El lado B de los Hornos Merz y el desempleo en Los Berros

Comparte la noticia

Miguel Fernández, productor histórico, analiza la brecha entre las tres grandes monopólicas que esperan el cobre y las pymes locales en «vías de extinción» por los costos del coque y la falta de políticas activas para el sector

horno merz. imagen creada con ia
Los hornos Merz permiten calcinar más toneladas con menor dotación de personal operativo. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción.

Una mirada desde adentro del pueblo calero

El sector calero actual presenta una división tajante. Por un lado, las grandes firmas esperan los tiempos de la minería metalífera; por otro, los pequeños productores atraviesan una «gran desesperanza». Miguel Fernández, con más de 30 años de trayectoria, describe este presente como una fractura entre los que quedaron en el camino y las corporaciones que controlan el mercado.

“Las grandes empresas monopólicas que son tres, aproximadamente, están en un impasse de espera y de expectativa con respecto a lo que se consumiría con respecto a los nuevos emprendimientos de cobre”, explica el productor, aclarando que estos tiempos no coinciden con la urgencia de la vida cotidiana. Mientras tanto, el sector pequeño sobrevive con una «destrucción del consumo» y una capacidad ociosa que crece día a día

Miguel Fernández, productor calero.
Miguel Fernández, productor calero.

Leé también: Cal y desarrollo: Sarmiento ante la exportación minera y el quiebre social

La innovación que cambió la escala

El punto de quiebre tecnológico fue la llegada de los hornos Merz. Estos equipos, que funcionan a gas natural, son altamente automatizados y eficientes, marcando una distancia productiva insalvable para el trabajador artesanal. Un solo horno de este tipo, operado por apenas 8 personas, logra calcinar entre 500 y 700 toneladas diarias.

Leé también: Histórico anuncio en Los Berros: Santilli pavimentará la Ruta 153 para potenciar el cobre

El costo del coque y la brecha con los chicos

Para los pequeños productores, el coque de petróleo, subproducto sólido y rico en carbono que se obtiene al refinar petróleo crudo pesado, es el insumo vital, funcionando como el «gasoil para el transporte». Fernández lo describe gráficamente como el «orujo del petróleo», un subproducto que genera las calorías necesarias para la calcinación en hornos discontinuos y continuos.

Leé también: Encrucijada en la cordillera: El impacto de la crisis global en la minería de cobre local

planta calera de Los Berros con bolsas, pallets, maquinaria y acopio de cal.
Los hornos tradicionales enfrentan altos costos de coque de petróleo y menor escala productiva.

La tercerización que desapareció

Con la automatización de los hornos Merz, las empresas prescindieron de este sistema, generando un desempleo que Fernández describe como «invisible» para las estadísticas oficiales. “Si le preguntás a un empresario grande te va a decir que no redujo personal, porque los que redujeron era producto de una tercerización que no estaba registrada en sus contadurías”, sentencia el productor. Recordó también el cierre de la planta ex Cabó tras la inauguración de Padre Bueno por parte de la firma CEFAS, lo que generó despidos directos en la zona

Leé también: Escalar en minería exige esfuerzo y preparación técnica

Pequeñas caleras con actividad esporádica

Trabajadores en una planta calera de Los Berros junto a bolsas de cal viva molida.
La producción de cal en Los Berros combina trabajo manual, embolsado y operación industrial en un sector atravesado por cambios tecnológicos.

La situación de las pocas plantas pequeñas que siguen activas es de subsistencia intermitente. Trabajan una semana sí y otra no, apenas para cubrir la energía eléctrica y la mano de obra. Fernández, quien debió cerrar su propia calera en el año 2019, califica el panorama de las pymes como «desolador».

Incluso hitos tradicionales como la zafra en Tucumán, época de cosecha de caña de azúcar, que antes garantizaba una reactivación estacional, hoy son vistos como un alivio fugaz. “Este veranito, o este finde diría yo, logra hacer una actividad que se hizo por siempre, pero terminada la zafra el deterioro es brutal”, comenta Fernández. La competencia de la construcción en seco, alentada por el uso estatal de placas de yeso en obra pública, ha terminado de arrinconar a la cal tradicional

Los Berros y una pregunta de futuro

Para el productor, el Estado ha fallado en acompañar a los sectores pequeños con políticas activas, limitándose a proponer un «asociativismo» que no encaja con la idiosincrasia del industrial. Al mismo tiempo, critica herramientas como el RIGI, calificándolas como «reglas de claras ventajas» para las mega empresas que ya poseen lobby político, mientras las pymes quedan relegadas. “Administrar el trabajo es administrar el ingreso, y hoy los habitantes del pueblo estamos con la ñata contra el vidrio”, concluye.

Operario embolsa cal viva molida en una planta calera de Los Berros, Sarmiento.
El embolsado de cal muestra una parte del trabajo cotidiano que sostuvieron durante décadas los pequeños productores caleros.

La encrucijada de Los Berros no es solo una cuestión de costos, sino de identidad industrial. La transición hacia el modelo minero exportador de cobre promete prosperidad para los grandes capitales, pero si no se implementa una redistribución real de las tareas y un fomento técnico para los pequeños caleros, el salto tecnológico corre el riesgo de dejar atrás a la comunidad que forjó el sector. El futuro de la cal sanjuanina se debate entre la eficiencia de exportación y la supervivencia de un tejido social que hoy se apaga junto con sus hornos criollos.

Comparte la noticia
Scroll al inicio