La participación de las mujeres crece lentamente en la minería, pero consolidarla sigue siendo uno de los principales desafíos de la actividad. Una investigación científica plantea que la explicación no pasa únicamente por la contratación, sino también por una concepción de la salud laboral que continúa privilegiando los riesgos físicos y deja en un segundo plano los factores psicosociales.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Una investigación de la Eliana Gabriela Funes, investigadora de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) y becaria doctoral del CONICET, propone un nuevo enfoque para analizar la salud laboral de las trabajadoras mineras. El trabajo, publicado en 2025 en la Revista Cubana de Salud y Trabajo, sostiene que incorporar mujeres no garantiza su permanencia si las condiciones laborales continúan invisibilizando los riesgos psicosociales.
La Doctoranda Eliana Gabriela Funes, investigadora de la UNSJ y becaria doctoral del CONICET, desarrolló una propuesta sobre el trabajo femenino en proyectos mineros en el artículo Hoja de ruta para pensar la salud laboral en las trabajadoras mineras. Perspectiva crítica, publicado en 2025 en la Revista Cubana de Salud y Trabajo como parte de su tesis doctoral desarrollada entre 2020 y 2026. En diálogo con Acero y Roca, amplía cómo estos conceptos ayudan a comprender las dificultades que todavía enfrenta la incorporación sostenida de mujeres en la actividad.
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Según explica, las mujeres representan aproximadamente entre 12% y 15% del personal que trabaja en las operaciones mineras, mientras que muchas empresas mantienen como horizonte alcanzar una participación cercana al 30%. Sin embargo, la permanencia sigue siendo uno de los principales desafíos porque las condiciones de trabajo «terminan expulsando» a muchas trabajadoras.
La salud laboral como un campo en disputa
Para Funes, el concepto de salud debe comprender también los efectos psicológicos, sociales y familiares que generan las condiciones de trabajo. Girar desde la visión centrada exclusivamente en los llamados «factores de riesgo» hacia una que contemple la carga global del trabajo. Especialmente en actividades de alta exigencia como la minería metalífera. «Se tienen que incorporar los factores psicosociales y además se tiene que estudiar la salud de las trabajadoras con perspectiva de género», asegura.
En el artículo, la investigadora sostiene que «la salud-enfermedad del personal debe abordarse como un proceso unitario y dinámico que se configura en el seno de la vida social, la cual se desenvuelve tanto en el centro de trabajo, como en el ámbito de consumo y en la esfera familiar y de la cotidianeidad».

Por qué la participación femenina aún no logra consolidarse
La investigadora identifica como uno de los principales factores las responsabilidades de cuidado que continúan recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. En el artículo define que «para las mujeres sólo se traduce en doble explotación, donde aun estando en sus puestos de trabajo deben encargarse de organizar las tareas del hogar».
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«El tema de tener que ocuparse de las tareas de cuidado y reproducción es uno de los principales factores para que las mujeres no ingresen en minería y las que ingresan terminan abandonando. Entonces es un factor expulsivo», afirma.

Un modelo que sigue priorizando los riesgos físicos
Esta situación responde a la forma en que históricamente se construyó la legislación sobre riesgos del trabajo.«La legislación actual en Argentina no reconoce los riesgos psicosociales. Tenemos la Ley de Riesgos del Trabajo que no los reconoce y una Ley de Higiene y Seguridad de 1972 que nunca fue rediscutida en democracia(…) Hoy el trabajo demanda cada vez menos fuerza física y más desgaste mental. Eso requiere una legislación más moderna que contemple las nuevas formas de trabajo y una mirada integral de la salud laboral», expresa la científica.
La investigadora sostuvo que las empresas desarrollan importantes acciones preventivas frente a los riesgos físicos porque esos indicadores inciden directamente sobre su clasificación ante las aseguradoras. «Las empresas hacen mucho foco en la parte física porque les preocupa que no sean catalogadas como empresas críticas. Cuando tienen muchos incidentes deben pagar más por seguros y ART. Pero no tienen en cuenta las cuestiones psicosociales», enfatiza la entrevistada.
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Otro aspecto que la autora incorpora al debate es la necesidad de revisar el diseño de herramientas, equipos de protección personal y puestos de trabajo desde una perspectiva de género. El estudio advierte que gran parte de estos elementos fueron concebidos para un «trabajador promedio«, lo que puede generar esfuerzos adicionales y riesgos ergonómicos para las mujeres.
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La propuesta para construir una salud laboral más integral
El trabajo busca abrir una discusión sobre cómo debería construirse una mirada diferente de la salud laboral en la minería. La autora sostiene que ampliar el concepto de salud implica reconocer que el bienestar de las personas trabajadoras no depende únicamente de la ausencia de accidentes, sino también de las condiciones sociales, organizacionales y psicológicas en las que realizan su tarea.

En ese sentido, el artículo afirma que «para disputar las definiciones de salud deben construirse o reconstruirse miradas desde las personas trabajadoras, donde sus voces y percepciones sean las protagonistas». Funes planteó que uno de los actores llamados a impulsar ese cambio son las organizaciones sindicales, promoviendo espacios donde los trabajadores puedan debatir colectivamente cómo impactan las condiciones laborales sobre su salud. «Los sindicatos deben empezar a preguntarse qué es para nosotros la salud y qué es lo que realmente nos genera perjuicios. Tienen que construir una mirada propia que dispute esa visión corporativa», enfatiza.