Garantías mineras: cuánto capital inmovilizar y según qué riesgo

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Andrés Meglioli, geólogo especialista en minería, petróleo, hidrogeología y remediación ambiental, pone el foco en una variable poco discutida del cierre minero: una garantía debe alcanzar para cubrir las obligaciones pendientes, pero calcularla sobre riesgos que ya fueron reducidos puede inmovilizar capital innecesariamente.

Garantías mineras: cuánto capital inmovilizar y según qué riesgo
La planificación del cierre debe comenzar durante la vida operativa de la mina y actualizarse según la evolución del proyecto y el riesgo existente en el terreno. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

¿Cuánto dinero debería inmovilizar una empresa para garantizar el cierre de una mina? Para Andrés Meglioli, especialista con más de cuatro décadas de experiencia en proyectos ambientales, minería y petróleo, la respuesta no puede surgir solamente del peor escenario que alguna vez pudo alcanzar una operación.

El interrogante que propone es más preciso: ¿cuánto riesgo queda realmente en el terreno en cada momento de la vida del proyecto? “Para seleccionar el Environmental Financial Assurance (responsabilidad o garantía financiera ambiental) se debe establecer el estándar de reclamación y evaluar las incertidumbres y riesgos, y eso requiere actualizaciones regulares del plan de cierre”, explicó a ACERO Y ROCA.

El problema de garantizar siempre contra el peor escenario

Meglioli advierte que algunos esquemas financieros pueden resultar muy costosos cuando el cálculo se mantiene vinculado al máximo riesgo acumulado. “Las garantías financieras, como los bonos de restauración que exigen algunos gobiernos, pueden ser muy onerosas pues generalmente se calculan considerando el máximo riesgo acumulado y no el riesgo en el terreno”.

La diferencia no es menor. El máximo riesgo acumulado representa una exposición potencial alcanzada en determinado momento del proyecto, mientras que el riesgo efectivo puede modificarse cuando se ejecutan obras, se recuperan sectores o desaparecen obligaciones que antes estaban pendientes. Si ese cambio no se refleja en la garantía, el respaldo financiero puede quedar desfasado respecto de la situación real. En esos escenarios, explica Meglioli, las empresas pueden verse obligadas a inmovilizar recursos para cumplir con los requisitos financieros. «Esto bloquea liquidez vital que de otro modo podría utilizarse para financiar operaciones o exploración”.

Su planteo no apunta a reducir garantías simplemente para aliviar el flujo de caja. El criterio es que el monto exigido mantenga una relación verificable con las obligaciones ambientales que todavía quedan por ejecutar.

El riesgo existente en terreno cambia la lógica del cálculo

El concepto que concentra esa discusión es el riesgo existente en terreno. En lugar de mirar únicamente cuánto riesgo llegó a acumular una mina, obliga a revisar qué trabajos faltan efectivamente y cuánto costaría ejecutarlos en ese momento. “Las tareas de cierre progresivo son críticas para minimizar el riesgo en el terreno”, sostiene Meglioli. Si una empresa recupera sectores mientras continúa produciendo, parte del trabajo que originalmente debía ser garantizado deja de estar pendiente y debería poder incorporarse al cálculo actualizado.

El cálculo de la garantía pasa así a depender de tres preguntas concretas: qué queda por hacer, cuánto cuesta hacerlo y qué incertidumbre todavía permanece.

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Una garantía puede quedar desactualizada hacia arriba o hacia abajo

Trabajador planta vegetación en un área intervenida por minería mientras maquinaria pesada realiza tareas de acondicionamiento del terreno.
Meglioli sostiene que ejecutar tareas de cierre durante la etapa productiva puede disminuir el riesgo sobre el terreno y aprovechar equipos y personal todavía disponibles. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

Actualizar una garantía no significa necesariamente reducirla. Meglioli incorpora las incertidumbres y los riesgos como variables que deben revisarse periódicamente, lo que también permite detectar nuevas obligaciones o costos que inicialmente no estaban contemplados. La revisión anual muestra por qué el monto financiero no debería quedar separado del avance técnico. Si aparecen nuevas obligaciones, la garantía puede necesitar incrementarse; si determinada tarea fue ejecutada correctamente y el riesgo desapareció. Mantener ese componente dentro del cálculo puede producir una sobregarantía.

El momento en que se exige el dinero también importa

Imagen conceptual del cierre de minas
Imagen ilustrativa. ACERO Y ROCA

La otra variable es temporal. Meglioli advierte que exigir una garantía importante recién cuando la mina deja de producir puede generar un problema financiero justamente en el momento en que la operación pierde capacidad para afrontarlo. “Lo que el Estado no debe hacer es esperar al final de una operación y comienzo de cierre para entonces exigir un depósito en efectivo. En esa etapa del proyecto los activos se han reducido y es difícil para un operador generar el flujo de caja necesario para establecer un depósito”, sostiene.

Su planteo es distribuir la constitución de la garantía durante la vida productiva. “Por eso se debe hacer al comienzo de la operación con ajustes graduales”, advierte.

El cierre progresivo modifica cuánto queda por garantizar

Trabajador realiza tareas de revegetación en un área minera de montaña como parte de las acciones de recuperación y cierre progresivo.
El cierre progresivo permite recuperar sectores durante la operación y reducir el volumen de tareas y riesgos que quedan pendientes al final de la vida útil. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

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El objetivo no es garantizar menos, sino garantizar mejor

Desde el punto de vista de la garantía, aparece una pregunta que puede ser todavía más importante que el monto inicial: ¿qué ocurre con el dinero exigido cuando una empresa demuestra que una obligación ambiental ya fue cumplida?

“Debe ser efectivo en asegurarle al gobierno que el operador puede y tomará todos los recaudos necesarios para proteger el ambiente”, explica. Al mismo tiempo, sostiene que debe ser “el más barato de todos los instrumentos eficientes que están disponibles”. Las dos condiciones permiten escapar de extremos opuestos. Una garantía demasiado baja puede dejar obligaciones ambientales sin respaldo financiero cuando llegue el cierre. Una garantía excesivamente alta puede inmovilizar capital durante años por trabajos que ya fueron ejecutados o por riesgos que dejaron de existir.

La experiencia de Meglioli en un plan de cierre de San Juan muestra cómo puede abordarse una parte del problema. En cualquier caso se trata de que el estado pueda contar con las garantías necesarias para que el cierre de una mina no se vuelva un problema local.

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