La especialista Cecilia Más, socia de Sostenibilidad y Cambio Climático de Deloitte S-LATAM, planteó que las mineras deben dejar de administrar cada estándar como un proyecto independiente y construir información consistente que sirva para gestionar riesgos, impactos y decisiones de negocio.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
IFRS S1 y S2, SASB, la regulación europea, GRI e ICMM responden a preguntas diferentes. El desafío para las mineras no consiste en desarrollar un sistema independiente para cada marco, sino en construir una base común de datos, controles y evidencia capaz de responder a inversores, reguladores y grupos de interés.
La sostenibilidad entra en las decisiones del negocio
La sostenibilidad dejó de ocupar un capítulo separado de la actividad minera. Según la especialista Cecilia Más, socia de Sostenibilidad y Cambio Climático de Deloitte S-LATAM, hoy interviene en el acceso a capital, la relación con clientes y comunidades y la capacidad de gestionar asuntos concretos como agua, relaves, seguridad, clima y biodiversidad. “No todas las normas aplican a todas las compañías, pero todas están elevando la expectativa sobre la calidad de la información que reporta una compañía”, explicó.
El punto de partida no debería ser memorizar requisitos ni acumular indicadores. Cada marco intenta responder una pregunta diferente y exige determinar primero quién utilizará la información, qué obligación existe y qué decisión debe permitir.
En esa lógica, las IFRS S1 y S2 observan principalmente los riesgos y oportunidades de sostenibilidad desde la perspectiva de quienes aportan capital. GRI se concentra en los impactos que una organización produce sobre las personas, el ambiente y la economía. Las normas europeas incorporan una dimensión regulatoria y la doble materialidad, mientras que ICMM lleva la discusión hacia prácticas verificables de minería responsable. “Una norma no empieza por los requisitos de reporte que tiene, sino que empieza por la pregunta que alguien necesita responder”, sostuvo Más.
La consecuencia práctica es que una minera debe determinar el alcance antes de decidir qué estándar utilizar. La ubicación de una operación no alcanza por sí sola para resolver esa evaluación. También intervienen la estructura societaria, los mercados, los financiadores, los clientes y la cadena de valor.

IFRS lleva los riesgos ambientales al lenguaje del capital
Las IFRS S1 y S2 traducen cuestiones de sostenibilidad a riesgos, oportunidades y consecuencias financieras. Un dato aislado sobre consumo de agua o emisiones pierde utilidad si la empresa no puede explicar qué riesgo representa, cuándo podría materializarse, qué parte del negocio afecta y cómo piensa gestionarlo.
En minería, esa conexión puede atravesar la vida útil de un activo, los permisos, los costos energéticos, la disponibilidad hídrica, la infraestructura, la demanda de minerales críticos y el financiamiento. “Un dato aislado, por ejemplo consumo de agua o emisiones, no alcanza. La información en este contexto va a adquirir valor cuando podemos explicar qué riesgo u oportunidad representa”, señaló la especialista.
Leé también: Estándares ESG y gestión de riesgos redefinen la cadena de suministro minera
La IFRS S1 establece requisitos generales sobre riesgos y oportunidades vinculados con la sostenibilidad que pueden afectar los flujos de efectivo, el financiamiento o el costo de capital. La IFRS S2 aplica esa arquitectura específicamente al clima. A su vez, SASB aporta criterios sectoriales para identificar asuntos y métricas relevantes para cada industria.
El criterio central es la materialidad financiera, entendida desde la información que podría influir en las decisiones de quienes proveen capital. Más recomendó iniciar ese proceso con la identificación de riesgos y oportunidades que puedan modificar decisiones empresariales. “Cada revelación que tengo en el reporte de sostenibilidad debería conectarse con un proceso que ya exista y no crear un universo paralelo administrado solamente por sostenibilidad”, advirtió.
Europa amplía la mirada hacia la doble materialidad
El marco europeo agrega otra dimensión. Ya no se limita a observar cómo los factores de sostenibilidad afectan a una compañía, sino que también considera cómo la empresa impacta sobre las personas y el ambiente. Para una minera latinoamericana, la distancia geográfica no elimina necesariamente esa exposición. Más señaló que «puede existir una conexión mediante sociedades del grupo, clientes, bancos, compradores de minerales o relaciones dentro de la cadena de valor».
En este esquema la materialidad financiera analiza cómo un asunto externo puede afectar las perspectivas empresariales. La materialidad de impacto recorre el camino inverso y observa los efectos positivos o negativos, reales o potenciales, que genera la compañía. «Ambas dimensiones deben trabajar sobre un universo común de impactos, riesgos y oportunidades y conservar trazabilidad entre los resultados», afirmó Más.

