Diana Molini: de Chimbas a supervisar perforación y voladura en Olavarría

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Por Karen Cortez

Con 29 años, la ingeniera de Minas se graduó en la UNSJ, dejó San Juan y asumió un puesto de supervisión en una planta cementera. Su historia expone avances y desafíos para las mujeres en la actividad.

Retrato de Diana Molini con casco en su trabajo en Olavarría.

Una vocación que comenzó a los nueve años

Antes de conocer el alcance de la geología o imaginar una carrera dentro de la industria, Diana Molini ya sentía curiosidad por los minerales. Tenía alrededor de 9 años cuando empezó a observar las diferencias entre las piedras que encontraba: los colores, las formas y los distintos niveles de transparencia. Su padre fue quien puso por primera vez un nombre profesional a esa inquietud. “Él fue quien me dijo que los geólogos estudiaban esas cosas”, recordó en diálogo con Acero y Roca.

Durante la secundaria ingresó al Colegio del Prado, donde cursó la tecnicatura vinculada con minería. Esa formación le permitió aproximarse a una industria que ya tenía operaciones importantes en San Juan, “pero aun así había mucho desconocimiento sobre qué se hacía exactamente y cuáles eran las posibilidades laborales”, explicó.

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Ingeniería de Minas, una carrera con pocas mujeres

Imagen de voladura en la montaña.

La baja presencia femenina también se reflejaba, según su experiencia, en la cantidad de graduadas.  “Somos pocas las egresadas, pero en general son pocos los egresados de Ingeniería de Minas. No era una carrera muy elegida”, explicó.

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“Sinceramente, estuvo muy difícil la búsqueda laboral. Dentro del mundo minero hay diferentes empresas a las que podés aplicar, pero yo quería entrar a una que estuviera en producción y trabajar en operaciones de mina, no en procesamiento”, contó. “Yo misma acotaba la búsqueda y también me cerraba algunas puertas”, reconoció.

Durante ese proceso recibió acompañamiento de profesores universitarios, quienes le acercaron información sobre búsquedas y oportunidades. Una de esas recomendaciones derivó en una entrevista con Minerar S.A., empresa que trabaja para Loma Negra en Olavarría. “En una de esas oportunidades conseguí la entrevista para el puesto de perforación y voladura”, relató.

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De Chimbas a una planta cementera de Olavarría

Retrato de Diana Molini con casco

En 2026, el mismo año de su graduación, Molini se mudó desde San Juan hacia Olavarría, provincia de Buenos Aires. Allí comenzó su primer empleo profesional como supervisora de perforación y voladura en una planta de cemento. Su incorporación también generó un intercambio generacional con trabajadores que acumulan años de experiencia en la industria.  “Están abiertos a cualquier recomendación que uno les haga, así como yo estoy abierta a aprender de ellos, que son quienes tienen los años de experiencia”, sostuvo.

La ingeniera aseguró que no percibió situaciones de discriminación en su actual puesto, aunque sí atravesó experiencias de machismo en otros espacios laborales. Por eso  señaló que “Tal vez podría existir un cupo: si tenemos diez choferes, que tres o cuatro sean mujeres. Pero tiene que haber una inserción genuina. No alcanza con que te den el lugar; también tienen que hacerte sentir parte”.

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El costo personal del trabajo minero

“Cuando estudiaba ya me había mentalizado en que probablemente tendría que irme de la provincia. En ese momento, si bien estaba Veladero, lo fuerte de la actividad se encontraba en el sur o en el norte del país”, recordó. Esa preparación no eliminó las dificultades personales del cambio.

Hoy ella sabe que es necesario hablar con jóvenes que evalúan estudiar una carrera minera, y en tanto recomienda analizar tanto las oportunidades laborales como las exigencias de la actividad. Entre ellas mencionó los diagramas roster 7×7, los viajes y los períodos lejos de la familia. “Les mostraría cuáles son las posibilidades de trabajo y toda la oferta laboral, pero también les preguntaría si realmente les gusta y si aceptan el sacrificio del ambiente minero. Eso se lo diría tanto a una chica como a un muchacho”, expresó.

Molini también señaló que deben hacerse planteos. Deben preguntarse si uno quiere formar una familia o tener hijos y cómo va a mantener el equilibrio con el trabajo. En mi caso, esto es algo que me apasiona. Te tiene que gustar porque, si no, es muy difícil”, sostuvo.

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Una minería con más mujeres, pero con desafíos pendientes

Al proyectar la minería sanjuanina durante los próximos 10 años, Molini observa una apertura progresiva hacia la diversidad de género. “Hoy se abrieron muchas puertas y existe mayor equidad. Se rompió bastante el tabú sobre la mujer, aunque sigue estando. Por lo que veo y por lo que me cuentan, hay cada vez más aceptación en puestos cruciales”, afirmó. La baja cantidad de estudiantes, graduadas y trabajadoras dentro de las operaciones muestra que la inserción todavía avanza de manera gradual.  Pero Diana esta segura que es un proceso, llenó de desafíos, y que mucho esta enlazado a la formación, el acceso a las responsabilidades y las decisiones sobre la dualidad de la vida familiar y laboral.

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