demoras. La clave del éxito radica en sincronizar las contrataciones con las fases de exploración, construcción y operación, priorizando siempre la capacitación temprana del talento local.
La trampa de la anticipación: ¿Por qué fallamos al armar equipos?
El desarrollo de un proyecto minero es una carrera de resistencia, no de velocidad. Sin embargo, en el afán por mostrar avances concretos y consolidar organigramas, muchas compañías tropiezan con un obstáculo invisible que drena los presupuestos antes de que se mueva la primera tonelada de mineral. No se trata de fallas geológicas ni de cuellos de botella logísticos, sino de un error de sincronización humana.
«En minería, uno de los errores más comunes —y más caros— no tiene que ver con la geología ni con la ingeniería. Tiene que ver con cómo se arman los equipos», advierte de entrada Sergio Goldemberg, especialista con una trayectoria insoslayable en la consultoría de recursos humanos para el sector.
El escenario actual es de aceleración. Los radares de inversión globales apuntan a la región, y esto genera una presión corporativa por estructurar las operaciones rápidamente. En terrenos complejos como la cordillera sanjuanina —hogar de megaproyectos cupríferos en maduración como Los Azules o El Pachón— o en la puna catamarqueña y salteña, la ansiedad por avanzar nubla la visión estratégica. Según detalla Goldemberg, el síntoma es claro: «se arman estructuras como si el proyecto ya estuviera en operación… cuando todavía está en exploración o en etapas tempranas de desarrollo».
Las tres edades de una mina: Perfiles para cada ciclo vital
El problema de fondo radica en no comprender que la vida de una mina exige metabolismos corporativos diferentes en cada una de sus fases. El ecosistema de trabajo muta radicalmente desde que se toma la primera muestra de roca hasta que se procesa el concentrado.

«Exploración, construcción y operación no son lo mismo. Y no solo desde lo técnico, sino desde las personas que necesitás en cada momento». Para el lector técnico de Acero y Roca, la disección de esta dinámica resulta vital. «En la etapa de exploración se requieren perfiles flexibles, con capacidad de adaptarse, tomar decisiones en campo y moverse con incertidumbre. Es un terreno donde la agilidad vale más que la burocracia estructurada».
Sergio Goldemberg, consultor en recursos humanos mineros.
El quiebre ocurre cuando el proyecto recibe luz verde para avanzar. En la etapa de construcción, las reglas del juego cambian y «el foco pasa a la coordinación, los plazos, los contratistas». Finalmente, cuando la planta entra en régimen comercial, el perfil vuelve a transformarse: «en operación, todo gira en torno a eficiencia, estabilidad y seguridad». Querer imponer una mentalidad de producción masiva en un campamento que apenas está cuantificando reservas es forzar una máquina con el engranaje equivocado.

El impacto en el CAPEX: Sobrecostos del 30% por errores en la gestión de talento minero
La disonancia entre la etapa geológica y el armado del equipo no es apenas una incomodidad administrativa; es una fuga de capital cuantificable. Incorporar gerentes de operaciones o especialistas en optimización de molienda años antes de encender un molino tiene consecuencias financieras severas.
«He visto estructuras mal alineadas generar sobrecostos del orden del 15% al 30%, simplemente por tener más gente de la necesaria o perfiles que no agregan valor en esa etapa», revela Goldemberg con números sobre la mesa. Esta hemorragia financiera ocurre en silencio. Son planillas de sueldos ejecutivos, costos de logística en campamento y beneficios atados a etapas que aún no existen en la realidad física del yacimiento.
Pero el dinero no es el único recurso que se evapora. El tiempo, la variable más implacable de la industria minera, también sufre. El especialista reporta que este tipo de errores organizacionales provocan «retrasos de 3 a 6 meses, porque los equipos no están preparados para el tipo de decisiones que el proyecto requiere en ese momento. En minería, donde el timing es todo, eso no es menor», sentencia el experto.
Capacitación preventiva: El secreto para reducir la curva de adaptación local
La miopía del reclutamiento tradicional suele concentrarse obsesivamente en buscar el currículum perfecto. «Muchas veces la conversación gira en torno a ‘qué perfil necesitamos’. Pero la pregunta más importante es otra: ¿cuándo lo necesitás?», desafía el consultor. La respuesta estratégica para evitar el colapso de la nómina es escalar de manera inteligente: arrancar con una base mínima e ir sumando músculo a medida que la ingeniería lo demanda. «Un buen perfil en el momento incorrecto se convierte en un problema, no en una solución«, resume.
Aquí es donde entra en juego la herramienta más subestimada por las operadoras: la capacitación preventiva. Acordar la formación técnica de la mano de obra local cuando los equipos pesados ya están en la puerta del proyecto es reaccionar tarde.
«Cuando trabajás la formación desde antes, especialmente con perfiles locales, ganás tiempo, reducís la curva de adaptación y mejorás la estabilidad del equipo. No es un costo. Es una ventaja operativa«, afirma. Esta sincronía virtuosa ordena a los contratistas, derriba los índices de rotación y, fundamentalmente, ancla la riqueza en el territorio. En las provincias andinas de Argentina, la empleabilidad real y bien gestionada es el único cimiento sólido para sostener la licencia social a largo plazo.
Conclusión: El talento como el próximo gran cuello de botella
El paradigma está cambiando a una velocidad vertiginosa. Mirando hacia el futuro del ecosistema productivo nacional, el diagnóstico es contundente y enciende una alarma para los comités ejecutivos. «La minería en Argentina no va a tener un problema de inversión. Va a tener un problema de talento y, sobre todo, de capacitación», proyecta el especialista.

Los capitales llegarán impulsados por la transición energética global, pero los yacimientos avanzarán más rápido que la oferta de profesionales formados. En este nuevo escenario, el diferencial competitivo no estará simplemente en mover más tierra, sino en retener a un capital humano capaz de leer transversalmente el negocio. El reclutamiento estándar ha quedado obsoleto; el éxito minero de los próximos años pertenecerá a quienes entiendan que el talento no se compra en bloque, sino que se cultiva, se anticipa y se moldea con exactitud quirúrgica para cada etapa del terreno.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.