La Dirección de Fiscalización y Control Ambiental Minero de San Juan despliega una estrategia de supervisión rigurosa en alta montaña y caleras. En exclusiva, las claves de un organismo que busca tecnificarse para seguirle el ritmo a las empresas.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La Dirección de Fiscalización y Control Ambiental Minero supervisa los proyectos mineros de San Juan mediante un sistema combinado de inspecciones presenciales y monitoreo remoto. Cada yacimiento cuenta con tres cámaras de alta definición estratégicamente ubicadas, mientras que un plan anual organizado según la estacionalidad permite controlar una actividad que durante las temporadas 2025 y 2026 alcanzó más de 229.000 metros perforados, bajo estrictos criterios de cumplimiento normativo.
Monitoreo en tiempo real: tecnología contra la burocracia del Estado

El gran avance del boom minero sanjuanino exige respuestas rápidas. El Estado debe evolucionar con la misma velocidad que el sector privado. Para el director del área, el licenciado en Ciencias Geológicas Roberto Luna, la modernización ya es una necesidad impostergable. «Todo avanza a pasos agigantados, sobre todo la tecnología en las minas y nosotros como Estado no podemos quedarnos atrás porque ahí sí nos convertiríamos en organismos netamente administrativos y burocráticos», sostiene Luna.
Con esa premisa, el organismo fortaleció sus herramientas de fiscalización incorporando sistemas digitales que complementan las inspecciones presenciales. Actualmente, cada uno de los principales proyectos cuenta con tres cámaras de alta definición instaladas en puntos estratégicos, capaces de realizar movimientos remotos y cubrir un campo visual cercano a los 180 grados.
Este monitoreo cotidiano facilita la detección temprana de problemas ambientales. Los inspectores observan cualquier situación ajena a los parámetros normales. El sistema registra movimientos de vehículos dentro del yacimiento. También detecta variaciones meteorológicas bruscas en la cordillera. Asimismo, identifica modificaciones físicas del entorno que requieran verificación.
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Estrategia estacional: el plan anual de control en la alta cordillera

La geografía andina condiciona la planificación oficial y las ventanas climáticas regulan el acceso a las operaciones. El geólogo Luna explica el diseño del cronograma anual. Las inspecciones en alta montaña dependen exclusivamente del tiempo, la temporada de verano concentra la mayor cantidad de tareas de campo. Esta etapa se desarrolla habitualmente entre los meses de octubre y marzo, pudiendo extenderse hasta abril o mayo según el clima. En este lapso se visitan todos los proyectos metalíferos de altura. Es el momento de máxima actividad extractiva.
La Policía Minera aplica un esquema de control secuencial. Las empresas deben presentar un plan anual de trabajo. El protocolo estatal contempla tres revisiones obligatorias por campaña. La primera inspección se realiza al inicio. La segunda ocurre durante el desarrollo de las tareas. La última verifica el cierre seguro de actividades antes del invierno.
La tecnología aérea complementa las labores de los inspectores. Las empresas operadoras utilizan drones diariamente en sus yacimientos para obtener imágenes actualizadas de los caminos, registrar el estado de las escombreras y los diques de colas. La autoridad de aplicación puede solicitar ese material en cualquier momento cuando las circunstancias operativas o ambientales así lo requieren.
Minería no metalífera: permanencia y control detallado en el llano

Minería no metalífera
Este sector productivo sostiene una gran relevancia económica a nivel local. Las inspecciones en este segmento se ejecutan de manera continua. El director destaca la estrategia implementada durante el invierno. En los meses fríos, la nieve impide subir a la alta cordillera. Por eso, el organismo redirecciona sus recursos técnicos hacia el llano.
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Esta modalidad permite realizar una fiscalización muy exhaustiva. Los inspectores elaboran informes detallados y estadísticas minuciosas. El seguimiento se concentra en los productores de minerales industriales. También abarca a las empresas que extraen materiales para la construcción. Esta actividad se mantiene activa durante todo el año.
Despliegue operativo y recursos técnicos en territorio sanjuanino

Los inspectores supervisan los yacimientos de cuarzo en Valle Fértil. También controlan las explotaciones de bentonita y sulfatos en Calingasta. El mapa oficial incluye los emprendimientos de arcilla en Angaco. Además, se realizan auditorías permanentes en industrias ladrilleras y plantas elaboradoras de cal. Estas caleras abastecen al mercado interno e internacional.
El organismo posee recursos específicos para este despliegue. La Dirección de Fiscalización y Control Ambiental Minero dispone de seis camionetas acondicionadas. Los vehículos cuentan con jaula antivuelco interior. Tienen soporte para tubos de oxígeno y doble tanque de combustible. Este equipamiento garantiza seguridad y autonomía en terrenos difíciles. Un equipo de diez inspectores realiza
los controles de campo permanentes.
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Metros de perforación e infracciones: la métrica real del control

Para el geólogo hay un indicador fundamental. La cantidad de metros perforados mide la intensidad minera provincial. Este registro técnico orienta la planificación de las tareas de supervisión.
Los datos oficiales exigen un control estatal riguroso. Entre la temporada 2025 y el año 2026 se ejecutaron más de 229.000 metros de perforación. Este volumen requiere un seguimiento permanente en el terreno. El objetivo es verificar el cumplimiento de las Declaraciones de Impacto Ambiental. Esta intensa actividad minera genera entre 150 y 200 inspecciones anuales. Las revisiones técnicas derivan a veces en la detección de fallas. En esos casos, la autoridad minera procede a labrar actas de infracción.
El director del organismo propone una mirada analítica sobre estas sanciones, ya que para él reflejan la presencia efectiva del Estado.
«Si termináramos un año con pocas o nulas infracciones me haría ruido», afirma con seguridad el funcionario. Las infracciones no significan un fracaso del sistema. Un mayor número de actas demuestra un control más riguroso. La fiscalización activa detecta incumplimientos operativos a tiempo. De otro modo, estas fallas pasarían desapercibidas.
Desafíos de capital humano ante el boom de la actividad

La incorporación de tecnología fortaleció el monitoreo institucional. Sin embargo, el principal desafío radica en el recurso humano. El organismo necesita consolidar equipos técnicos estables en el tiempo. «Necesitamos más profesionales, pero están absorbidos por las empresas. Cuando hay un boom como es el caso en la actualidad con la minería, sufrimos esta escasez», explica el especialista. Las compañías privadas demandan geólogos e ingenieros constantemente. El sector privado ofrece mejores condiciones salariales y beneficios. Esto genera una fuerte competencia para el sector público.
La escasez de especialistas dificulta la retención del talento técnico. A pesar de esto, el director define la misión del organismo. La función excede el carácter puramente sancionatorio. La institución busca ser un aliado del desarrollo responsable.«Nosotros somos pro minería. Somos un organismo fiscalizador, pero a favor de que a la minería le vaya bien y de que las cosas se hagan de la manera correspondiente», concluye el director.
Análisis y perspectiva futura del control minero en la región

La expansión de la minería en San Juan plantea un reto complejo. La fortaleza del control radica en combinar presencia física y monitoreo remoto. El Estado debe integrar equipos técnicos altamente especializados. El modelo actual supera los viejos esquemas tradicionales de inspección. Las visitas de campo siguen siendo el eje central del trabajo. Estas tareas se complementan con imágenes satelitales, drones y herramientas digitales. Resolver la escasez de profesionales será determinante para el futuro minero regional.
