La viabilidad de un proyecto ya no depende solo de la ingeniería. Entender la transición energética y dialogar con la comunidad son hoy los verdaderos motores para garantizar inversiones seguras y sostenibles en el sector, y comunicación estratégica en minería.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
En un contexto de alta demanda de minerales críticos, Esteban Kenny detalla cómo la comunicación estratégica traduce procesos técnicos, reduce la conflictividad y fortalece la cadena de valor en Argentina, convirtiendo la transparencia corporativa en la principal herramienta para obtener y mantener la licencia social.
El peso de la transición energética y los estándares ESG
La industria minera atraviesa un punto de inflexión. En los tableros de control de las principales operadoras, los números de producción de las minas hoy comparten jerarquía con los indicadores de percepción comunitaria. El escenario global cambió las reglas del juego y puso a la comunicación en el centro de la escena.
Esteban Kenny, consultor especialista en relaciones institucionales, comunicación pública y privada con foco en sostenibilidad, señala que esta transformación responde a tres motores fundamentales.
“El primero es la transición energética, donde el mundo necesita más cobre, litio, plata y otros minerales críticos para electrificación, baterías y energías renovables”, explica. Esta demanda posicionó al sector en un rol estratégico ineludible, pero lo sometió a un escrutinio social y ambiental sin precedentes.
A la par, la consolidación de los estándares ESG (Environmental, Social & Governance) redefinió el perfil del inversor. Hoy, los proyectos no solo deben cerrar en la planilla de cálculo de rentabilidad técnica. Deben demostrar, con auditorías y datos duros, que son socialmente responsables, sostenibles y de gobernanza transparente.

El tercer factor, y quizás el más determinante en el territorio, es la licencia social. “En muchos países, y especialmente en América Latina, la viabilidad de un proyecto ya no depende únicamente de permisos regulatorios, sino de la aceptación de las comunidades y del entorno institucional. En este contexto, la comunicación dejó de ser un área táctica para convertirse en un factor estratégico que define la confianza, la legitimidad y la sostenibilidad de los proyectos”, sentencia Kenny.
Cómo construir confianza territorial desde cero
Lograr la licencia social no es producto del azar ni de campañas de marketing reactivas; requiere un andamiaje metódico y presencia constante en el terreno, una realidad que en provincias con fuerte matriz productiva como San Juan se vive a diario.
Para estructurar una estrategia sólida, el consultor detalla un enfoque basado en etapas progresivas, iniciando siempre con un diagnóstico territorial y social. Es imperativo mapear a los actores clave, comprender el historial local y dimensionar las expectativas de desarrollo económico.
El siguiente paso es la traducción técnica. La minería es una actividad de alta complejidad ingenieril, y uno de sus grandes desafíos es democratizar esa información. “La clave es traducirlos a un lenguaje accesible, como explicar qué se hace, cómo se hace y qué controles existen, usando formatos pedagógicos que permitan llegar de forma clara y entendible a la sociedad toda”, subraya.
Esto debe ir acompañado de un diálogo sostenido en el tiempo. La confianza se teje en espacios de conversación reales con instituciones, cámaras empresarias, organizaciones sociales y proveedores locales.
Finalmente, la transparencia activa es la piedra angular: las mineras deben informar continuamente sobre sus inversiones, los niveles de empleo directo e indirecto y sus resultados de monitoreo ambiental, sin esperar a que un foco de conflicto estalle para salir a dar explicaciones.
Métricas tangibles para medir un activo intangible
A menudo, la gestión de la comunicación se subestima por considerarse «blanda». Sin embargo, el éxito de las relaciones institucionales se audita a través de variables muy específicas.
“Aunque la confianza es intangible, existen indicadores concretos que permiten medirla”, afirma Kenny. Entre las métricas críticas destacan:
Las encuestas de percepción social en las zonas de influencia.
La reducción drástica de la conflictividad social y la nula judicialización de los proyectos.
Los altos niveles de participación en mesas de diálogo comunitario.
La integración porcentual de proveedores locales en la gran cadena logística.
Cuando una operadora logra estabilizar estos indicadores, el mercado responde con mayor previsibilidad, mitigando riesgos operativos y atrayendo nuevas inyecciones de capital.

De la «gacetilla defensiva» al desarrollo local
Históricamente, la industria ha pecado de comunicar sus acciones desde un atril técnico o con posturas netamente defensivas ante las críticas. Esta asimetría de conocimiento generó un cuello de botella que la comunicación estratégica moderna viene a destrabar.
“El enfoque de comunicación estratégica busca resolver justamente ese cuello de botella: traducir complejidad en claridad y transformar información técnica en conversación pública comprensible”, detalla el consultor. La diferencia con la prensa institucional clásica radica en que no se busca simplemente «publicar noticias», sino gestionar de manera integral la narrativa y el tejido social del territorio.
El impacto más tangible de esta transparencia es el impulso al desarrollo de la cadena de valor local. Cuando una compañía minera es clara respecto a sus estándares de contratación, plazos de ejecución y proyecciones de demanda de insumos, genera previsibilidad. Esto permite que las pymes regionales, emprendedores y los propios gobiernos locales inviertan y se preparen para ser proveedores competitivos del ecosistema minero. La comunicación, así, se convierte en un motor directo de la economía local.
El estándar de la próxima década
La minería argentina tiene por delante la oportunidad histórica de subirse al tren de la transición energética global. Pero la roca sola no alcanza. La conversación pública del futuro será diametralmente más sofisticada y exigente. Las comunidades no pedirán solo empleo; exigirán trazabilidad en el uso del agua, medición de la huella de carbono y protección de la biodiversidad.
Las operadoras que aspiran a liderar la industria en los próximos años deberán internalizar que el capital comunicacional es tan vital como el capital financiero. El nuevo estándar de la industria ya está escrito: la viabilidad operativa será patrimonio exclusivo de aquellas empresas que entiendan que, en el siglo XXI, el mineral más difícil de extraer, y el más valioso de conservar, es la confianza social.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.