Quintela tejió en La Quiaca con Tolosa Paz y reforzó su pretensión de conducir un peronismo federal de cara a 2027 postulandose como el referente del interior en contra de la spoliticas mineras de la casa rosada y los gobernadores afines

En este 2026, lo que ocurre en el límite entre La Rioja y San Juan ya no es una simple diferencia técnica por una carretera industrial. Es el corazón de una campaña de marketing político de alcance nacional diseñada para posicionar a Ricardo Quintela como el único referente del peronismo del interior capaz de enfrentar el modelo de «sumisión» que, según su entorno, proponen la Casa Rosada y los gobernadores alineados con las multinacionales mineras.
Quintela ha dejado atrás la gestión doméstica para entrar en modo elecciones 2027, utilizando la defensa del territorio riojano como la vidriera para mostrarse ante el país como el «último guardián» del patrimonio federal.
La Quiaca: El punto de partida de la proyección federal
La fotografía de La Quiaca no fue un simple gesto protocolar. Al acompañar a la diputada Victoria Tolosa Paz en el cierre de su gira por el norte, Quintela envió un mensaje de volumen nacional. En esa postal, se lee la voluntad de construir una alternativa peronista federal que dispute la conducción frente a las terminales bonaerenses de La Cámpora y el Instituto Patria.
Este eje «La Rioja-Buenos Aires» busca romper el aislamiento provincial. Quintela se construye como la voz orgánica del federalismo frente a la verticalización porteña, reclamando internas abiertas y una construcción de abajo hacia arriba. En Humahuaca y La Quiaca, el riojano dejó en claro que su armado trasciende las fronteras de su provincia: busca aliados territoriales que no respondan al esquema de listas cerradas, preparándose para una disputa de liderazgo que mira directamente a la presidencial de 2027.

El marketing de la resistencia: La Rioja frente al «saqueo» multinacional
La narrativa que Quintela está instalando en los medios nacionales es potente y disruptiva. Mientras otros distritos se apresuran a firmar el RIGI y ceder soberanía para recibir inversiones extranjeras, La Rioja exige condiciones de legalidad y respeto al entorno. Esta postura lo diferencia drásticamente de la política de «puertas abiertas» de la Casa Rosada y los goberandores afines como Marcelo Orrego de San Juan, ubicándolo como el polo opuesto al modelo extractivista libertario.
La disputa por el Proyecto Vicuña es la herramienta perfecta para esta visibilidad. Quintela no pelea solo por un estudio de impacto ambiental en Bermejo o Guandacol; pelea contra la lógica de que las multinacionales como Lundin y BHP decidan sobre los recursos provinciales sin pasar por el filtro local. Es un discurso de soberanía básica que busca calar hondo en el peronismo que reclama un Estado presente y protector.
San Juan como espejo: ¿Cantera o soberanía logística?
La estrategia de marketing de Quintela utiliza a San Juan como el contraejemplo necesario. El mensaje es que la provincia vecina ha aceptado un rol de «cantera», donde la riqueza se extrae pero la logística y la renta estratégica se definen en Chile. Frente a esto, el gobernador riojano aparece como el líder que entiende que el verdadero poder reside en el control de la infraestructura.
- La llave de la rentabilidad: Al frenar el paso por territorio riojano, Quintela demuestra que su provincia tiene la llave del ahorro logístico del megaproyecto.
- Freno a la «jugada pícara»: El gobernador ha desarticulado el discurso que intentaba usar a los trabajadores como escudo. Ha procurado que las empresas locales no sean espectadoras, sino partes integradas de la cadena de valor, demostrando que se puede negociar de igual a igual con el capital transnacional.

El referente del «peronismo del interior» hacia 2027
Con la mística de la resistencia federal, Ricardo Quintela está tejiendo un peronismo que no es antiperonista ni estrictamente cristinista, sino profundamente territorial. Su objetivo es aparecer en el centro del debate nacional no como un gobernador con dificultades fiscales, producto del default y la quita de coparticipación, sino como el ideólogo de un nuevo pacto federal.
La trascendencia mediática de la disputa minera le otorga un «escudo político». Cada vez que el riojano cuestiona los términos del Proyecto Vicuña, le está hablando a la dirigencia nacional sobre su capacidad de mando y su negativa a la sumisión. Para su marketing político, la defensa de la cordillera es el primer spot de una campaña que tiene como meta final la conducción del destino nacional, marcando una cancha donde la soberanía riojana es la prioridad absoluta.
Una encrucijada peligrosa y arriesgada

Esta encrucijada abre un interrogante final de carácter sistémico: ¿es el planteo de Quintela una defensa legítima del federalismo o un riesgo sistémico para el clima de inversión en Argentina? Mientras el gobernador riojano capitaliza la confrontación para su vidriera nacional, la seguridad jurídica del sector minero queda bajo la lupa de los mercados globales, que observan con desconfianza como un acuerdo binacional de U$S 18.000 millones puede quedar rehén de una disputa de marketing político.
En este tablero, San Juan emerge como la principal víctima colateral: la provincia no solo queda expuesta a la parálisis de un proyecto emblemático, sino que ve cómo su autonomía para decidir sobre sus propios recursos se desdibuja frente a la presión de una provincia vecina que ha decidido usar el freno a la inversión como plataforma electoral.
Si la apuesta de Quintela logra nacionalizarse, el precedente podría ser peligroso: un escenario donde la soberanía provincial ya no se use para atraer desarrollo, sino como un peaje político que podría terminar por espantar los capitales que la Argentina, y especialmente San Juan, necesitan para dejar de ser una promesa y convertirse en una realidad industrial.

Equipo editorial de Acero y Roca. Información técnica, veraz y actualizada sobre el sector minero e industrial de Argentina y el mundo.