Ingresar a una operación minera requiere mucho más que tener capacidad para prestar un servicio. Una especialista explica qué estándares deben alcanzar las empresas, por qué conviene comenzar como proveedor indirecto y cuáles son los errores que pueden dejarlas fuera de futuros proyectos.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Para una pyme, el desafío no termina cuando consigue una licitación minera. Debe demostrar que puede cumplir estándares de calidad, seguridad, ambiente y continuidad operativa. Por eso, desde CAPRIMSA recomiendan prepararse antes de intentar ingresar directamente a una operación.
La expansión de los proyectos mineros abre un escenario de nuevas demandas para las empresas sanjuaninas, pero aprovecharlo requiere una preparación que excede la capacidad técnica de cada negocio. Una empresa puede tener experiencia en construcción, transporte o servicios y funcionar correctamente fuera de la minería. Sin embargo, al ingresar a una operación de alta montaña aparecen exigencias específicas sobre su personal, vehículos, seguros, equipamiento, procesos y capacidad de respuesta.
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Para Flavia Nayar, integrante del equipo de ejecución de CAPRIMSA, ese proceso debe comenzar antes de que llegue una contratación directa. «La minería tiene estándares que realmente te nivelan para arriba, tanto las necesidades que te requieren o los pliegos de licitación para poder prestar un servicio en una operadora minera«, aseguró la entrevistada a ACERO Y ROCA.
La diferencia, según explica, está en que una empresa que logra adaptarse a esos requerimientos no sólo consigue estar habilitada para una contratación: desarrolla capacidades que después puede utilizar en otros proyectos.

Qué exige una operación minera
Una de las principales recomendaciones de Nayar es que las pymes que todavía no trabajan en minería no intenten necesariamente ingresar de manera directa a una operadora. «Es preferible que estas pymes o empresas comiencen a prestar sus servicios o vender sus productos a las empresas en forma indirecta», remarcó. La lógica es la de una etapa de aprendizaje. La empresa comienza a conocer los estándares, los procesos y la forma de trabajo que exige una operación minera. A partir de allí, identifica qué necesita mejorar antes de asumir una contratación directa.
Para Nayar, ese recorrido puede ser determinante porque una mala experiencia dentro de una operación puede cerrar nuevas oportunidades. «Si vos subís, porque tenés la posibilidad; te adjudican y fracasás, no subís más», aseguró. Por eso, la preparación no debería comenzar con la apertura de una licitación, sino mucho antes.
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Calidad, seguridad y ambiente: las exigencias que cambian el negocio
El ingreso a una operación minera implica revisar la estructura completa de una empresa. Entre los aspectos que menciona Nayar aparecen las normas de calidad, los procesos de mejora continua, la gestión ambiental y los estándares de higiene y seguridad. Las certificaciones pueden convertirse además en un diferencial frente a otros proveedores: la ISO 9001 es una de las más exigidas.
La entrevistada también señala que las exigencias están evolucionando hacia mecanismos intermedios de certificación, que pueden permitir a las empresas avanzar progresivamente hacia los estándares requeridos. La cuestión no se limita a los papeles. Una empresa que pretende subir a una operación debe demostrar que su estructura realmente puede responder a las condiciones de trabajo.
Nayar menciona como ejemplo los vehículos: una camioneta puede ser perfectamente funcional para una empresa que trabaja en la ciudad, pero no necesariamente cumplir las condiciones exigidas para operar a gran altura. «Vos tomás un pliego de licitación de una operadora y dice que la camioneta no puede tener más de 3 años de antigüedad«, agregó.

También existen requisitos específicos para el personal. En el caso de los conductores, por ejemplo, menciona la experiencia en alta montaña y la capacitación necesaria para trabajar en ese entorno. «Se está exigiendo que los choferes tengan experiencia en alta montaña con una antigüedad de no menos de 5 años», explicó.
El riesgo no está solamente en ganar una licitación
Uno de los puntos centrales de la entrevista aparece cuando la especialista explica que analiza una operadora antes de contratar a una empresa. La capacidad de prestar el servicio una vez no alcanza. El proveedor debe demostrar que puede sostenerlo.
En minería, una interrupción puede tener consecuencias importantes para la operación. Por eso, la continuidad aparece como uno de los factores críticos. «Lo que más le temen las operadoras es que no tengas la continuidad de la operatoria del servicio», señaló.
La exigencia alcanza incluso a situaciones que pueden parecer secundarias desde fuera del sector: contar con reemplazos si un trabajador se enferma, mantener una flota disponible o garantizar que un servicio esencial pueda continuar bajo condiciones adversas. Para Nayar, ese es uno de los mayores cambios que debe incorporar una empresa que viene de otros sectores: «el mayor error es generar una expectativa o presentar algo que después no cumplís dentro de los estándares», sentenció.
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Capacitarse antes de que llegue la demanda
Nayar señala que existen actualmente distintas alternativas de formación vinculadas con las necesidades de la actividad minera, con participación de universidades y otras instituciones. Pero su recomendación no apunta solamente a realizar cursos. El primer paso es conocer el funcionamiento del sector y después identificar qué necesita mejorar cada empresa.
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«Vos primero tenés que entender la idiosincrasia minera», dijo la entrevistada. Una buena idea es: «Entrar, mirar, ver dónde está tu debilidad, lo que tenés que desarrollar, capacitar o impulsar. Buscar un asociativismo con una empresa más grande para que te impulse y ya tenga experiencia». El objetivo es llegar al momento de una contratación con una estructura capaz de sostener las exigencias de la operación, no comenzar a resolverlas después de haber obtenido el contrato.

La condición que atraviesa todo el proceso
Detrás de todas estas exigencias aparece una idea que Nayar plantea como condición para cualquier pyme que aspire a ingresar al sector: la localía por sí sola no alcanza.
«Todos hablan: ‘yo quiero trabajar, soy sanjuanino’. No, solo tenés que ser sanjuanino, tenés que ser competitivo«.
Para una empresa, esa competitividad no significa necesariamente tener desde el comienzo la estructura de una gran compañía minera. Puede implicar desarrollar capacidades de manera gradual, certificar procesos, capacitar al personal o asociarse con empresas que permitan cubrir las exigencias que todavía no puede afrontar sola.
El objetivo es que cuando llegue una oportunidad concreta, la empresa no tenga que aprender cómo funciona la minería mientras intenta cumplir un contrato. En una provincia que proyecta una expansión de su actividad minera, la preparación de las pymes puede convertirse en una condición previa para que esa demanda se traduzca en proveedores capaces de sostener operaciones durante años. La oportunidad, en este caso, no comienza con una licitación: comienza mucho antes, en la transformación de la propia empresa.