Cuando se va la minería: qué queda y quién lo controla

Comparte la noticia

Andrés Meglioli, especialista en hidrogeología, remediación y cierre minero, explica qué ocurre con el agua, los residuos y el terreno cuando termina la extracción y por qué algunos controles pueden extenderse durante décadas.

Cuando se va la minería: qué queda y quién lo controla
El monitoreo post-cierre debe definirse caso por caso y puede extenderse durante años según las condiciones hidrogeológicas, geoquímicas y físicas del sitio. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

Cuando una mina deja de producir, el sitio no queda automáticamente cerrado. Para Andrés Meglioli, especialista en remediación ambiental, hidrogeología, evaluaciones de impacto, geología ambiental y cierre de minas, el período posterior a la extracción exige distinguir procesos que suelen aparecer mezclados en la discusión pública.

“El cierre de mina son las actividades de recuperación tras cesar toda la minería e incluyen el seguimiento y el cuidado post-cierre”, explicó a ACERO Y ROCA. Ese seguimiento puede extenderse mucho más allá del retiro de equipos, porque “los monitoreos se realizan durante la operación de la mina, y luego durante el cierre y post-cierre, con algunos planes de post-cierre que pueden llevar décadas”.

Un pasivo ambiental no es necesariamente minero

La primera diferencia que plantea Meglioli es entre una operación que ejecuta adecuadamente su cierre y un pasivo ambiental que queda abandonado. “Estos son dos conceptos distintos. Un pasivo ambiental no es necesariamente minero”, advierte, ya que este tipo de situaciones también puede originarse en actividades como el petróleo o la industria química.
“La mayoría de las grandes industrias producen residuos o material de desecho que, si no se trata y se dispone apropiadamente, se transforma en pasivo ambiental. Si ese pasivo se abandona, entonces se lo considera huérfano”, explica. El cierre progresivo, en cambio, tiene un alcance mayor porque “no sólo trata pasivos ambientales, sino también maneja impactos, remediación y reclamación o rehabilitación de tierras”.

Leé también: Fitorremediación minera en San Juan: cierre sostenible

Remediar no es lo mismo que recuperar el terreno

Curso de agua con coloración asociada a procesos de drenaje ácido de roca en un entorno minero de alta montaña.
El drenaje ácido de roca puede requerir medidas específicas de neutralización, aislamiento y control según las características geoquímicas de cada sitio. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

Ese trabajo puede incluir “movimiento de tierras y remodelado topográfico, desarme y demolición, siembra y revegetación”, además de tareas específicas de remediación cuando sean necesarias.

Dentro de ese conjunto de acciones pueden aparecer respuestas de emergencia, contención, mitigación, remoción y monitoreo. La diferencia importa porque un sitio puede necesitar rehabilitación física y paisajística sin presentar necesariamente un problema de contaminación que demande un tratamiento químico complejo.

Leé también: Cierre de minas: el Senado abre el debate mientras San Juan mantiene frenado su propio proyecto de remediación

El drenaje ácido depende de la geología del sitio

Entre los problemas que pueden persistir después del cese de la actividad aparece el drenaje ácido de roca (DAR). Meglioli advierte que no existe una única tecnología aplicable a todos los yacimientos, porque la respuesta depende en parte de la capacidad natural del terreno para neutralizar la acidez.

Andrés Meglioli, especialista en hidrogeología, remediación y cierre minero

“Hay varias técnicas y parcialmente dependen de la capacidad natural del terreno de neutralizar DAR, lo que se conoce como buffering capacity o capacidad de neutralización”.

Entre las alternativas menciona barreras construidas con materiales alcalinos, como caliza, y la inyección de soluciones alcalinas. También pueden utilizarse cubiertas impermeables destinadas a limitar la oxidación de los materiales. La estrategia apropiada, por lo tanto, debe definirse según las características geoquímicas de la roca, los materiales residuales y las condiciones particulares de cada sitio.

Cinco años pueden ser apenas el comienzo

Determinar cuánto tiempo debe mantenerse el monitoreo post-cierre tampoco admite una respuesta universal. Meglioli explica que el plazo depende del “tipo de material residual y su reactividad, del clima, en particular régimen de lluvias, de las condiciones geoquímicas de la roca huésped, de la estabilidad de los terrenos y de la profundidad al agua subterránea”.

Por eso, “los períodos de monitoreo de cierre y post-cierre son diseñados caso por caso”. Como referencia general, señala que “no son menos de cinco años”, aunque ese horizonte puede ampliarse en función de cómo respondan las medidas ejecutadas y de los procesos naturales que necesiten consolidarse.

La revegetación es uno de los ejemplos. Una superficie recuperada puede requerir un período prolongado para comprobar que las especies implantadas se establecieron correctamente y que la rehabilitación mantiene estabilidad en el tiempo. La propia experiencia de cierre muestra, además, que determinados programas de monitoreo pueden extenderse durante décadas cuando las condiciones ambientales así lo exigen.

