Antes de producir el primer kilo de mineral, un proyecto minero puede atravesar años de exploración y demandar inversiones millonarias sin garantías de éxito. El economista minero Jorge González explica por qué esa etapa representa el mayor riesgo financiero de la industria, quiénes aportan el capital y por qué los bancos casi nunca participan en ese proceso.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
- Una campaña de exploración puede requerir millones de dólares antes de que exista cualquier posibilidad de generar ingresos, mientras que construir una mina de cobre demanda inversiones que pueden superar los US$ 4.000 millones. Es por eso que la exploración es la etapa de mayor riesgo: la mayoría de los proyectos nunca llega a convertirse en una mina. Las empresas junior suelen financiar las primeras campañas con capital obtenido en mercados de valores o inversores especializados, ya que los bancos rara vez otorgan créditos para explorar porque no existe certeza de encontrar un yacimiento rentable ni garantías para recuperar el dinero.
Antes del primer kilo: la larga ruta financiera de una mina
Mientras una empresa busca un yacimiento, no vende mineral, no genera ingresos y tampoco tiene la certeza de que algún día los tendrá. Sin embargo, debe afrontar campañas de exploración, perforaciones, estudios geológicos y evaluaciones técnicas que demandan inversiones millonarias. Esa combinación de altos costos y un resultado incierto convierte al financiamiento en uno de los mayores desafios que se traduce en un interogante: ¿cómo se construye el financiamiento una mina?
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El consultor y economista minero Jorge González sostiene que la forma de conseguir esos recursos cambia a medida que disminuye el riesgo del proyecto. «El proyecto minero tiene varias instancias a través de su vida. No es lo mismo estar pensando en los inicios, donde es una exploración o una prospección, que un momento donde ya se está haciendo una evaluación económica, una prefactibilidad o una factibilidad«, explica.

Esa diferencia no es solo técnica, sino también financiera. En las primeras etapas, cuando todavía no existe certeza de que el yacimiento pueda convertirse en una mina rentable, acceder al capital resulta mucho más difícil. A medida que los estudios reducen la incertidumbre y demuestran la viabilidad del proyecto, aparecen nuevas alternativas de financiamiento y nuevos actores dispuestos a invertir.
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El momento de mayor incertidumbre
En los primeros años suelen aparecer las empresas junior, compañías especializadas en exploración que asumen el riesgo inicial de buscar nuevos yacimientos. Su modelo de negocio está basado en encontrar un proyecto con potencial y conseguir luego nuevos inversores o asociarse con empresas de mayor tamaño. «De todo lo que se explora, una pequeña parte termina en el futuro como un proyecto -per se-«, explica González.
En países con mercados de capitales desarrollados, como Canadá, estas compañías cuentan con herramientas para obtener financiamiento mediante bolsas de valores. Esa disponibilidad de capital permite sostener campañas exploratorias incluso cuando todavía no existe una operación productiva que genere ingresos.

«Los países que mejor han llevado este tema han sido, por ejemplo, Canadá, donde hay empresas junior que incluso pueden a través de la bolsa conseguir financiamiento para hacer campañas exploratorias«, señala. En Argentina, según el economista, el desafío es mayor porque existen menos alternativas locales para financiar una actividad donde el fracaso es una posibilidad permanente.
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El dinero que se necesita para encontrar un yacimiento
La exploración no solamente requiere conocimiento geológico, sino también una inversión importante en perforaciones, análisis y logística.
«La perforación diamantina puede alcanzar valores cercanos a los US$ 400 por metro».
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Una campaña exploratoria básica puede contemplar pozos de alrededor de 700 metros, mientras que una campaña anual puede incluir cerca de 20 perforaciones. Eso significa que solamente el trabajo de perforación puede representar varios millones de dólares, sin incluir campamentos, caminos, equipos, personal especializado, análisis de laboratorio y otros estudios necesarios.

Pero incluso cuando aparece un indicio interesante, el proceso continúa. «Muchas veces se extiende demasiado en el tiempo porque se siguen haciendo campañas para ver si el proyecto se vuelve más atractivo«, explicó González. La exploración tampoco termina necesariamente cuando una mina empieza a producir. Las empresas continúan buscando nuevas reservas para ampliar la vida útil del yacimiento y mantener la operación durante más años.
Por qué los bancos miran desde afuera
El alto nivel de incertidumbre explica por qué los bancos tradicionales no suelen financiar campañas exploratorias mediante préstamos directos. Para una entidad financiera, el problema es la falta de una garantía clara: si una empresa perfora durante años y no encuentra un depósito económicamente explotable, no existe un flujo de ingresos con el cual devolver el crédito.
«Los bancos no entienden de esta parte, no entienden de minería y está asociado mucho riesgo», explica González. «Es raro que un banco se aventure a financiar algún proyecto en general porque tiene demasiado riesgo asociado».
Según el economista, los bancos pueden participar indirectamente a través de inversiones en empresas que cotizan en mercados financieros, pero no es habitual que otorguen créditos para una campaña exploratoria específica. La situación cambia cuando el proyecto supera esa etapa inicial y demuestra que puede transformarse en una operación rentable.
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La certeza que llama a las grandes inversiones
Cuando un proyecto cuenta con estudios económicos más avanzados, comienza otra etapa: la búsqueda de capital para construir la mina. Allí pueden ingresar las grandes compañías mineras, conocidas como major, que tienen mayor capacidad financiera. «Una major puede financiarse mucho más fácilmente en bolsa porque puede plantear otros proyectos que estén funcionando bien y generando un buen flujo de dinero en sus balances», explica González.
En esta etapa el análisis cambia. Ya no se evalúa solamente si existe mineral, sino si las reservas, los costos de operación y el precio esperado permiten recuperar la inversión. Los montos también crecen de manera significativa. González explicó que los proyectos de litio históricamente podían requerir entre US$ 400 millones y US$ 800 millones, aunque algunos desarrollos recientes superan los US$ 2.000 millones.

En cobre, las inversiones pueden superar fácilmente los US$ 4.000 millones, mientras que grandes desarrollos como el distrito Vicuña podrían ubicarse en una escala de entre US$ 15.000 millones y US$ 18.000 millones, según estimaciones mencionadas en la industria.
Para González, el desarrollo de nuevos proyectos mineros representa una oportunidad para que Argentina amplíe su matriz exportadora y genere divisas que permitan sostener otros sectores de la economía. El desafío, sin embargo, comienza mucho antes de la producción: conseguir capital para atravesar los años de incertidumbre donde todavía no existe una mina, sino solamente la posibilidad de que algún día llegue a existir.