El glaciólogo e investigador del CONICET, Pablo Milana, sostuvo que el Inventario Nacional de Glaciares en la provincia de San Juan carece de validez científica al no haber completado las instancias obligatorias de revisión técnica por pares independientes. La advertencia surge en un contexto donde los plazos de actualización previstos por la Ley 26.639 se encuentran vencidos, lo que deja vacíos normativos en la protección del recurso hídrico estratégico frente a actividades productivas.
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LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
El glaciólogo Pablo Milana sostiene que el Inventario Nacional de Glaciares en San Juan no cuenta con la validación de revisores técnicos independientes exige la Ley 26.639 y que trabajar con cartografía no validada, genera vulnerabilidad jurídica al momento de proteger reservas hídricas ante emprendimientos industriales o mineros. Paralelamente expone que reportar pérdidas del 27% de superficie en cinco años responde a fallas de mapeo entre glaciares descubiertos y glaciares cubiertos de roca. Asimismo, señala que las mediciones de campo fueron encomendadas a profesionales sin formación específica en geomorfología de alta montaña.
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La administración de los recursos hídricos en San Juan se encuentra atravesada por el debate en torno al cumplimiento de la Ley Nacional de Glaciares N° 26.639, norma que establece la protección de los glaciares y del ambiente periglacial como reservas estratégicas de agua. A más de una década de su reglamentación, la caducidad de los plazos de actualización previstos por la normativa reabrió la discusión técnica sobre los métodos de relevamiento y el estado real de la cartografía oficial. En un territorio donde las cuencas cordilleranas abastecen el consumo poblacional, el riego agrícola y el desarrollo minero, la precisión de los datos representa un factor crítico para la seguridad jurídica de todas las partes.
A partir de este escenario, Pablo Milana, analiza la metodología del Inventario Nacional de Glaciares en la provincia, detalla sus observaciones sobre la falta de revisiones independientes y explica las implicancias técnicas y legales para la actividad productiva y la preservación del recurso.
Quién es Juan Pablo Milana

Juan Pablo Milana es licenciado y doctor en Ciencias Geológicas egresado de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), con un posdoctorado en la Universität Erlangen-Nürnberg (Alemania) a través de la prestigiosa beca Alexander von Humboldt. Es investigador independiente del CONICET, profesor asociado de la UNSJ y director del programa permanente de investigación «Criósfera de los Andes». Cuenta con especialización en glaciología, sedimentología fluvial y aluvial vinculadas a recursos hídricos cordilleranos.
A lo largo de su carrera recibió distinciones y financiamiento científico de la Royal Society del Reino Unido, el British Council, la NASA y la Fundación Humboldt. Se desempeñó como profesor invitado en la Universidad de Aberdeen (Escocia), brindó conferencias en más de 20 países y cuenta con más de un centenar de publicaciones científicas con referato internacional.
En el ámbito aplicado, intervino como consultor técnico en seis proyectos mineros de gran envergadura en Argentina y Chile, asesorando tanto a operadoras mineras como a organizaciones ambientales. Montañista y expresidente del Club Andino Mercedario, alcanzó los 8.650 metros en el Everest y es autor del libro Hielo y desierto, obra de referencia sobre los glaciares áridos de San Juan.
Respecto a la necesidad de renovar el inventario de glaciares, cuya actualización ya está vencida por ley: ¿cuál es la importancia real de hacer este trabajo en este momento?
«Primero y principal debe controlarse un inventario porque es parte del proceso. A diferencia de contar baldosas en la calle, un inventario requiere un entrenamiento para reconocer un tipo de geoformas. No es que cualquier técnico lo pueda hacer, tiene que estar entrenado y educado por alguien que conoce el tema. Y aún así, como es una ciencia natural la geología, se pueden equivocar en la interpretación de las geoformas».
¿Incluso con años de experiencia en el terreno resulta complejo diferenciar estas estructuras?
«Yo llevo tres décadas y a veces me cuesta diferenciar, por ejemplo, una colada de lava en la Puna con un glaciar de roca en el mismo material, porque la reología es muy parecida; entonces uno tiene que tener hasta conocimiento geológico del terreno que está mapeando para saber lo que está mapeando. Y también se puede equivocar. Por eso está la figura del revisor de inventario, que debe estar establecido, y es lo que estableció el Inventario Nacional de Glaciares en su cronograma de ejecución».