En San Juan, cada yacimiento tiene su propia relación con el agua

Trabajador realiza tareas de revegetación y recuperación de suelos en un área minera de montaña durante el proceso de cierre.
La reclamación minera puede incluir movimiento de tierras, remodelado topográfico, siembra y revegetación para recuperar áreas intervenidas. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

En ambientes áridos y cordilleranos como los de San Juan, la gestión hídrica agrega otra variable al cierre. Meglioli resume el enfoque en “planeamiento temprano, dinámico y eficiente”, pero aclara que la respuesta siempre depende de la hidrogeología particular de cada depósito.

Incluso puede existir drenaje ácido de origen natural antes del desarrollo minero. El geólogo señala que, en determinados casos, “el agua se utiliza en el proceso y se descarga con un pH neutro”, de manera que evaluar el comportamiento posterior exige conocer primero cuál era la condición original del sistema.
Por eso considera crítica la existencia de una referencia previa: “El establecimiento de una línea de base inicial y la ejecución de monitoreos y controles ambientales permanentes es crítico para minimizar impactos”. Sin ese punto de comparación, resulta mucho más difícil determinar qué cambios corresponden a la operación y cuáles forman parte de las características naturales del yacimiento.

Leé también: Ley de cierre de minas argentina y la innovación en remediación

Una cantera no tiene el mismo cierre que una gran mina

El especialista también plantea que las exigencias ambientales deben responder a la escala y tipología de cada explotación. “Las operaciones de canteras y áridos generalmente operan en seco, son de mucho menor tamaño de área y menor profundidad”, explica, lo que modifica tanto los riesgos como las variables que necesitan seguimiento.
En esos casos, “normalmente se enfatizan los controles de calidad de aire sobre los de monitoreo hidrogeológico. Los planes de cierre suelen ser, por esa razón, de menor envergadura y duración”, destaca. Aunque el uso posterior del terreno debe analizarse de acuerdo con la ubicación y las dimensiones específicas de cada operación.

La diferenciación evita aplicar un único modelo a actividades que presentan perfiles ambientales distintos. Es decir, si bien una explotación de áridos de escala reducida no requiere necesariamente las mismas medidas que una gran operación metalífera, esa proporcionalidad tampoco implica eliminar las obligaciones de recuperación y control que correspondan.

Reprocesar un pasivo puede ser técnicamente posible y no ser rentable

“Hay muchas técnicas de reciclado y recuperación probadas y otras experimentales”, señala. Sin embargo, la factibilidad tecnológica no alcanza por sí sola. “Técnicamente puede ser factible, pero eso no significa que económicamente lo sea, particularmente en el caso de pasivos ubicados en zonas cordilleranas de limitado acceso”.

El cierre minero incluye remediación, recuperación del terreno, control hídrico y monitoreo posterior, con plazos que deben definirse según las condiciones de cada sitio. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

El cierre se demuestra con resultados y auditorías

Para Meglioli, la existencia de un documento de cierre no demuestra por sí misma que una operación esté reduciendo sus obligaciones ambientales.

“La verificación es a través de auditorías de control rutinarias por parte de controles internos de la empresa y de las autoridades provinciales competentes”, sostiene. El cierre, por lo tanto, no se acredita solamente con una planificación futura, sino con la comprobación periódica de que las acciones previstas se están ejecutando y funcionan en terreno.

Leé también: San Juan sería segunda provincia con ley cierre minas

El control continúa después de la producción

Policía ambiental minera de San Juan
Los encargados de la verificación de un cierre de minas debe ser la provincia con sus expertos locales.

En ese esquema, las autoridades locales conservan una responsabilidad central sobre la evolución de los sitios cerrados. Meglioli no considera necesariamente contradictoria la existencia de lineamientos nacionales con las competencias provinciales y sostiene que “la autoridad de aplicación deberá ser necesariamente la provincia con sus expertos locales”.
También plantea que las garantías de cumplimiento deben articularse entre los gobiernos provinciales y las empresas, mientras que la policía minera debería desempeñar funciones de control.

El cierre de una mina, desde esta perspectiva, no se mide por el momento en que sale el último camión del yacimiento. Su resultado depende de cómo quedan el terreno, el agua y los materiales residuales, de si las medidas de estabilización funcionan y de cuánto tiempo hace falta mantener la vigilancia para demostrarlo.

Algunos sitios podrán completar ese proceso en períodos relativamente acotados y otros requerirán controles mucho más prolongados. Esa diferencia deberá surgir de las condiciones hidrogeológicas, geoquímicas y físicas de cada operación y de la capacidad de verificar su evolución después de que termine la producción.

Comparte la noticia
Scroll al inicio