Miguel Fernández, productor histórico, analiza la brecha entre las tres grandes monopólicas que esperan el cobre y las pymes locales en «vías de extinción» por los costos del coque y la falta de políticas activas para el sector

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La industria de la cal en Los Berros se fractura. Mientras grandes empresas producen hasta 700 toneladas diarias con hornos Merz, los pequeños productores enfrentan una batea de carbón a 16 millones de pesos y una capacidad ociosa que amenaza con convertir a la localidad en un pueblo fantasma
Una mirada desde adentro del pueblo calero
El sector calero actual presenta una división tajante. Por un lado, las grandes firmas esperan los tiempos de la minería metalífera; por otro, los pequeños productores atraviesan una «gran desesperanza». Miguel Fernández, con más de 30 años de trayectoria, describe este presente como una fractura entre los que quedaron en el camino y las corporaciones que controlan el mercado.
“Las grandes empresas monopólicas que son tres, aproximadamente, están en un impasse de espera y de expectativa con respecto a lo que se consumiría con respecto a los nuevos emprendimientos de cobre”, explica el productor, aclarando que estos tiempos no coinciden con la urgencia de la vida cotidiana. Mientras tanto, el sector pequeño sobrevive con una «destrucción del consumo» y una capacidad ociosa que crece día a día

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La innovación que cambió la escala
El punto de quiebre tecnológico fue la llegada de los hornos Merz. Estos equipos, que funcionan a gas natural, son altamente automatizados y eficientes, marcando una distancia productiva insalvable para el trabajador artesanal. Un solo horno de este tipo, operado por apenas 8 personas, logra calcinar entre 500 y 700 toneladas diarias.
En contraste, el horno criollo o continuo tradicional requiere 3 personas para producir apenas 19 toneladas. Esta diferencia es calificada por Fernández como «abrumadora», ya que no existe manera de competir contra tal nivel de eficiencia técnica y reducción de costos operativos. La calcinación a la vieja usanza, que antes utilizaba leña en hornos tipo iglú, ha quedado relegada a una mínima expresión económica
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El costo del coque y la brecha con los chicos
Para los pequeños productores, el coque de petróleo, subproducto sólido y rico en carbono que se obtiene al refinar petróleo crudo pesado, es el insumo vital, funcionando como el «gasoil para el transporte». Fernández lo describe gráficamente como el «orujo del petróleo», un subproducto que genera las calorías necesarias para la calcinación en hornos discontinuos y continuos.
La evolución de su precio es, según sus palabras, «demoledora». Una batea de carbón de 28.000 kilos, que al inicio de la gestión de Mauricio Macri costaba 22.000 pesos, ascendió a 375.000 pesos al final de ese periodo y hoy alcanza la cifra de 16 millones de pesos. Este incremento pulverizó la rentabilidad en un mercado interno donde el consumo de cal para construcción ha caído drásticamente
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La tercerización que desapareció
La modernización trajo eficiencia, pero a la par destruyó el tejido social de Los Berros al eliminar la tercerización histórica. Antiguamente, las grandes empresas proveían el carbón a los horneros locales y les compraban la producción, sosteniendo así a los emprendimientos familiares.
Con la automatización de los hornos Merz, las empresas prescindieron de este sistema, generando un desempleo que Fernández describe como «invisible» para las estadísticas oficiales. “Si le preguntás a un empresario grande te va a decir que no redujo personal, porque los que redujeron era producto de una tercerización que no estaba registrada en sus contadurías”, sentencia el productor. Recordó también el cierre de la planta ex Cabó tras la inauguración de Padre Bueno por parte de la firma CEFAS, lo que generó despidos directos en la zona
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Pequeñas caleras con actividad esporádica

La situación de las pocas plantas pequeñas que siguen activas es de subsistencia intermitente. Trabajan una semana sí y otra no, apenas para cubrir la energía eléctrica y la mano de obra. Fernández, quien debió cerrar su propia calera en el año 2019, califica el panorama de las pymes como «desolador».
Incluso hitos tradicionales como la zafra en Tucumán, época de cosecha de caña de azúcar, que antes garantizaba una reactivación estacional, hoy son vistos como un alivio fugaz. “Este veranito, o este finde diría yo, logra hacer una actividad que se hizo por siempre, pero terminada la zafra el deterioro es brutal”, comenta Fernández. La competencia de la construcción en seco, alentada por el uso estatal de placas de yeso en obra pública, ha terminado de arrinconar a la cal tradicional
Los Berros y una pregunta de futuro
El impacto social en la localidad es profundo. Los Berros, un pueblo que vive un 100% de la cal, está viendo cómo sus jóvenes emigran ante la falta de oportunidades. “Hoy por hoy te diría que en Los Berros no hay trabajo, el pueblo está muriendo porque sobra gente”, advierte con crudeza Fernández.
Para el productor, el Estado ha fallado en acompañar a los sectores pequeños con políticas activas, limitándose a proponer un «asociativismo» que no encaja con la idiosincrasia del industrial. Al mismo tiempo, critica herramientas como el RIGI, calificándolas como «reglas de claras ventajas» para las mega empresas que ya poseen lobby político, mientras las pymes quedan relegadas. “Administrar el trabajo es administrar el ingreso, y hoy los habitantes del pueblo estamos con la ñata contra el vidrio”, concluye.

La encrucijada de Los Berros no es solo una cuestión de costos, sino de identidad industrial. La transición hacia el modelo minero exportador de cobre promete prosperidad para los grandes capitales, pero si no se implementa una redistribución real de las tareas y un fomento técnico para los pequeños caleros, el salto tecnológico corre el riesgo de dejar atrás a la comunidad que forjó el sector. El futuro de la cal sanjuanina se debate entre la eficiencia de exportación y la supervivencia de un tejido social que hoy se apaga junto con sus hornos criollos.

Periodista con más de 20 años de trayectoria, dedicado a la cobertura, el análisis y la producción de contenidos sobre la realidad social, política y comunitaria de San Juan. Con experiencia en medios digitales, comunicación estratégica y proyectos periodísticos con fuerte anclaje territorial, combinando experiencia en redacción, mirada crítica y cercanía con la gente.