¿Qué ocurre desde el punto de vista técnico y legal mientras esa instancia de revisión no se concrete?
«Mientras el inventario no esté revisado no está validado. Entonces son inventarios no validados. Sacar conclusiones con inventarios que no están revisados probablemente es algo erróneo. Y más si los mapearon ingenieros que no están educados para ello. O sea, primero se lo dan a la Facultad de Ingeniería, un inventario que nada que ver, y encima no se revisan. Yo a ese inventario le puedo asegurar que le encuentro todos los errores posibles. Por eso digo que hay que informar a la gente de que el proceso de inventario de glaciares en San Juan está totalmente viciado».
Hasta el momento ¿se trata de dos relevamientos realizados? ¿Cuál es la situación concreta de esos registros?
«Aparentemente sí. De todas formas, no sé dónde se han publicado y quién los auditaba. Yo sí he tenido la posibilidad de revisar el Inventario Nacional de Glaciares que está colgado en la página de la Secretaría Nacional de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable y esos inventarios, uno, por ejemplo, la cuenca del río Calingasta lo hizo un guía de trekking. Entonces, está mal porque no están hechos por especialistas».
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Incertidumbre jurídica y el debate sobre el retroceso glaciar
¿El camino correcto sería entonces auditar lo que hay antes de volver a medir?
«Lógico, yo te digo por qué la ley tiene la actualización. Un inventario es una fotografía de lo que tenés, y sabemos que hay un cambio climático, entonces tenés que reconocer si se van para atrás o si se van para adelante, y si se van para atrás a qué ritmo se están yendo los glaciares. Por eso es importantísimo renovar los inventarios, pero validarlos«.

¿Qué consecuencias legales puede generar operar con un inventario no validado ante un eventual conflicto ambiental?
«Esto es un riesgo si en algún momento se quiere defender una reserva hídrica, porque como no están validados a lo mejor viene una minera, rompe uno y como estaba mal mapeado dice ‘bueno, si no me informan bien’, entonces ese podría ser un problema legal de no tener un inventario validado».
¿Es decir que el margen de error en la «fotografía» inicial distorsionaría todo el seguimiento posterior?
«Si te sale borrosa la primera fotografía y te sale borrosa la segunda fotografía, no podés sacar muchas conclusiones de cómo está evolucionando la cosa, porque está todo borroso».
¿Por qué cree que no se avanza institucionalmente con la actualización y la revisión formal de los datos?
«Yo creo que hay algún secreto por ahí. Entonces se lo manejan entre amigos a este inventario, ha sido así desde el principio. Pero en la universidad debería haber libertad intelectual, así que yo no entiendo por qué tanto secreto».

Recientemente se difundieron informes que señalan un 27% de retroceso en la superficie glaciar en solo cinco años. ¿Es posible una proyección de ese tipo?
«Leí ese 27% de retroceso, o sea, disminución en el área de los glaciares en solo 5 años. Si lo proyectás a 20, te da que no vamos a tener glaciares en 20 años, y eso es una proyección completamente imposible. Hay algo que no cierra, una disminución tan notable es bastante improbable».
¿Cómo se explica esa variación desde la dinámica geológica de la cordillera sanjuanina?
«Es muy improbable porque la mayoría de los glaciares en San Juan no cambian demasiado su perímetro, sino que cambian su fascia. Lo que pasa en la mayoría de los glaciares es que tienen tantos pedacitos de clastos de rocas en su superficie que cuando se van derritiendo esas rocas dispersas en el hielo empiezan a agruparse, porque el hielo se va pero la roca no se derrite, y se forman estas coberturas detríticas. Entonces, después de muchos años que ha nevado muy poco, esas coberturas detríticas se extienden por todos lados. El glaciar sigue estando, pero se ha transformado en algo que se llama glaciar cubierto».
¿Allí radicaría el fallo metodológico al momento de calcular las superficies?
«Van a medir la superficie de los glaciares descubiertos y van a encontrar que bajó un 27%, pero a lo mejor la superficie de los glaciares cubiertos aumentó un 20%. Tenés que hacer las cuentas, pero para eso tenés que mapear correctamente y conocer lo que estamos mapeando, porque es muy probable que haya mapeadores que nunca pisaron un glaciar y también tenés que tener un poco de experiencia de campo para hacer bien un proceso geológico».

Periodista especializado en minería, ambiente, ciencia y economía. A cargo de notas de análisis e investigación, cubre la actividad minera con mirada crítica y enfoque en sus impactos, oportunidades y protagonistas, buscando explicar los procesos detrás de cada proyecto y acercar información rigurosa a la comunidad.