El escenario minero de la provincia enfrenta nuevamente una encrucijada institucional, que expone las tensiones latentes entre el desarrollo de los proyectos y el compre local. En esta oportunidad, la figura de José Luis Morea concentra hoy las miradas del sector productivo debido a la superposición de sus funciones estratégicas.

Como Country Manager de Vicuña Corp en Argentina, Morea lideró el proceso que derivó en la adjudicación de un contrato de 52 millones de dólares a una corporación asiática que se alió con una empresa santafesina, para la provisión llave en mano de un campamento. Por otro lado, en su carácter de presidente de la Cámara Minera de San Juan, suscribió el día de ayer un documento institucional que promueve la defensa de la cadena de valor regional.
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El debate por la coherencia en la cadena de valor
Ciertamente, para diversos sectores del empresariado local, la coexistencia de ambos roles genera un terreno complejo donde el discurso institucional y las decisiones corporativas parecen marchar a ritmos diferentes. Mientras las directivas de optimización de costos globales guían las decisiones de las multinacionales, las cámaras de proveedores locales demandan un compromiso vinculante con el compre sanjuanino.
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Por consiguiente, esta disociación entre las declaraciones corporativas y la adjudicación efectiva a las firmas PowerChina y Beijing Chengdong ha generado un profundo malestar en los talleres metalúrgicos y contratistas logísticos de la provincia, quienes argumentan quedar al margen de las fases iniciales de los grandes proyectos de cobre.
Cronología de un contrapunto institucional

Los hechos recientes reflejan la complejidad de esta dualidad de funciones. El pasado jueves 4 de junio, bajo la conducción de Vicuña Corp (alianza entre Lundin Mining y BHP), se ratificó el contrato millonario para el campamento de la fase Batidero con el consorcio PowerChina, priorizando estructuras prefabricadas del exterior y logística de puertos alternativos.
Con respecto a esto, la firma extranjera fabricará la totalidad de los módulos habitacionales en su país de origen y se apoyará en una empresa santafesina para el ensamblaje en San Juan. Ciertamente, el único eslabón que se le abrió a la provincia es un compromiso estrictamente verbal asumido ante la UOCRA, dado que hasta el momento no hay absolutamente nada firmado en los papeles. Dicho acuerdo de palabra estipula que la firma contratista empleará trabajadores locales para las tareas finales de montaje en el terreno.
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Sin embargo, apenas seis días después, es decir ayer miércoles 10 de junio, la Cámara Minera emitió un comunicado oficial subrayando su vocación de «acompañar el objetivo de generar mayores oportunidades para empresas y trabajadores sanjuaninos vinculados a la actividad minera y de seguir ampliando la participación local en la cadena de valor del sector».
Por lo tanto, el contraste institucional es total: mientras el documento gremial habla de ampliar la cadena de valor, las PyMEs locales advierten que la estrategia de la operadora reduce el derrame económico a su mínima expresión. En la práctica, la ingeniería y el grueso de la facturación se gestionan fronteras afuera, dejando para el entramado productivo de San Juan apenas las sobras operativas del montaje con el fin de contener reclamos gremiales y evitar conflictos en la puerta de sus oficinas, como sucedió en otras oportunidades.
El valor estratégico de la credibilidad y la licencia social
Asimismo, esta acumulación de tensiones institucionales abre interrogantes sobre la representatividad de la Cámara Minera de San Juan frente a un proceso histórico clave como el tratamiento de la ley de desarrollo local minero. El riesgo subyacente más complejo, según advierten analistas y referentes comunitarios, se traslada directamente a la estabilidad de la licencia social en las zonas de influencia.
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El entramado productivo regional manifiesta un creciente agotamiento ante las proyecciones de derrame económico que, en la práctica, se procesan bajo parámetros centralizados en Buenos Aires. La estrategia de consolidar macrolicitaciones, inaccesibles para el entramado local, restringe la participación sanjuanina a contratos periféricos. En conclusión, si la confianza comunitaria se desgasta, el costo político y operativo afectará de forma colectiva al resto de las operadoras que ejecutan planes de localización de proveedores en la provincia.

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