La construcción de caminos, redes eléctricas y campamentos concentra hoy buena parte de las necesidades de los proyectos. Pero, a medida que aumente la dotación en la cordillera, el mercado requerirá servicios de soporte de vida y bienestar. Flavia Nayar, de CAPRIMSA, analiza este cambio de escala.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La demanda de los proyectos no es estática. Durante la fase de construcción predominan las obras civiles y la logística pesada. Sin embargo, al intensificarse la presencia de trabajadores, el requerimiento se vuelca hacia la habitabilidad y el soporte cotidiano. Para Flavia Nayar, anticipar este traspaso de etapas resulta clave para que los proveedores sanjuaninos identifiquen oportunidades antes de que se abran las licitaciones formales.
La minería suele analizarse a partir de sus grandes variables: volumen de inversión, tonelaje de mineral, líneas de alta tensión y maquinaria pesada. Detrás de esa infraestructura existe otra dinámica que evoluciona con el cronograma del yacimiento, especialmente cuando el personal comienza a residir y operar durante períodos prolongados en la cordillera.
La imagen que utiliza Flavia Nayar, integrante del equipo de ejecución de CAPRIMSA, permite entender ese cambio: una operación minera puede funcionar como una ciudad instalada a gran altura. “Cuando tenés un proyecto y una operadora en la mina, tenés una ciudad arriba”, explicó Nayar durante una entrevista con ACERO Y ROCA.
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De la obra pesada a los servicios de una ciudad
El requerimiento de insumos y prestaciones depende, en primer lugar, de la fase operativa en curso. En los tramos iniciales, el foco está puesto en la obra civil: apertura de huellas, movimiento de suelos, infraestructura básica y traslado de equipos de gran porte. Posteriormente, a medida que los campamentos se consolidan, el eje vira hacia el sostenimiento del capital humano en altura.

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Escala de trabajadores y soporte diario
Para Nayar, el incremento en la dotación de personal abre un abanico amplio de contrataciones vinculadas a la vida diaria, el confort y la preservación operativa en condiciones extremas.
“A medida que esto va creciendo, en vez de tener 1.000 personas, va a necesitar 2.000. Se estima que van a necesitar 5.000 personas entre los roles”, detalló la referente de CAPRIMSA. Esa masa laboral demanda desde esquemas complejos de viandas y traslados continuos hasta indumentaria técnica, recreación y hotelería de montaña.
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Prestaciones transversales y bienestar laboral
Uno de los aspectos más amplios de la entrevista es la posibilidad de que aparezcan oportunidades para actividades que, a primera vista, no suelen asociarse con la minería, como aspectos vinculados con el bienestar de las personas. “La minería es transversal, porque uno se enfoca en las ingenierías y demás”, explicó.
La urgencia de la contención psicosocial
En esa línea, el régimen de trabajo en alta montaña introduce exigencias específicas vinculadas a la salud integral de los operarios:
“Una necesidad urgente es la prevención de la salud mental. La persona que sube y está con un roster de 14 a 14 sufre un deterioro importante de la salud mental”, afirmó Nayar, marcando un área de vacancia donde se precisarán profesionales y programas de contención especializados.
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El impacto no termina en la puerta de la mina
La expansión de una actividad minera también puede generar necesidades fuera del campamento. Nayar explicó que, a medida que los trabajadores y sus familias disponen de mayores ingresos y se instalan nuevas personas en la provincia, pueden aumentar las demandas sobre otros sectores de la economía, como educación, servicios, infraestructura comercial y espacios de contención social, entre otros. “La minería genera ese impacto. Le da posibilidades tanto al que hace pan como al que tiene un servicio minero. Existe un efecto dominó tremendo”, expresó.
Proyección temporal hacia 2028 y 2030
La referente aclaró que la maduración del sector tiene plazos concretos: “No es esto va a suceder el año que viene; estoy hablando de 2028 o 2030. Habrá rubros con un impacto inmediato, vinculados a lo civil y la logística de traslado, mientras que los restantes se consolidarán con la producción”, señaló.
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Anticipar la necesidad antes de la licitación
El desafío para las empresas es identificar dónde puede aparecer una necesidad antes de que se abra una contratación. Para Flavia, ese proceso requiere involucrarse en el ecosistema minero y conocer cómo funciona la actividad. No se trata solamente de esperar una licitación, sino de entender qué necesitan las empresas y en qué etapa se encuentran los proyectos. “Vos conocés tu servicio, pero yo conozco la necesidad”, expuso.
Hoy, la construcción de infraestructura concentra buena parte de la atención. Pero a medida que los proyectos incorporen más trabajadores y consoliden sus operaciones, la economía alrededor de la mina podría parecerse cada vez más a la de una ciudad: necesita transporte, alimentación, mantenimiento, salud, servicios y respuestas para una población que vive y trabaja lejos de los centros urbanos.
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Periodista especializado en minería, ambiente, ciencia y economía. Desde San Juan, cubre la actividad minera con mirada crítica y enfoque en sus impactos, oportunidades y protagonistas, buscando explicar los procesos detrás de cada proyecto y acercar información rigurosa a la comunidad.