Ser minero no impide donar sangre. La aptitud depende de la evaluación individual de cada persona. La altura, determinados antecedentes médicos o situaciones de riesgo pueden modificar esa condición y requieren una valoración previa.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Los trabajadores mineros pueden donar sangre como cualquier otra persona. María del Rosario Roca, titular del IPHEM, explicó que la selección depende de antecedentes personales y parámetros clínicos. En quienes trabajan en altura, los valores de glóbulos rojos requieren especial atención antes de definir la aptitud.
La nueva convocatoria para donar sangre en San Juan abrió una pregunta particular para una provincia donde miles de trabajadores desarrollan actividades vinculadas con minería y, en algunos casos, pasan sus jornadas laborales a varios kilómetros sobre el nivel del mar: ¿Estar sometido a roster y trabajar en altura puede impedir convertirse en donante?
La respuesta inicial es sencilla: no existe una exclusión por profesión. En esta línea, María del Rosario Roca, titular del IPHEM explico en ACERO Y ROCA que: “No podrían donar en caso de que, como cualquier persona, hayan estado expuestos a situaciones de riesgo, hayan tenido determinadas prácticas sexuales, se hayan operado en el último tiempo o por alguna otra condición».

«No todas las operaciones se encuentran a la misma altitud, pero en aquellas que sí implican permanencias prolongadas en alta montaña puede existir una adaptación del organismo que debe observarse antes de extraer sangre«
Ser minero no es una contraindicación para donar
La entrevista previa a una donación busca proteger dos partes al mismo tiempo: a quien entrega la sangre y a quien posteriormente podría recibirla. Por eso, el IPHEM no parte del cargo laboral del potencial donante, sino de su situación individual. Una cirugía reciente, determinados antecedentes médicos o una exposición que pueda aumentar el riesgo de una infección transmisible pueden provocar un diferimiento temporal o impedir la donación según cada caso.
“Los mineros no podrían donar en caso de que, como cualquier persona, hayan estado expuestos a situaciones de riesgo”, señaló Roca, marcando una diferencia central: no se rechaza a alguien por pertenecer a la industria minera.
Las normas nacionales vigentes desde 2026 siguen esa misma lógica. Antes de cada donación debe realizarse una entrevista y evaluación clínica, mientras que las preguntas relacionadas con prácticas sexuales deben concentrarse en el riesgo individual y no en la orientación sexual o el género de la persona.
De esta manera, un trabajador que baja de un proyecto minero no queda automáticamente habilitado ni excluido: debe atravesar el mismo proceso de selección que cualquier otro donante.
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La altura introduce una variable particular

La exposición sostenida a menor disponibilidad de oxígeno puede estar acompañada por cambios hematológicos y, por eso, la evaluación previa adquiere otra relevancia. Roca explicó que algunos trabajadores “podrían tener un exceso de glóbulos rojos” y que esa situación debe analizarse antes de utilizar la sangre obtenida.
Para cada donación deben medirse hemoglobina o hematocrito, y las normas de 2026 establecen expresamente que esos parámetros deben considerar “las variaciones regionales por la altura” y quedar sujetos a evaluación médica. El hematocrito requerido como referencia mínima es de 38%, mientras que se recomienda una hemoglobina no inferior a 12,5 g/dl.
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El IPHEM intentó llevar las colectas hacia las empresas

El interés por sumar a la actividad minera no es nuevo. Según Roca, el Instituto ya buscó acercar la donación directamente al sector. “Hemos intentado hacer colectas con las mineras y no nos ha ido bien”, reconoció. Parte de ese trabajo incluyó una presentación ante la Cámara de Minería de San Juan. “Pedimos permiso para hablar, explicar un poco, pero después, cuando quisimos avanzar con colectas, no se pudo”.
“Nosotros lo que ofrecemos es dar una charla en la empresa a los empleados, explicarles de qué se trata, cuál es la importancia de que donen y por qué es tan necesario”, detalló Roca. Esa primera instancia permitiría despejar justamente las dudas que genera una actividad con características laborales particulares: quién puede donar, qué ocurre después de permanecer en altura, cuánto tiempo debe pasar desde determinadas situaciones médicas y qué cuidados deben contemplarse.
La experiencia deja abierta una posibilidad todavía no concretada: trasladar el esquema de donación hasta los propios lugares de trabajo o coordinar jornadas específicamente orientadas a trabajadores del sector.
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Periodista y licenciada en Comunicación Social, especializada en Comunicación Política y Medios Digitales. Se desempeña, desde hace más de 8 años, en periodismo, comunicación digital y gestión de redes sociales. Actualmente forma parte de Acero y Roca, medio especializado en la actualidad minera. Su trayectoria combina el trabajo periodístico con la comunicación estratégica y la creación de contenidos.