Antes de que una perforadora llegue a la cordillera, hay años de análisis, ciencia e inversiones para reducir la incertidumbre. El geólogo Marcos Da Rold explica cómo se decide dónde explorar y por qué ese proceso define el futuro de una mina.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La exploración minera comienza definiendo qué mineral conviene buscar según el mercado. Luego, mediante imágenes satelitales, trabajo de campo, muestreos y perforaciones, los geólogos reducen la incertidumbre hasta decidir si vale la pena invertir millones de dólares en un proyecto.
La minería empieza mucho antes de la primera perforación
Cuando se habla de minería, la imagen más habitual es la de una perforadora trabajando en plena cordillera. Sin embargo, la decisión más importante ocurre mucho antes de que una máquina toque la roca. Detrás de cada perforación existe un proceso de análisis que puede extenderse durante años y movilizar importantes inversiones sin ninguna garantía de éxito.
Para el geólogo Marcos Da Rold, con 18 años de experiencia en exploración y actualmente vinculado a Minera Don Nicolás, la misión de un equipo exploratorio no consiste en encontrar una mina de manera inmediata, sino en disminuir la incertidumbre hasta que una inversión tenga fundamentos técnicos. «Nuestro trabajo es reducir la incertidumbre», asegura el especialista. Ese concepto atraviesa todas las etapas de la exploración. Cada muestra de roca, cada mapa geológico y cada interpretación busca responder una única pregunta: ¿vale la pena seguir invirtiendo en ese lugar?

El mercado define qué mineral se busca
El licenciado asegura que la exploración no comienza con la geología, sino con la economía. Antes de seleccionar una propiedad minera o estudiar imágenes satelitales, las empresas analizan cuáles son los minerales con mayor demanda y mejores perspectivas de rentabilidad. «Depende de las necesidades del mercado.», explica.
Si el mercado demanda cobre, la búsqueda se orientará hacia provincias metalogénicas donde existan sistemas compatibles con ese mineral. Si cambia el precio del oro o del molibdeno, también cambian las prioridades de exploración.
Da Rold explica que incluso existen empresas especializadas exclusivamente en descubrir depósitos para luego vender el proyecto o asociarse con otra compañía que continúe su desarrollo. «El negocio de la exploración no es nada más encontrar una mina. También se mueve como un mercado inmobiliario», dice el entrevistado. En ese escenario, la exploración genera valor mucho antes de que exista una explotación minera.
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De 25.000 hectáreas a un punto exacto para perforar
Una campaña de exploración suele comenzar sobre superficies enormes. Da Rold ejemplifica el proceso con propiedades de 25.000 hectáreas, donde el desafío consiste en reducir progresivamente el área de búsqueda hasta localizar los sectores con mayor potencial. «La idea general es reducir esa superficie. El mineral no está distribuido en todo el territorio», dijo.
De acuerdo con Da Rold, una campaña sobre una propiedad de alrededor de 25.000 hectáreas puede requerir inversiones cercanas a los 2 millones de dólares, aunque el monto depende del tamaño del proyecto, los tiempos y la intensidad de los trabajos.
Ese filtrado se logra mediante una combinación de cartografía geológica, interpretación satelital, mapeo, descripción de afloramientos y distintos tipos de muestreo, como análisis de roca y de suelo. Cada dato permite descartar sectores e identificar anomalías que justifican profundizar los estudios. «Esos datos van ordenando el rompecabezas», explicó el especialista.
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La perforación aparece recién cuando la evidencia acumulada indica que existe una probabilidad razonable de encontrar un sistema mineralizado. Como resume el geólogo: «La exploración inicial es en dos dimensiones; las perforaciones permiten explorar en tres dimensiones».
El satélite orienta la búsqueda, pero no descubre minas

Las imágenes satelitales revolucionaron la exploración, aunque su función suele interpretarse de manera equivocada. «las imágenes permiten diferenciar áreas que después hay que observar, describir y, si corresponde, muestrear», asegura el investigador. Estos sistemas permiten detectar anomalías superficiales que pueden estar asociadas con determinados procesos geológicos. En otras palabras, la tecnología permite reducir tiempos y evitar campañas innecesarias, disminuyendo costos en las primeras etapas del proyecto, pero ninguna imagen reemplaza la validación en terreno.
Invertir millones para reducir la incertidumbre
«Mientras más inversión tenga, menor debería ser la incertidumbre», subraya el geólogo. Sin embargo, la estadística muestra que el éxito es excepcional. «De cada cien proyectos de exploración, uno llega a convertirse en mina», agregó. Ese porcentaje no representa un fracaso del sistema, sino la naturaleza misma de la exploración: la mayoría de los proyectos se descarta porque la información obtenida demuestra que no justifican una inversión mayor.
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La inteligencia artificial acelera el análisis, pero la decisión sigue siendo humana

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San Juan construyó su liderazgo explorando durante décadas
Para Da Rold, San Juan no ocupa un lugar destacado en el mapa minero únicamente por su geología. También existe una historia de inversión sostenida en exploración que permitió acumular información sobre el territorio. La provincia concentra algunos de los principales proyectos metalíferos del país y continúa generando nuevos descubrimientos porque la búsqueda nunca se detuvo. «En San Juan se ha hecho mucha inversión en exploración y por eso tenemos los resultados que tenemos», asegura.
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A diferencia de otras regiones donde todavía existen amplias áreas con escasa información geológica, la provincia desarrolló una base de conocimiento que facilita nuevas campañas y mejora la calidad de las decisiones. La exploración minera rara vez produce resultados inmediatos. Requiere paciencia, inversión y una enorme cantidad de datos para transformar una hipótesis en un proyecto viable. Antes de cada perforación, y mucho antes de cada mina, existe un trabajo silencioso que pocas veces se ve, pero que termina definiendo el futuro de toda la actividad.

Periodista especializado en minería, ambiente, ciencia y economía. Desde San Juan, cubre la actividad minera con mirada crítica y enfoque en sus impactos, oportunidades y protagonistas, buscando explicar los procesos detrás de cada proyecto y acercar información rigurosa a la comunidad.