GRI obliga a identificar impactos concretos
El enfoque cambia nuevamente con GRI. En lugar de partir de la incidencia financiera de la sostenibilidad sobre la empresa, estos estándares buscan identificar los impactos de la organización sobre la economía, el ambiente y las personas. En minería, esa perspectiva adquiere una dimensión territorial directa por su relación con cuencas, ecosistemas, comunidades, condiciones laborales y cadenas de suministro.
Más utilizó el agua para mostrar la diferencia entre reportar un tema general e identificar un impacto concreto. No es lo mismo registrar “agua” que evaluar una eventual reducción de disponibilidad local en una cuenca con estrés hídrico. La segunda formulación obliga a establecer causas, localización, población afectada, escala, alcance y posibilidades de remediación. “Un reporte organizado por temas amplios, como ser agua, puede sonar correcto pero puede esconder impactos muy distintos”, explicó.
La especialista recomendó utilizar GRI desde el inicio del proceso y no intentar adaptar un informe ya terminado mediante un índice construido al final. La secuencia exige comprender primero el contexto y los impactos, determinar después los temas materiales y seleccionar finalmente los estándares temáticos correspondientes. “Una buena revelación GRI no es una lista de programas, donaciones y actividades, sino que tiene que ser una explicación trazable de cuáles son los impactos, cuáles son las respuestas que da la compañía y cómo puedo medir esos resultados”, sostuvo.
Leé también: Nación actualiza el Registro de Inversiones Mineras y digitaliza los trámites de la Ley 24.196
ICMM lleva los compromisos hasta el sitio minero
El cuarto marco analizado fue el del Consejo Internacional de Minería y Metales, ICMM, que traduce principios generales en expectativas concretas de desempeño. Para sus miembros forma parte de sus compromisos y, para otras compañías, puede funcionar como referencia para contrastar políticas, sistemas y prácticas.
Mas remarcó que “la política se tiene que traducir en un proceso. El proceso va a necesitar controles. Los controles tienen que generar evidencia y la evidencia es lo que va a permitir evaluar un resultado”.
Esta exigencia cobra especial relevancia en minería porque la ejecución ocurre en los sitios y también alcanza la gestión de contratistas. Una política puede estar correctamente diseñada en el nivel corporativo y fallar cuando no existen responsables claros, controles consistentes o información comparable entre operaciones.
Por eso, Más propuso realizar pruebas completas de trazabilidad sobre asuntos críticos como relaves, agua, seguridad o comunidades. “Esta prueba va a revelar más sobre la madurez real que la existencia de por sí de un documento formal”, señaló.

Una arquitectura común para cuatro marcos diferentes
IFRS, las normas europeas, GRI e ICMM no son equivalentes y una empresa no cumple automáticamente con todos por reportar bajo uno de ellos. Sin embargo, comparten una base operativa que puede evitar la construcción de cuatro sistemas paralelos. “La compañía, los activos, los riesgos y los impactos son los mismos, entonces lo eficiente es construir un núcleo común de gobernanza, de definiciones, de datos, de controles, de evidencia, y después ir agregando capas según quién sea el usuario y la obligación del reporte que tenga”, explicó Más.
Leé también: CRIRSCO consolida el estándar internacional para los reportes mineros en América Latina
Ese recorrido comienza mucho antes de redactar un informe. El dato puede originarse en un medidor, un registro de seguridad, un sistema ambiental, una evaluación de riesgos, una consulta de una comunidad o información generada directamente en una operación. Después necesita una definición consistente, un responsable, controles, evidencia y criterios de consolidación antes de convertirse en información útil para una dirección, un comité de inversión o un reporte externo.
La madurez, bajo este enfoque, tampoco depende de la cantidad de páginas publicadas. Requiere saber qué información existe, dónde se genera, quién responde por ella y qué brechas persisten. Para la minería, la evolución de los estándares desplaza así el centro del trabajo desde la elaboración del reporte hacia la calidad y trazabilidad del sistema que produce la información.

Periodista especializada en minería, ambiente y agenda social. Forma parte de Acero y Roca -Magazine Minero, donde cubre la actualidad del sector con foco en sostenibilidad, seguridad, innovación y gestión de recursos humanos. Su trabajo analiza la relación entre minería y desarrollo local, con atención en el impacto en las comunidades y la gestión de recursos naturales. También aborda el avance de la inclusión en la industria, siguiendo iniciativas vinculadas al rol de la mujer y espacios sindicales emergentes.