Satélites argentinos con tecnología InSAR detectan movimientos de suelo de apenas 2 milímetros

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El Dr. Ing. Guillermo Garcés Olsen explica cómo la tecnología InSAR permite detectar desplazamientos de suelo de apenas 2 milímetros. Desde San Juan, Argentina lidera el uso de radares espaciales para blindar la seguridad en obras de ingeniería de gran envergadura.

 ingenieros de la UNSJ en una zona montañosa árida cerca de una gran represa de hormigón. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción
Especialistas monitorean en campo la estabilidad utilizando datos satelitales InSAR para verificar movimientos milimétricos en el terreno. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

Vigilancia espacial desde San Juan para el mundo

En el complejo escenario de la ingeniería moderna, la capacidad de «ver» lo invisible se ha vuelto una necesidad crítica. El Dr. Ing. Guillermo Garcés Olsen, especialista en Geodesia Satelital e InSAR (Interferometría de Radar de Apertura Sintética), además de director de la maestría en Catastro Territorial de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), lidera la difusión de una herramienta que está cambiando las reglas del juego: el Radar de Apertura Sintética (SAR).

Argentina no es un espectador en esta carrera, sino un actor protagónico. El país ha diseñado y construido sus propios satélites, los SAOCOM 1A y SAOCOM 1B, que hoy son herramientas fundamentales para estudios especializados globalmente. Como destaca Garcés Olsen: «Argentina es líder a nivel mundial en esta tecnología. Estos satélites han sido totalmente diseñados y construidos en Argentina por argentinos». Gracias a este despliegue soberano, es posible realizar un monitoreo continuo de la infraestructura urbana, deslizamientos de tierra, volcanes y sismicidad con una fiabilidad sin precedentes.

El satélite SAOCOM 1A lleva orbitando a 620 km sobre la Tierra hace más de 7 años. Fue lanzado con éxito el 7 de octubre de 2018 desde la base de Vandenberg, en California, Estados Unidos. Viaja a una velocidad de 8 km por segundo.

Deformaciones invisibles: cuando el suelo habla antes del desastre

El procesamiento InSAR no es una tarea sencilla, pero sus resultados son contundentes. Al comparar pasadas satelitales que pueden distar desde 6 días hasta 14 años, se generan Modelos Digitales de Terreno (MDT) con errores de georreferenciación de apenas unos centímetros y capacidades de detección de movimientos de pocos milímetros. En la Cordillera de los Andes, donde las pendientes extremas y la nieve dificultan los métodos tradicionales, el uso de las Bandas L y C de los satélites SAOCOM y Sentinel-1 es clave para penetrar coberturas y obtener datos audibles.

Un caso emblemático analizado por el equipo de la UNSJ fue el sismo de San Juan ocurrido en el año 2021:

Ing. Guillermo Garcés Olsen, especialista en Geodesia Satelital e InSAR,

«Los estudios determinaron deformaciones y elevaciones del terreno cercanas a los 60 cm en la zona del epicentro. Lo más impactante, es que ya existían deformaciones presísmicas detectables semanas antes del evento. Esta capacidad predictiva es la que permite hoy monitorear la estabilidad de los taludes en presas de embalse, un factor de seguridad innegociable en zonas de alta actividad sísmica».

Lecciones de los sismos y deslizamientos en la región

A pesar de la densa vegetación de los bosques patagónicos, el radar logró «ver» a través del follaje para identificar la inestabilidad. Este mismo rigor se aplica en Europa y Asia, donde el Dr. Garcés Olsen cita ejemplos como el deslizamiento en Toledo, España, que provocó la rotura de un gasoducto e incendios, o la destrucción de puentes en China debido a la inestabilidad de laderas adyacentes. La premisa es clara: conocer la topografía y sus cambios en el tiempo permite que los proyectos de ingeniería sean más seguros y ganen en eficiencia.

Eficiencia de costos: por qué el espacio es más barato que el dron

La sensibilidad del sistema permite identificar desplazamientos del orden de los 2 mm a 10 mm, superando en alcance y accesibilidad a la microgeodesia tradicional en zonas de difícil acceso. Según Garcés Olsen, esta tecnología permite relevar zonas de 300 a 400 km de traza en tiempos reducidos, algo vital para los proyectos mineros y eléctricos que hoy se desarrollan en la cordillera sanjuanina.

 ingeniera de la UNSJ sosteniendo una tableta robusta en la misma ubicación montañosa de la represa. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción
Visualización en tableta de un mapa InSAR detallado donde los colores cálidos identifican zonas de inestabilidad crítica con desplazamientos que superan los 200 mm anuales en pendientes adyacentes a infraestructuras. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

El futuro de la ingeniería civil en alta montaña

El impacto de la tecnología InSAR en la industria no es una promesa a futuro, es una realidad técnica auditable que ya está blindando inversiones millonarias. En San Juan, la integración de esta herramienta en las trazas de líneas de alta tensión y proyectos mineros de gran envergadura permite mitigar riesgos tanto en invierno como en verano, asegurando la continuidad del suministro eléctrico y la integridad de los trabajadores.

 centro de datos. Se muestra una unidad de receptor de estación terrestre satelital de metal cepillado oscuro con múltiples etiquetas que identifican bandas de SAOCOM, COSMO-SkyMed y Sentinel. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción
Detalle de la infraestructura de procesamiento que integra señales de misiones satelitales clave como SAOCOM, COSMO-SkyMed y Sentinel, base para la generación de alertas tempranas georreferenciadas. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

La transición hacia una ingeniería «consciente del terreno» implica que el monitoreo ya no es una respuesta ante el desastre, sino una fase preventiva obligatoria. La capacidad de Argentina para procesar estos datos, sumada a la formación de excelencia en la UNSJ, posiciona al país como un exportador de servicios tecnológicos de alto valor. El verdadero desafío reside ahora en la capacitación continua de cuadros técnicos que puedan interpretar estos mapas de calor y transformarlos en decisiones de obra que salven vidas y recursos económicos.

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