Alfredo Amín sostiene que las grandes operadoras revisan antecedentes financieros antes de contratar. En Calingasta, además, la menor actividad y las demoras climáticas generan preocupación por cómo llegarán las PyMEs al próximo ciclo de trabajo.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Alfredo Amín, referente de CASEMICA, advierte que antecedentes financieros negativos pueden afectar la competitividad de un proveedor minero. Aunque la cámara no registra una ola declarada de morosidad entre sus socios, sí observa menor actividad y empresas más débiles frente a futuras contrataciones.
El problema para los proveedores de Calingasta no empieza necesariamente cuando aparece una deuda impagable. Puede comenzar antes: cuando meses de poca actividad consumen capital, reducen márgenes y dejan menos espalda para afrontar las exigencias de una licitación minera.
Ese es el escenario que Alfredo Amín, referente de la Cámara de Servicios Mineros y Afines de Calingasta (CASEMICA) planteó en diálogo con ACERO Y ROCA. No afirmó que los socios atraviesen una ola generalizada de morosidad. Su preocupación está puesta en lo que puede ocurrir si el período de baja actividad se prolonga y encuentra a las empresas debilitadas justo cuando deban demostrar capacidad para asumir nuevos contratos.
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El historial financiero entra en la evaluación

“Revisan tu historial, tu estado financiero, tu estado de morosidad, tus activos. Miran cómo te encontrás en tu situación económica”, explicó Amín sobre los procesos que, según su experiencia, aplican grandes compañías antes de contratar proveedores.
La consulta de antecedentes financieros tiene herramientas concretas. La Central de Deudores del BCRA permite conocer financiaciones, situación crediticia, días de atraso e historial de los últimos 24 meses, mientras que existe además información sobre cheques rechazados. Eso no significa que el Banco Central excluya empresas de una licitación: la utilización de esos datos depende de quien evalúa al proveedor.
“No le pueden dar una licitación millonaria a una empresa que tiene cheques rechazados, deudas o problemas con proveedores”, sostuvo Amín. En materia de litigios hizo una salvedad. No cualquier conflicto judicial implica, a su criterio, un impedimento, sino aquellos capaces de generar un riesgo para la ejecución del contrato o para terceros.
La demora de la actividad empieza a pesar
“Más que proveedores ahogados por sus deudas, lo que estamos viendo es poca actividad. Están flotando”, describió Amín sobre los miembros de la cámara. En su diagnóstico, parte de las empresas había organizado sus expectativas alrededor de trabajos previstos para la segunda mitad del año. Las condiciones climáticas en cordillera, agregó, fueron postergando parte de ese movimiento y extendieron la espera.
“Calculaban que podían comenzar. Lo que sí creo que los está impactando es la cuestión climática”, señaló. Su referencia incluye proyectos de la zona cordillerana como Casposo, Los Azules y Pachón.
En el caso de Los Azules, la información corporativa disponible ubica la decisión final de inversión hacia fines de 2026 y apunta al inicio de construcción durante 2027, sujeto a financiamiento y aprobaciones. Es decir, aún con avances del proyecto, el salto hacia una etapa de mayor demanda no es inmediato.
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El riesgo de llegar débiles a las nuevas licitaciones

Para CASEMICA, el desafío no pasa solamente por conseguir financiamiento. “Muchos de los más chicos no tienen buenas posibilidades de acceso al crédito, o el crédito termina siendo para pagar deudas. La idea es darles trabajo”, planteó Amín.
La alternativa que impulsa desde la cámara es que contratistas de mayor tamaño incorporen a empresas pequeñas mediante subcontrataciones con valores que permitan sostener a ambas partes. El planteo busca evitar que la falta de actividad erosione estructura, empleo y capacidad operativa antes de la llegada de nuevas oportunidades.
Amín trasladó esa situación a su propia experiencia comercial. Explicó que su supermercado no registra morosidad, pero trabaja con una rentabilidad muy reducida, y aseguró haber observado casos de pequeños prestadores vinculados a la minería que también poseen comercios y comenzaron a reducir gastos e incluso personal. “Cuando esto empiece de verdad, en vez de encontrar proveedores fortalecidos, los va a encontrar débiles y con pocas posibilidades económicas de prepararse para la nueva minería”, advirtió.
Ese es el punto que convierte la coyuntura en un problema de mediano plazo. Si la recuperación de la actividad llega después de un período prolongado de baja facturación, algunas firmas deberán afrontar procesos de precalificación, inversiones, personal y capital de trabajo desde una posición financiera más frágil. La dimensión real del riesgo dependerá de cuánto dure esa brecha y de cuántos proveedores logren conservar capacidad económica y operativa hasta que los nuevos proyectos transformen sus cronogramas en contratos concretos.
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Periodista y licenciada en Comunicación Social, especializada en Comunicación Política y Medios Digitales. Se desempeña, desde hace más de 8 años, en periodismo, comunicación digital y gestión de redes sociales. Actualmente forma parte de Acero y Roca, medio especializado en la actualidad minera. Su trayectoria combina el trabajo periodístico con la comunicación estratégica y la creación de contenidos.