Un estudio científico basado en 112 años de registros del río San Juan proyecta que entre 2030 y 2035 el caudal podría descender hasta unos 680 hectómetros cúbicos anuales, inferior a los 1.200 Hm³ que la provincia demanda para consumo humano, riego e industria. Los investigadores advierten que, aunque pueden existir periodos de mayor disponibilidad, la tendencia de fondo plantea un desafío de planificación hídrica para las próximas décadas.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Un estudio científico proyecta que el caudal del río San Juan podría caer a 680 Hm³ anuales entre 2030 y 2035, inferior a lo necesario para el consumo humano, riego e industria en la provincia provincial. El modelo, basado en más de un siglo de registros, también anticipa una tendencia descendente del recurso hídrico hacia las próximas décadas.
La investigación fue publicada en la revista científica Andean Geology bajo el título “SARIMA-based streamflow forecasting in the San Juan River, Arid Andes”. Para construir sus proyecciones, los autores analizaron 112 años de registros hidrológicos, desde 1909 hasta 2021, y utilizaron un modelo estadístico que permitió estudiar tendencias y ciclos del río hasta el ciclo hidrológico 2070-2071.
Un modelo científico para anticipar el futuro del río
El trabajo fue realizado por Cristian Villarroel, geólogo e investigador asistente del CONICET, junto con Mónica Morvillo, especialista en estadística aplicada a ciencias de la Tierra, además de Emmanuel Ocaña, María Yanina Esper Angillieri y Eduardo Kruse.
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“No había pronósticos a largo plazo. Encontrábamos muchos de corto plazo vinculados a redes neuronales, pero con las crisis hídricas que tenemos veíamos que necesitábamos conocer qué puede pasar acá a 20, 50 o 70 años para poder gestionar en base a ese conocimiento”, explicó Villarroel en diálogo con Acero y Roca.

El modelo utilizado fue SARIMA, una herramienta estadística que permite analizar series temporales, identificar comportamientos repetidos dentro de los datos históricos y proyectar escenarios futuros. A diferencia de una predicción cerrada, el sistema trabaja con probabilidades y debe actualizarse a medida que aparecen nuevos registros. «No sabemos si hay otro periodo superpuesto de muchos más años que nos pueda cambiar el escenario. Con lo visto es con lo que nos animamos”, señala Villarroel al explicar los límites de cualquier proyección científica de largo plazo.
El río que antes entregaba más agua
Según los investigadores, la serie analizada muestra una tendencia descendente del caudal, con un promedio histórico de 1.955 Hm³ anuales entre 1909 y 2021, mientras que la provincia requiere alrededor de 1.200 Hm³ por año para consumo humano, riego y actividad industrial.

La diferencia entre ambos valores permite dimensionar el cambio que atraviesa el sistema hídrico sanjuanino. “Si yo tomo el promedio de los últimos 10 o 20 años en el río San Juan es inferior comparado con el promedio histórico. Si tomo los últimos 10 años es bastante inferior. En definitiva, estamos diciendo que antes había más agua y ahora hay menos”, explicó Villarroel.
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En el ciclo hidrológico 2021-2022, cuando el río San Juan registró apenas 536 Hm³, el valor más bajo de toda la serie analizada. Para los autores, este registro forma parte de una tendencia que se observa al analizar periodos largos y no solamente de una variación puntual de un año. Para el periodo 2030-2035, el escenario calculado ubica el caudal alrededor de los 680 Hm³ anuales, un valor que se encuentra por debajo de la demanda provincial estimada en el estudio.

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Para analizar esos escenarios, los investigadores tomaron el caudal del río como el resultado final de un sistema complejo donde intervienen múltiples factores. Mónica Morvillo explica que “tomamos el dato del caudal del río, eso sería como la respuesta de todo un sistema. En el sistema tenemos la precipitación nívea, radiación solar, temperatura, infiltraciones, un montón de variables. Todo eso que sucede se refleja en el resultado final: cuánta agua está pasando por el río San Juan en determinado punto”.

Los ciclos del río y el límite de la predicción
“Identificamos ciclos de 5 años, ciclos de 7, 8 años, otros de 25, otros de 50, 60 años, pero no sabemos si podemos estar inmersos dentro de un ciclo todavía más grande que todavía no estamos registrando”, explica Morvillo sobre el comportamiento histórico del río San Juan. La especialista señala que el registro disponible de poco más de un siglo permite observar algunos patrones, pero no necesariamente todos los procesos naturales que pueden influir sobre el río.
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La investigadora explicó que la llamada ciclicidad aparece al analizar los extremos de la serie histórica, es decir, los momentos donde se registran los máximos y mínimos de caudal. Algunos periodos de menor disponibilidad de agua se repiten con cierta frecuencia, mientras que otros eventos más extremos requieren registros más extensos para poder ser comprendidos completamente.
“Hay mínimos que no son tan mínimos, pero que se repiten cada cinco, seis o siete años. Otros son más profundos y aparecen cada 12 o 15 años, y otros más extremos, como los que hemos estado teniendo en los últimos años, que se repiten aproximadamente cada 60 años”, explicó Morvillo.
Después de 2035: una posible recuperación, pero sin volver al pasado
Uno de los interrogantes principales que plantea el estudio es qué ocurre después del periodo crítico previsto entre 2030 y 2035. Los investigadores explicaron que el modelo no muestra una recuperación sostenida hacia los valores históricos, sino una continuidad de la tendencia descendente hasta el ciclo hidrológico 2070-2071.
Esto no significa que todos los años futuros tendrán menos agua que el anterior. El río seguirá presentando variaciones y podría atravesar periodos de mayor disponibilidad, pero dentro de un escenario general donde los valores esperados se mantienen por debajo de los promedios históricos.
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Según el análisis, los años más húmedos podrían generar alivios temporales, pero no necesariamente alcanzarían para recuperar completamente el sistema de almacenamiento de los embalses. Para los investigadores, la discusión no debe centrarse solamente en esperar un nuevo periodo abundante, sino en cómo administrar el recurso disponible.

Villarroel explica que la planificación debe considerar tanto el agua superficial como la subterránea, especialmente frente a escenarios de menor disponibilidad del río. Sin embargo, advirtie que esa alternativa también requiere conocimiento y planificación. “Si no conocemos el recurso hídrico subterráneo, cuánta agua voy a sacar, cuánta agua se recarga anualmente en ese recurso, puedo generar otro problema”, explca el investigador.

Periodista especializado en minería, ambiente, ciencia y economía. Desde San Juan, cubre la actividad minera con mirada crítica y enfoque en sus impactos, oportunidades y protagonistas, buscando explicar los procesos detrás de cada proyecto y acercar información rigurosa a la comunidad.