La Universidad Católica de Cuyo avanza con el Plan Aura para reducir 50% el consumo de agua en su campus, pero su diagnóstico va más allá de la infraestructura. El Instituto del Agua sostiene que la verdadera crisis hídrica de San Juan responde a problemas de gestión y plantea revisar las bases legales y culturales que gobiernan uno de los recursos estratégicos para la minería, la energía y la producción.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La Universidad Católica de Cuyo puso en marcha el Plan Aura con el objetivo de reducir un 50% el consumo de agua en su campus. La iniciativa combina obras de infraestructura, educación y nuevas tecnologías para mejorar la eficiencia hídrica. El Instituto del Agua sostiene que la crisis provincial responde a problemas de gestión y busca que la experiencia piloto sirva como referencia para el Valle de Tulum y la discusión pública sobre el recurso.
Plan Aura: cómo la UCCuyo busca reducir 50% el consumo de agua
La Universidad Católica de Cuyo avanza con la primera etapa del Plan de Ahorro y Uso Responsable del Agua, conocido como Plan Aura, aprobado por el Consejo Superior en 2024 mediante la resolución 418. La iniciativa nació como respuesta a la disminución del agua disponible en el campus y se fue transformando en un programa educativo que abarca desde el nivel inicial hasta el universitario.
Acero y Roca recorrió las obras y dialogó con la rectora, licenciada María Laura Simonassi, y con el ingeniero Luis Jiménez, coordinador general del proyecto y referente del Instituto del Agua de la casa de estudios.
La rectora enmarcó la decisión institucional en el compromiso de la universidad con el bien común. «Este plan surge con una intención muy vinculada a la misión que nos ha encomendado la iglesia, la universidad, el compromiso con el bien común y con los bienes que disponemos como humanidad, entre ellos el agua», señaló.
También explicó que el proyecto comenzó por una necesidad de infraestructura y se integró progresivamente a la propuesta educativa de la institución. «Este proyecto, sin duda, nos muestra como universidad también porque es parte de nuestra misión institucional poder brindar a la comunidad algunos elementos para mejorar el futuro, sobre todo no solo el presente, sino el futuro de nuestras próximas generaciones».

El Instituto del Agua habla de un problema de gestión
El Ingeniero Luis Jiménez precisó que el diagnóstico del Instituto del Agua, compartido con instituciones científicas de San Juan y Mendoza, no atribuye el problema a la falta del recurso sino a su administración. «La crisis para nosotros es una crisis de gestión, no es que falte agua«, afirmó el coordinador del proyecto, quien distinguió ese concepto del de déficit hídrico, asociado a variaciones climáticas.
Para el ingeniero, la raíz del conflicto está en lo que definió como la cultura del agua, es decir, «la manera en que los sanjuaninos perciben el recurso en un territorio donde los oasis ocupan apenas el 3 por ciento de la superficie».
Jiménez sostuvo que el caudal del río San Juan se redujo de manera sostenida. Según los datos que aportó, el promedio histórico rondaba los 1500 hectómetros cúbicos anuales, cifra que bajó a entre 1000 y 1200 en los últimos trece años, con ejercicios de 600 hectómetros cúbicos y otros por debajo de los 500.
Sin embargo, pese a esa caída, el ingeniero remarcó que la superficie efectivamente cultivada en el Valle de Tulum no creció en cincuenta años. «En el año 1974 había 124.000 hectáreas con derechos de riego y 70.000 hectáreas cultivadas. En el año 2024… es decir 50 años después, siguen habiendo 124.000 hectáreas con derechos de riego y 70.000 hectáreas cultivadas», explicó, para cuestionar el impacto real de las obras hidráulicas construidas en ese período.
El sistema de riego y las leyes que condicionan el uso del agua

