Investigadores del Instituto de Investigaciones Mineras de la UNSJ desarrollaron un material compuesto a partir de plásticos provenientes de residuos electrónicos. Los ensayos realizados bajo normas IRAM permitieron determinar su aplicación en mampostería no estructural. El trabajo de la universidad se vincula con un concepto que gana espacio dentro de la industria: la minería urbana

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La UNSJ desarrolló un material compuesto a partir de plásticos provenientes de residuos electrónicos. El equipo logró obtener cobre de alta pureza mediante procesos de lixiviación y electroobtención.
En una nueva etapa, aprovechó los plásticos descartados para desarrollar un material destinado a aplicaciones de mampostería no estructural. El desarrollo todavía se encuentra en escala de laboratorio.
En el Instituto de Investigaciones Mineras de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), una línea de investigación busca responder una pregunta cada vez más relevante: qué hacer con los materiales que quedan fuera de uso pero todavía conservan valor. El trabajo dirigido por la ingeniera Ivana Orozco Santander, docente e investigadora de la FI, avanzó desde la recuperación de metales hasta una nueva etapa enfocada en los componentes plásticos de los residuos electrónicos.
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La diferencia respecto de los avances iniciales es que el equipo logró caracterizar un material compuesto y determinar una posible aplicación constructiva. «El plástico lo tenés que triturar, moler, achicar y llevarlo a un determinado tamaño para poder después inmovilizarlo», explicó Orozco al describir el proceso.
El material plástico proveniente de residuos electrónicos fue reducido hasta alcanzar una granulometría similar a la arena utilizada en construcción. Luego fue incorporado en una mezcla junto con cemento, agua y otros componentes para formar un compuesto sólido sometido a diferentes ensayos.
La muestra que presentó mejores resultados incorporó un 15,5% de material compuesto proveniente de residuos electrónicos, dentro de una formulación que combinó los distintos componentes utilizados en el desarrollo.
Los ensayos definieron su uso: mampostería no estructural
El avance más importante de esta etapa no fue solamente obtener el material, sino determinar qué función puede cumplir dentro de una construcción.
El desarrollo fue evaluado mediante diferentes ensayos vinculados a propiedades mecánicas, comportamiento térmico y durabilidad. Entre ellos se utilizaron referencias de normas IRAM relacionadas con resistencia mecánica, transmisión térmica, humedecimiento y secado, caracterización de materiales y mediciones mediante ultrasonido. Estos estudios permitieron conocer no solamente si el material podía fabricarse, sino también cuáles son sus límites y posibles aplicaciones.
«Los resultados que nos dio para la composición de esos sólidos que incorporamos, fue para mampostería no estructural», explicó Orozco. La investigadora aclaró que, considerando las exigencias constructivas de una provincia sísmica como San Juan. «Para una viga no servía, pero sí para la parte interna de techos», detalló.

Una investigación que comenzó recuperando cobre de residuos electrónicos
El desarrollo del material constructivo forma parte de una línea de investigación más amplia que comenzó con otro objetivo: recuperar metales valiosos presentes en dispositivos electrónicos descartados. En una primera etapa, el equipo trabajó con placas electrónicas, separando componentes y aplicando procesos de reducción de tamaño y concentración para recuperar cobre.
Luego avanzaron con la lixiviación, un proceso que permite trasladar el cobre presente en el residuo sólido hacia una solución, para finalmente aplicar electroobtención. Ese paso permitió obtener cobre metálico de alta pureza a escala de laboratorio. «El cobre que está en solución pasa a sólido y se deposita como cobre metálico«, explicó Orozco sobre el proceso.
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De residuos a recursos: el paso del laboratorio a la industria
Según la investigadora, el material recuperado alcanzó una pureza del 99,99%, una calidad comparable a la utilizada en aplicaciones eléctricas. La investigación, entonces, no busca solamente extraer un metal, sino aprovechar integralmente los residuos electrónicos: recuperar los componentes con valor económico y encontrar nuevos usos para aquellos materiales que habitualmente terminan descartados.
«Usás procesos tradicionales de minería para recuperar lo que antes se tiraba«.

El desafío: pasar del laboratorio a nuevas aplicaciones
El desarrollo alcanzó resultados positivos en escala de laboratorio, pero todavía requiere nuevas etapas para evaluar su posible transferencia hacia aplicaciones industriales. Para Orozco, el desafío futuro consiste en seguir estudiando diferentes composiciones y materiales que permitan ampliar los usos posibles.
Bajo esta mirada, un residuo electrónico deja de ser solamente un problema ambiental y pasa a convertirse en una fuente secundaria de materiales. El concepto también se relaciona con la economía circular, donde el objetivo es extender la vida útil de los recursos y reducir la necesidad de extraer nuevas materias primas.
La experiencia de la UNSJ muestra una nueva forma de pensar los recursos: no solamente como aquello que se extrae del subsuelo, sino también como materiales que pueden recuperarse, transformarse y volver a incorporarse a los ciclos productivos.
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