Un equipo de científicos de la universidad pública aísla bacterias extremófilas y semillas nativas en la etapa previa a la perforación del yacimiento cuprífero. La iniciativa busca garantizar la materia biológica necesaria para restaurar las frágiles vegas de altura ante la futura intervención industrial.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La UNSJ, a través del Gabinete de Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias Exactas y el proyecto Los Azules, trabajan en conjunto antes del inicio de la fase extractiva. Científicos recuperan microorganismos extremófilos y semillas asociadas a las vegas de altura en la cordillera calingastina. A diferencia de una línea de base convencional, se construye un banco de germoplasma y una biblioteca microbiológica capaz de tolerar salinidad, bajas temperaturas y metales. Garantizar la remediación vegetal futura en un ecosistema frágil que requiere un flujo de agua constante y soporte microbiano especializado.
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Mientras el proyecto cuprífero Los Azules avanza en la consolidación de sus dos campamentos y en el trazado de las huellas de acceso en la cordillera de Calingasta, la ciencia local puso en marcha un mecanismo preventivo sin antecedentes inmediatos en el área de influencia del yacimiento. Antes de que se inicie la etapa de perforación y extracción masiva, investigadores de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) ingresaron al terreno para rescatar el mapa biológico microscópico de la zona.
La iniciativa, articulada mediante convenios entre la empresa y la casa de altos estudios, busca resolver un problema histórico de la minería de alta montaña: la dificultad para restaurar las vegas de altura una vez alterado el suelo. A través del trabajo del Gabinete de Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, los científicos se enfocarán en colectar semillas y aislar la microbiota que habita en las raíces de la vegetación autóctona.
El objetivo central es resguardar la biodiversidad vegetal y microbiológica en un banco de germoplasma antes de que las obras civiles o la actividad industrial modifiquen las condiciones naturales de la cuenca.

La reserva microbiológica que antecede a la perforación
El trabajo de campo no se limita al registro botánico convencional de una línea de base socioambiental, sino que ingresa en la escala genómica de los microorganismos que conviven con la flora cordillerana. La meta científica es identificar bacterias y hongos extremófilos capaces de brindar soporte a las plantas en escenarios de estrés severo.
«Nosotros estamos vinculados con un banco de semillas que trabaja en la Facultad de Ciencias Exactas, en el Gabinete de Recursos Naturales. Ellos hacen la colecta de semillas para guardar ese germoplasma por cualquier cosa, y tener esa biodiversidad realmente guardada«, explicó el Dr. Emilio Paroldi, doctor en Ciencias Biológicas e investigador del proyecto, en diálogo con ACERO Y ROCA.
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«La parte que hacemos nosotros es recuperar los microorganismos que están asociados a esos vegetales y caracterizarlos para ver qué capacidades tienen. Buscamos específicamente los que beneficien a la planta y puedan resistir condiciones muy complejas», amplió el especialista. Esta caracterización biológica resulta indispensable para prever la respuesta de la flora nativa ante alteraciones mecánicas o químicas del terreno. Los microorganismos seleccionados deben demostrar tolerancia a factores climáticos y geológicos extremos propios de la alta montaña.
«Cuando me refiero a condiciones complejas, hablo de situaciones estresantes de bajas temperaturas, salinidades altas y tolerancia a metales, ya pensando en un sistema que se puede deteriorar en algún momento», detalló el biólogo. «Por ahora estamos buscando esos microorganismos que tengan la característica de soportar condiciones extremas, tendientes a pensar en programas de reforestación para adecuar otra vez el ambiente a una condición mejor de la que pueda llegar a quedar un sitio explotado», agregó Paroldi.

La fragilidad de las vegas de altura y el factor hídrico
La intervención sobre las vegas de altura representa uno de los puntos de mayor sensibilidad en la minería metalífera de la provincia. Estos humedales andinos, desarrollados a lo largo de siglos por la acumulación paulatina de materia orgánica, dependen de un equilibrio hídrico sumamente delicado que no puede reemplazarse únicamente con movimientos de suelo.
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En proyectos mineros a escala regional se han ejecutado traslocaciones de vegas con resultados dispares, debido a la falta de información sobre el estado sanitario del material trasladado y la interrupción de los flujos de agua que alimentan el sistema. «En otros proyectos también se han traslocado y no sabemos cómo están sanitariamente, pero claramente un ambiente de vega depende del agua, y para que se afiance en el lugar tiene que pasar mucho tiempo, porque es una asociación de materia orgánica que se va generando paulatinamente», advirtió Paroldi.
«Para poder recrear eso de alguna manera, tenés que garantizarle por alguna obra civil o de ingeniería que el curso de agua pase por ahí. Teniendo un curso, aunque sea chico, podés lograr hacer un proyecto de restauración o reforestación, pero tenés que tener el insumo de humedad. Si no, no hay forma, porque ese tipo de vegetación está muy asociada a la humedad«, enfatizó el científico.

La presencia conjunta en el equipo del Dr. Benjamín Kuchen, doctor en Ciencias Agronómicas, busca acoplar la caracterización microbiológica con el manejo agronómico del suelo y la dinámica de los caudales, asegurando que las especies colectadas puedan reintroducirse en el terreno con probabilidades reales de supervivencia.
Resguardo preventivo frente al impacto industrial
El desarrollo del banco de germoplasma en la Facultad de Ciencias Exactas responde a un criterio de conservación ex situ que busca prevenir pérdidas irreversibles de material biológico. Si bien el yacimiento no ha comenzado su fase de explotación ni de perforación profunda, la apertura de caminos y la instalación de infraestructura inicial ya justifican el rescate preventivo.
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«Acá todavía no comienza la explotación. Lo que estamos haciendo no es estrictamente una línea de base porque lo que construimos son bancos, pero son tareas tendientes a eso. La idea básica es que no se pierda ese material genómico y biológico antes de cualquier intervención mayor en la zona de vega».
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Periodista especializado en minería, ambiente, ciencia y economía. Desde San Juan, cubre la actividad minera con mirada crítica y enfoque en sus impactos, oportunidades y protagonistas, buscando explicar los procesos detrás de cada proyecto y acercar información rigurosa a la comunidad.