En ese contexto, el ingeniero también cuestionó el marco normativo vigente, en particular un artículo de la ley de aguas que prohíbe aplicar coeficientes diferenciales según el tipo de cultivo o de suelo.
De acuerdo con su cálculo, cada hectárea con derecho de riego tiene asignados 1,3 litros por segundo durante todo el año, lo que multiplicado por los segundos de un año y por las 124.000 hectáreas empadronadas arroja una demanda teórica superior a los 5000 hectómetros cúbicos, muy por encima de los 3000 que el río San Juan llegó a aportar en su mejor momento.
Jiménez planteó que esa reforma legal requiere consenso social antes que una resolución administrativa, en línea con lo que calificó como un proceso cultural y educativo.
Por otra parte, sobre la eficiencia del sistema de riego, el coordinador del Instituto del Agua aportó otro dato relevado por la universidad. «De cada 100 litros que los diques entregan a la red de riego, solo entre 20 y 30 llegan efectivamente a las plantas, mientras el resto se pierde por infiltración, evaporación y deficiencias de gestión».
Cómo funciona el Plan Aura en el campus de la UCCuyo
Mientras tanto, en el predio universitario, el plan se encuentra en su primera etapa, centrada en la acumulación de agua. Jiménez detalló que la universidad cuenta con tres fuentes de abastecimiento, un pozo que dejó de funcionar, la red de Obras Sanitarias, que entrega alrededor de 100 metros cúbicos diarios, y un canal sobre avenida Central cuya continuidad no está garantizada.
Frente a un consumo actual cercano a los 480 metros cúbicos por día para una población de 6.000 alumnos, el objetivo fijado es bajar a menos de 300 metros cúbicos diarios, lo que implica un ahorro del 50 por ciento.
Para lograrlo, la universidad instaló tanques de acumulación que replican, a escala, la infraestructura hídrica de la provincia. Cada uno lleva el nombre de un dique o cuenca real, entre ellos Caracoles, Punta Negra y Ullum. «Estamos simulando en nuestro predio lo que pasa afuera», explicó Jiménez y remarcó que el objetivo de esa analogía es que la comunidad universitaria comprenda el funcionamiento de un sistema que, fuera del campus, suele percibirse como ajeno.
El objetivo es ahorrar agua
Las etapas siguientes del proyecto, aún no iniciadas, contemplan la renovación de la red de distribución y la reforma del sistema de riego, incluido el uso de aguas servidas.
El plan incorpora además una variable económica que la universidad considera central. Como ejemplo, Jiménez mencionó un proyecto en desarrollo con la escuela secundaria del campus basado en hidrogeles, materiales capaces de absorber 300 veces su peso en agua y liberarlo de manera progresiva a la raíz de las plantas.
Según el ingeniero, esa tecnología permitiría pasar de un riego cada 20 días a uno cada tres meses, con un ahorro teórico del 80 por ciento, aunque su viabilidad depende de que se defina cuánto cuesta producir y distribuir cada litro de agua, un dato que consideró ausente en la sociedad sanjuanina.

Del aula a la sociedad: el agua como parte de la formación universitaria
El Plan Aura no se limita a las obras. La rectora Simonassi explicó que el Consejo Superior aprobó el año pasado el proceso de curricularización de la temática y que cada facultad presentó tres líneas de trabajo vinculadas a incorporar el problema del agua en sus planes de estudio, investigarlo y desarrollar actividades de transferencia hacia su comunidad educativa.
El propósito, según la rectora, es que todo egresado de la universidad, cualquiera sea su carrera, incorpore esta preocupación como un sello distintivo de su formación profesional. Jiménez sintetizó el espíritu pedagógico del programa en un eslogan que la universidad adoptó como guía, «ahorrar hoy para compartir mañana». El ingeniero remarcó que «la elección del verbo compartir busca instalar la idea de que el agua es un bien colectivo cuya gestión requiere reconocer su costo real y distribuirlo de manera equitativa entre generaciones».
La UCCuyo busca llevar el debate sobre el agua a toda la comunidad
Tanto la rectora como el coordinador del proyecto situaron la iniciativa dentro del magisterio del papa Francisco sobre el cuidado de la casa común. Simonassi recordó un intercambio personal con el pontífice, a quien le planteó los avances del plan durante una visita al Vaticano. Jiménez, por su parte, definió al Instituto del Agua como un espacio multidisciplinario que aborda los aspectos técnicos, jurídicos, económicos y sociales del recurso, e indicó que ese enfoque integral está enmarcado en la encíclica Laudato Si.
Finalmente, la universidad sostiene que su rol no se agota dentro del campus. La experiencia busca funcionar como una planta piloto cuyos indicadores y resultados puedan trasladarse a la discusión pública sobre la gestión del agua en el Valle de Tulum, en un escenario donde el cambio climático y la creciente demanda achican el margen de maniobra disponible para administrar un recurso cada vez más limitado.

Periodista especializada en minería, ambiente y agenda social. Forma parte de Acero y Roca -Magazine Minero, donde cubre la actualidad del sector con foco en sostenibilidad, seguridad, innovación y gestión de recursos humanos. Su trabajo analiza la relación entre minería y desarrollo local, con atención en el impacto en las comunidades y la gestión de recursos naturales. También aborda el avance de la inclusión en la industria, siguiendo iniciativas vinculadas al rol de la mujer y espacios sindicales emergentes.